La moda. Esa actividad que todo el mundo hace. Esa prenda que ves constantemente por las calles. Ese tema del que el planeta habla. Todo ello es una moda pasajera: el Ice Bucket Challenge lo fue, los pantalones cropped lo son (no sé ni por qué están de moda) y el Give Whoever a Girlfriend/Boyfriend lo es y lo seguirá siendo. Salvo con la diferencia de que, quizás, esto último no sea únicamente una moda.

Para los que no sepáis de qué os hablo, hace unos días se ha estado discutiendo muy activamente en redes sociales la posibilidad de que Elsa, la reina de Frozen, sea lesbiana. Todo ello ha ocurrido bajo la campaña y el hashtag de #GiveElsaAGirlfriend (dadle una novia a Elsa). Esto viene de tiempo atrás, ya que desde la salida de Frozen en 2013, el colectivo LGBT ha reivindicado la situación de Elsa como una alegoría a la posición en la que se encuentran muchas personas queer, debiendo esconder su naturaleza para no ser rechazados por la sociedad. Es más, se comenta que la famosa canción «Let it Go» («Suéltalo» en castellano) podría ser una alusión al hecho de salir del armario. Estoy segura que muchos estaréis pensando que simplemente son paranoias. Yo misma nunca me había planteado la situación de Elsa como tal, pero si lo pensáis con detenimiento puede ser interpretada como una metáfora.

Comprendáis o no la alegoría, la realidad es que, de cara al lanzamiento de Frozen 2, una horda de fans está pidiendo a Disney que Elsa se desvíe de esa regla heteronormativa tan marcada en sus películas, para que por fin tengamos la primera princesa lesbiana. De hecho, la propia Idina Menzel (voz de Elsa), se posiciona a favor de la causa.

Por supuesto, el tema ha levantado ampollas para aquellos que, desde un punto de vista conservador-cristiano, opinan que no sería apropiado para una película de niñ@s introducir un personaje homosexual, ya que amenazaría los valores de la familia y, en definitiva, blah blah blah. Por ello, han lanzado un contrataque con el hashtag #CharmingPrinceForElsa (príncipe encantador para Elsa) acompañado de comentarios de este tipo:

Este revuelo ha despertado también en el mundo Marvel, donde, siguiendo las premisas de #GiveElsaAGirlfriend, ha salido a relucir #GiveCaptainAmericaABoyfriend. Sí, el Capitán América, ese superhéroe con un ideario de los años 30–40, honesto, educado y amante de sus amigos, en concreto amante de Bucky, puesto que la mayoría opta porque su mejor amigo se convierta en su amado. Indiferentemente de estar de acuerdo o no, me pregunto lo mucho que tardará otro hashtag similar en hacer acto de presencia. ¿Será quizás #GiveCharlesXavierABoyfriend o #GiveFinnABoyfriend? Este último es más probable, dado que J.J. Abrams ya ha confirmado que habrá personajes gays en la saga Star Wars.

Esta moda repentina de convertir a personajes de películas en gays y lesbianas, no es una moda. No se trata de algo que se lleva, o algo que la gente hace porque el resto del mundo lo hace. Es una protesta que pide a gritos la representación y la normalización de la variedad que ya está presente en nuestra sociedad. Una representación real que se aleje de ese mundo heteronormativo que venimos conociendo desde que eramos pequeños:

Princesa conoce a príncipe, se enamoran y se casan.
Superhéroe conoce a chica, la salva y se enamoran.

Claro está que la normalización no sólo viene de las películas o series, el día a día de las personas es un factor importante. Sin embargo, afirmar que un personaje tan icónico como Elsa es lesbiana, llega a oídos de todo el mundo y supone asumir la diversidad representándola en la cultura que nosotros, como habitantes de este mundo, creamos. Nadie pide que todo superhéroe sea gay, o que todo protagonista sea negro, simplemente se reclama que el mundo acepte que existen personas gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, negras, asiáticas, latinas y un largo etcétera.

Los libros, el cine, los videojuegos y la cultura en general son, en parte, la imagen de nuestra sociedad. Aunque se trate de ciencia ficción o fantasía, los valores y la moralidad que una película transmite pueden cambiar la forma de ver el mundo de las personas, y por eso es necesario que exista esa visibilidad. No sólo para educar, sino también para reforzar la confianza de aquellos que no tienen el apoyo de nadie y se ven obligados a ocultar su situación por miedo al rechazo. Por eso, a veces es necesario que alguien grite: «No os preocupéis. Hay muchas formas de tener un final feliz».

Así que, si finalmente se opta porque Elsa tenga pareja en Frozen 2, yo apoyo sin lugar a dudas #GiveElsaAGirlfriend.

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