Escribiendo el camino
Y si vuelvo a escribir, es por todo.
Es porque nunca dejé, porque nunca pensé que fuera algo de lo que librarme.
Si vuelvo a escribir es porque siempre hay de qué, y siempre todo vuelve.
Quizás es que te nombro, quizás es que armo en mi cabeza esas frases, esas ideas.
Como siempre lo hice, como nunca intenté.
Si vuelvo a escribir una y otra vez, todos los días de mi vida,
es porque no necesito de papel y birome para hacerlo.
Si escribo con o sin destinatario, es porque en realidad no hay demanda válida.
Lo único que vale es ese deseo, ese incontenible momento de placer.
Placer de hacer eternas las palabras, y de hacer todo de esa nada.
Placer de mirarme al revés, y descubrir que eternamente me tendré.
Que si no hay centro, ni razón,
es porque siempre hay algo más que buscar aquí adentro.
Placer de poder, aunque no haya lectores, aunque no haya más nada.
Momento único de pretensiones y soltaduras.
De intriga por el que dirán a veces,
de calma porque nunca espero ese que dirán.
Momento de contradicción y claridad, todo se une acá.
Acá y ahora.
«¿Qué escribis?», me preguntan cuando digo que escribo.
¿Qué escribo? Pues, nada, simplemente todo eso.
Sería mi respuesta más sencilla y honesta.
Pero la gente no comprende, y no es su culpa.
Ahí están los géneros esperando ser escritos,
y acá estoy yo, con mi siempre insaciable manera de no querer encasillarme.
Tan imposible como hermoso a la vez,
tan cierto como falso al mismo tiempo.
Será que no busco escribir sobre algo, si no que las cosas me escriban.
Será que sueño con mundos de letras, donde las palabras no existen.
Si mi escritura siempre estuvo llena de dudas es porque jamás pretendí que hubiera verdades.
Las verdades son unos enunciados más, a menudo la frase resuena en mi cabeza.
Sin saber ya a quien pertenece, y sin importarme tampoco.
Porque así es para mí este ahora y aquí,
mezclado, confuso y sin certezas.
Siempre rodeado de criaturas, siempre alardeando en sus grises.
Pero no por eso mejor o peor. Siemplemente aquí vivo realmente,
acá descubro las cosas más verdaderas, y también las que nunca sabré.
Y si entre tantas frases disparejas, alguien encuentra sentido,
es porque no necesitamos un orden para entender lo que decimos.
Quizás vos, que estás del otro lado leyendo, no creerías que hace falta preguntarme que escribo.
Porque aquí estás, leyendo el sinsentido más coherente.
Entendiendo que quizás, no hace falta seguir escribiendo.
Y comprendiendo a la vez que lo que escribo jamás me permite parar,
porque todo está, y todo va, por ese camino entre lo anecdótico y lo ilusorio, lo real y lo intocable.
E incluso vos, que podes ser nadie en este momento,
estarás ahí, fluyendo sin un fin.
Siempre en las cosas, y las cosas siempre en vos,
escribiendo el camino.