Ese clic esquivo

Le déclic

No os ha ocurrido alguna vez que os quedáis encallados en un problema y pasan los minutos, las horas e, incluso, los días y no hay manera de dar con la solución. A cada momento que pasa notas que te vas hundiendo en un mar de incertidumbre e irresolubilidad, sin tener nada a lo que asirte para salir a la superficie y las manecillas del reloj van marcando poco a poco tu muerte profesional —esto es una dramatización.

Pues a mí sí, yo me he encontrado cientos de veces en esta situación en la que nada parece servir, que cualquier solución es incluso peor que el problema y que a pesar de dejarme las pestañas, los codos, las ingles y algún que otro miembro más, no me encontraba más cerca de la solución que al principio de todo el proceso. En estos momentos, cuando ya has gastado el lápiz de tanto escribir, la pizarra veleda ha perdido su color blanco de tantos garabatos, justo en esos momentos cuando la mejor solución que puedes encontrar a este escollo es olvidarte de él.

A pesar de que parece un contrasentido el olvidarse de un problema para poder solucionarlo, es el mejor consejo que he recibido nunca y me lo dio una de las mejores personas que he conocido, Eduard Bonet¹. Supongo que la experiencia y la sabiduría es un grado, y él le había enseñado que lo mejor era apagar el ordenador, guardar los bolígrafos e irse a casa o irse a dar un paseo o hacer algo que no tuviera ningún tipo de relación con lo que te estaba torturando las neuronas. No solo aparcarlo en un rincón de tu mente, sino conscientemente llenarla con alguna otra actividad que llenara el momento cognitivo presente para no pensar más y no darle más vueltas.

Aunque os parezca mentira, a mí me funciona, sobre todo la opción de irme a dar un paseo. De hecho, hasta que cambiamos de oficina no hace mucho, optaba por volver andando a recoger a los enanos. Era una media hora larga que tenía tiempo de pasear, escuchar música y relajarme por las calles de esta ciudad que a pesar de todos los políticos, sigue siendo la mejor ciudad del mundo².

Después de recoger a los niños, llevarlos a casa, hacer los deberes con ellos, preparar la cena, me ponía a trabajar o a escribir un post. En ese transcurso de tiempo, usualmente cuando preparaba la cena mientras mi mujer jugaba con los niños, se podía oír un clic en la parte más profunda de mi cerebro, había dado con la solución. Increíble que mientras cortaba esos puerros para sofreírlos la solución, que me había sido esquiva durante días, aparecía ante mí, clara y tan obvia que estaba a dos grados de sentirme avergonzado de mí mismo.

Como también soy de los que piensan que las musas son un poco ladinas, apuntaba la solución en un papel y me dedicaba a cocinar dando saltitos de satisfacción por haber encontrado la maldita X que señalaba el tesoro en el mapa. Tantas horas a base de café y aspirinas y la solución no se encontraba en un Nespresso, sino en un triste puerro cortado en mirepoix.

Más allá del consejo o de lo anecdótico de la situación, está comprobado, más o menos científicamente —ya sabéis lo científica que puede llegar a ser la psicología si tiene que conseguir una subvención—, que aparcar pensamientos recurrentes puede ayudarnos a verlos con mayor claridad, con todos sus ángulos y posibilidades, y por lo tanto encontrar soluciones más fácilmente.

La gente que tiene depresiones —y estoy simplificando hasta unos extremos que en algunas repúblicas de África me condenarían por charlatán—, tienen pensamientos negativos y cuando entran en un bucle cíclico estos pensamientos se retroalimentan, convirtiendo un contratiempo en la mayor amenaza para la humanidad desde que se inventó la Pizzalada³.

Supongo que parte del movimiento mindfulness se refiere a estos temas, piensa en el aquí y en el ahora, centrarte en el presente y no quedarte atrapado en un problema. Focaliza tu mente para ver toda la realidad que te rodea y no simplemente en ese pequeño punto que te está irritando más allá de lo que racionalmente te pueda molestar un punto.

Pero como decía mi abuelo, lo importante es que el gato cace ratones; si se llama Micifu o Garfield es indiferente. Así que si tú usas el aquí y el ahora o el me voy a por tabaco, lo relevante es que te permita avanzar y no quedarte clavado en un punto en el espacio tiempo y con esa sensación de que te pasa justo por tu vector espacio toda la humanidad calzada con patines de velocidad.

Yo ahora no hago la técnica de pasear, el trabajo lo tengo a una hora del colegio, así que no es factible darme estos paseos, así que tengo que encontrar otro sistema. Reconozco que lo de cocinar me sigue funcionando, pero me falta un plus extra para vaciar mi pensamiento consciente, y no, no pienso apuntarme a un gimnasio porque me aburro más que las piedras. Puede que haga mitad del camino en transporte público y cuando esté cerca de casa me baje y vaya andando, puede ser una solución moderna de esas de win-win.


  1. Perfil en Linkedin de Eduard Bonet.
  2. Obviamente, Barcelona.
  3. Pizza con ensalada, en serio, esto es peor que el yogurt de chorizo.

Publicado originalmente en exelisis.com.

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