Errores y contextos

Dicen los que saben —en realidad creo que los que saben ya no dicen nada porque han desistido del trabajo de traspasar el conocimiento y han optado por un decoroso retiro cultivando patatas, observando la naturaleza y disfrutando del tiempo que les queda en este planeta, así que vamos a replantear el inicio del post.

El ser humano tiene una capacidad innata para equivocarse, tanto es así que tenemos refranes que lo ilustran con meridiana claridad¹, frases de motivación para que sigamos equivocándonos² e incluso se crean paradigmas sobre lo importante que es equivocarse³.

Con lo que parece que es buena idea asumir que lo nuestro no es acertar a la primera, ni a la segunda y en muchas ocasiones, nunca. La pregunta que ha de surgir inmediatamente es: ¿es un fallo de la evolución o existe algún mecanismo de recompensa detrás de todo esto del error? Algunos dicen que se aprende más de los errores que de los aciertos, pero visto como funciona la humanidad, a estas alturas no sólo habríamos migrado de combustibles fósiles a los de residuos cero, sino que seríamos capaces de entender la factura de la luz, pero parece que no es el caso.

En toda nuestra vida tenemos errores recurrentes que no somos capaces de evitar, sean pecados veniales o capitales, pero de forma constante y por no dejar en mal lugar al refranero, los cometemos, aprendemos de ellos y luego nos decimos «bueno, no era para tanto» y volvemos a meternos de lleno con los dos pies en el mismo problema.

Quizás algunos se intenten engañar con la idea de tranqui, que yo controlo, pero es un pensamiento mágico que no solo consigue convencernos a nosotros mismos, sino que es capaz de convencer a toda una población entera sin que nadie recalque que es una estupidez como la copa de un pino. Todavía me imagino a Hitler diciendo eso de, venga, que voy a invadir Rusia y a alguno de sus consejeros diciendo que era un error, que Napoleón ya lo intentó y acabó en desastre. ¿Qué argumentos tendría Adolfo?, ¿que eran alemanes y Napoleón francés?, ¿que Napoleón no tenía un bigote tan chulo como el suyo? En fin, el caso es que se emocionó en exceso y descubrió las bellezas de las puestas de sol en Stalingrado.

Existen también otro tipo de errores, menos impactantes pero que igualmente nos arrastran de cabeza a situaciones que no deseábamos y que sabíamos de antemano que acabarían mal o incluso peor. Contratar una infraestructura no por su capacidad sino por el precio, luego ocurre que el sistema se cae, damos una imagen de pena y como de costumbre, te conviertes en el animal de compañía preferido de un ejecutivo, el chivo, concretamente el chivo expiatorio.

Porque como enuncia este post, hay una capa importante que va adjunta a un error, el contexto. Si yo en mi casa confundo el azúcar con la sal⁴ y preparo una leche frita, los perjudicados serán mi orgullo y los amigos que vienen a comer. Si hubiera sido en un restaurante las risas hubieran brillado por su ausencia, y ya ni te cuento si la mahonesa tiene censadas dos millones de enterobacterias⁵ y han creado la república independiente de la salmonela.

Cada contexto tiene una impacto diferente y por tanto, este impacto es el que define la importancia del error, y sobre todo, la importancia de no cometerlo aunque todos digan que es parte fundamental del aprendizaje. Imaginaros que estáis en un avión y el piloto le ha entrado un arrebato autodidacta, ¿preferís que se equivoque en directo o que casi mejor haga los experimentos en su casa con el Flight Simulator? Quitando los suicidas y a los que tienen un sentido del humor negro tirando a cabrón, para el resto probablemente crea que la mejor opción es la segunda.

Como estoy en modo refranes y frases hechas, hay otra que dice que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Si pasamos el concepto al error, queda claro que cuanto menos poder menos capacidad de hacer más daño de lo estrictamente necesario para aprender que abrir cocos con la cabeza no es una idea brillante pero si tu poder es absoluto, quizás no abras tú el coco con tu propio idem, pero sí puedes promulgar una ley obligando a que todos procedamos a la apertura del dichoso fruto a base de golpes secos con el occipital. El resultado, saturación de urgencias y una escasez mundial en el sector de los derivados del ácido acetilsalicílico.

Queda claro que cuanto más poder más daño, por lo que una de las razones que los directivos cobren más —esto es teoría ya se que la realidad tiende a ir por otro lado— es su capacidad de no hacer experimentos para probar la resistencia a los pesticidas liberando el gas en una estación de metro. Se supone que son capaces de tomar decisiones correctas, minimizar los riesgos y en función del resultado, itinerar de nuevo todo el proceso para llevarlo a una escala mayor con mejores medidas de seguridad. Esta forma de aproximación nos evita disgustos, o como mínimo, debería reducir a la mínima expresión las desgracias producidas por la idiocia proactiva.

No obstante, a pesar de todos los balances, controles y contrapesos, siempre se cuela algún listo —o lo cuelan, que en esta vida hay de todo— y te encuentras con una de las figuras que me dan más miedo después del anticristo: el idiota con poder. Es el ser más peligroso que existe en el planeta tierra, y da igual que tenga unas intenciones adorables o que sea un fiel seguidor del Monstruo del Espaguetti Volador⁶, tarde o temprano va a cometer un error que va a llevar a su empresa o a su país —si es que es político— a un desastre que costará más de una generación en resolver.

Quizá sea esta la razón que de exigir un cierto nivel intelectual a ciertos cargos, pero no tengo mayor influencia que la de cambiar de empresa cuando veo que tienen ideas de bomberos. El problema lo tengo en el sector público porque no puedo cambiar de proveedor y por mucho que me enoje mi única opción es emigrar y tengo que aceptar con paciencia estoica las estupideces que hacen unos y los otros.


  1. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
  2. El hombre no se mide por las veces que se cae sino por las que se levanta
  3. Errar es de humanos rectificar es de sabios.
  4. Esta es una anécdota verídica que me ha pasado a mí, concretamente fui yo quién confundió el pote del azúcar con el de la sal.
  5. Responsables de la salmonelosis.
  6. Pastafarismo: El pastafarismo (neologismo derivado de «pasta» y «rastafarismo») o religión del Monstruo del Espagueti Volador (MEV o FSM en inglés) es un movimiento social, reconocido como religión oficial por algunos países, y rechazada como tal por otros, quienes la consideran una religión paródica, surgido como protesta social en Estados Unidos para denunciar y oponerse a la difusión en las escuelas de la hipótesis del diseño inteligente, impulsada por sectores políticos y religiosos conservadores durante los mandatos del presidente George W. Bush, y a las corrientes de opinión que pretendían su equiparación con teorías aceptadas por la comunidad científica como la de la evolución biológica. Fuente Wikipedia

Publicado en Exelisis