¿Hay alguien aquí?

Abre los ojos

Es uno de agosto y encima lunes. Las calles están medio vacías, puedes sentarte en el transporte público, y el peso que han de levantar mis párpados es proporcional a los gramos de café que tendré que tomarme para pasar de un estado de somnolencia a uno que más o menos entre dentro de los parámetros de persona adulta y funcional.

Como manda la tradición patria, en este mes es cuando un porcentaje muy elevado de los trabajadores, directivos, mandos medios y pelagatos se van de vacaciones. La ciudad se vacía de personas y se llena de turistas, el equipamiento necesario para darles sustento. Los que no estamos en el sector turístico vemos como los negocios se paran, los acuerdos se posponen y entramos en una especie de letargo extraño que aprovechamos para cerrar temas no urgentes, no importantes, que se han ido aplazando por el peso del día a día.

Por mi parte, yo no me voy de vacaciones por una sencilla razón financiera y es que no me lo puedo permitir. La economía de un emprendedor es limitada y por lo tanto voy a pasar este mes de agosto en Barcelona y ya que estoy, trabajaré para quitarme de la lista de tareas esos pequeños detalles que hacen que tu agenda sea más larga de lo necesario. El único momento de vacaciones lo tendré en septiembre, que me iré cuatro días con la familia para ver el museo Dalí con mis hijos, pero más allá de esto, a sufrir calor en esta ciudad que adoro y odio a partes iguales. Buscaré maneras de entretener a mis hijos en la gran ciudad —aunque he de reconocer que gran parte de este trabajo lo hará mi pareja— y por las tardes voy a intentar sumarme a los planes que tienen montados.

Dicho esto, también voy a dejar de publicar durante este mes de agosto. Es el mes que uso para desconectar. Pero no os alegréis, voy a seguir escribiendo porque es algo que me gusta, me relaja y si da la casualidad que creo que lo que he tecleado tiene cierto nivel, quizás lo publique.

En resumen, este post para decir que oficialmente estoy de vacaciones como publicador de post, no como escritor y no como profesional. Hasta que llegue septiembre —y si no pasa algo raro— podéis respirar tranquilos porque no vais a tener noticias mías.

Llegado a este punto, como este artículo era para dejar constancia de cuatro ideas básicas, me doy cuenta que no llego al mínimo de palabras que todos recomiendan para tener un post decente, de hecho ahora mismo tengo unas cuatrocientas cuarenta y ocho palabras y lo ideal es tener quinientos. Espero que no os sepa mal que estire el texto para que Google no me castigue, aunque en realidad me castigo yo más. Hace ya un tiempo me propuse escribir un mínimo de setecientas palabras, no tanto por el buscador sino por forzarme a desarrollar más las ideas.

Hace tiempo escribía la frase o el párrafo que tenía en la cabeza y me quedaba tan ancho, ahora intento argumentar lo que digo, dar ejemplos y dejar de ser tan new age con mis frases fuerza. No lo hago tanto por los lectores que tenga —si es que tengo— sino por mí mismo. De vez en cuando me da por releer los post antiguos y de algunos de ellos —por no decir muchos— siento un poco de vergüenza ajena —propia en este caso— de lo mal que me explico y creo que es importante arreglar este fallo.

También os digo que en los post menos serios, alguna que otra vez me he vuelto a reír como un niño con las ocurrencias absurdas que tengo, pero desde que migré a un blog más profesional ya no escribo tanto este tipo de historias. Pero volvamos a lo importante, ahora ya estoy casi por las setecientas palabras y me parece una cifra respetable para un post que sólo tenía una intención informativa y que realmente no da para estirarlo demasiado.

Que tengáis unas buenas vacaciones y nos leemos a la vuelta.


Publicado en Exelisis

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