Hacéme espacio en tu círculo social, pero no me hagás protagonista.

Preguntáme qué quiero, qué sueño, qué pienso, pero no lo hagás frente a una multitud.

Proponéme lo que querás, pero ni pensés en hacerlo en público.

No me pidás que me adapte llamando la atención, porque desde esta esquina de autoconocimiento veo todo mejor.

Ni se te ocurra pedirme que entre a algún lugar al que ya me negué.

No digás que soy tímida, no tenés que justificarlo. Tenés que entenderlo.

No me preguntés porqué me voy si ya me viste temblando, con la mirada insegura, con la boca seca.

No me aconsejés para llevar mejor algún bar, alguna fiesta, algún encuentro. Es inútil.

No me digás que respire cuando las palpitaciones son más fuertes que tu voz.

No te arriesgués a decir que soy incapaz de socializar. Es una preferencia por los círculos pequeños.

Acostumbráte al miedo por algún evento, lugar, o circunstancia, aunque no sea la primera vez que lo hagamos.

No deben ser raros los preparativos exagerados para un momento simple. Puede que algo pase, y no tengamos herramientas.

No podés etiquetarme como reservada cuando estoy pensando profundamente qué voy a decir, qué voy a responder. Estoy organizando mis ideas.

No, no hagás eso y no hagás mucho más.

No lo hagás porque yo no te puedo explicar el efecto que trae consigo.

Atentamente,
La ansiedad.