Héroes cotidianos

¿Se han fijado cómo, ahí afuera en el mundo real, se premia muchas veces a aquellos que hacen algo extraordinario una vez; pero aquellos que empujan parejo pasan mayormente desapercibidos?

Es raro que eso pase, porque desde mi perspectiva, un esfuerzo sostenido y estable es más importante a largo plazo que el fogonazo espontáneo de una vez; aunque puedo comprender por qué el segundo encandila más. Nos atraen las estrellas fugaces.

Por ejemplo, tenemos a Juan por un lado. Un tipo agradable y tranquilo que siempre llega temprano a la oficina y día tras día hace su trabajo eficientemente contribuyendo a las metas de sus jefes. Le cae bien a todo el mundo y ya Juan acostumbró sus compañeros a ser así. Tal como ser una persona graciosa, ya se espera eso de él y es su estado natural. Siempre le dan los proyectos más complejos y de larga duración, porque «así es él, muy bueno» y se sabe que lo va a hacer bien. Tiene un voto de confianza basado en su desempeño.

Por otro lado está José, quien tiene un temperamento explosivo, es bueno para lograr metas de corto alcance gracias a su energía, pero cuyo ímpetu se desvanece rápidamente conforme pasa el tiempo y se aburre. No es digno de confianza pero podría anotar un «gol» si se alinean los astros. Definitivamente se mueve más rápido que Juan y hace más ruido.

Un día, José recibió un encargo importante y gracias a sus habilidades logró sacar la tarea en poco tiempo salvando el show. Sus jefes le dieron el premio a él.

¿Por qué?

Si tomamos como referencia los deportes, esto no sucede así. Gracias a que en deportes se marcan puntos y entre más puntos mejor. Los puntos suman en el marcador y ganan partidos. Los partidos ganados, consiguen copas y trofeos. Un Stephen Curry, alero de los Golden State Warriors, marca en promedio 30 puntos por partido. Siempre, cada vez. Eso es más del doble que un jugador promedio de la NBA. Por supuesto que él es el héroe de su equipo y lo logra siendo como Juan, no como José. Para su equipo es mejor contar con alguien como él, que otro jugador que promedie 12 puntos por partido, pero a veces se inspira y marca 50 en un solo juego.

Matemáticamente es mejor un promedio estable y predecible que unos picos altos aquí y allá.

Otro ejemplo es el de las bailarinas de ballet. Si han asistido alguna vez, probablemente han notado que a pesar de las innumerables horas de práctica que han tenido que sufrir antes del show, hacen que el trabajo se vea fácil y simple. Son gráciles, livianas, etéreas y apenas si se les nota el tremendo esfuerzo que hacen. Sabemos que eso no es fácil por el simple hecho que nosotros no podríamos ir a ese escenario, así como así, y hacer lo mismo.

Entonces, si claramente en deportes o en ballet entendemos ese concepto simple, que no se trata de ser excepcionalmente bueno de vez en cuando, sino bueno siempre, ¿cómo es que nos cuesta trasladar la misma idea a la vida cotidiana?

Se trata de consistencia y no de tener un día bueno —o malo.

Esto aplica para todo. Un buen amigo no es el que llega de vez en vez y se pega una fiesta con vos, paga la cuenta y te va a dejar a la casa. Un buen amigo, es el que está ahí siempre, día con día te escucha y se sienta con vos a ver tele y tomarte una birra. Lo mismo con una novia, un contador y nosotros mismos en el trabajo. La predictibilidad y consistencia deberían primar en el día a día.

Pero no, el mundo no siempre es lógico y de hecho pecamos de dar crédito a quien no lo merece porque «nos salvó» una vez, pero nos olvidamos de ese otro que se queda ahí siempre y no nos da la sensación que estén haciendo mucho, porque «son así».

Quizá tengamos que fijarnos un poquito más a fondo en quién realmente aporta en nuestra vida, trabajo, círculo de amigos y darle a esa persona el crédito que merece. Un simple «gracias» puede significar muchísimo para los Juanes de este mundo.

Deberíamos aprender a ver más la estrellas que están ahí brillando desde el principio del tiempo y nos guían en el camino, en vez de las estrellas fugaces que a pesar de ser bellas, desaparecen en menos de un segundo.

Además, ¿quién sabe? Podríamos empezar una nueva tendencia para una humanidad más justa, y al final por qué no, recibir nosotros alguno que otro crédito por ahí.