Historia de un co-fundador de terror (Parte 1)

Acá inicia la historia que tuve con un co-fundador. Para que sea una anécdota clara y ordenada, no voy a dar comentarios sobre aprendizajes o lo que se debería haber hecho. Esas notas van a ser publicadas en una nota por aparte.


Calculo que yo desperdicié al menos 9 meses de mi vida con un socio que no era el correcto.

Conseguir un socio para cualquier proyecto es un proceso que se tiene que llevar con mucho cuidado. Encontrar un socio no es difícil, pero encontrar al socio correcto sí lo es.

Encontrar un co-fundador técnico es aún más complicado (se le suele decir técnico cuando tiene conocimiento en programación o software). 
Esta dificultad adicional se da por varios motivos: hay gran demanda por este tipo de talento, usualmente tienen proyectos propios, es difícil para alguien no técnico determinar el conocimiento que tiene… Y muchas veces el estereotipo sobre sus personalidades «difíciles» es una realidad.

Usualmente pensamos que escoger mal a un socio solo le ocurre a otras personas y que probablemente a nosotros todo nos va a salir bien. En mi caso, vi señales a la distancia sobre problemas por venir, pero uno suele pasarlo por alto porque «nosotros somos diferentes a los demás».

Me equivoqué.

El inicio del proyecto

En el 2014 participé en un start-up weekend en Costa Rica. De ahí salió una idea que me interesó seguir, pero no se concretó un equipo. Un amigo programador participó, pero debido a su trabajo en una transnacional le resultaba imposible continuar.

Durante la universidad no conocí a ningún informático y de mis compañeros del colegio con esos conocimientos todos tenían trabajos estables. Todos menos Emilio.

Emilio

Primero que todo, Emilio no es su nombre real… fuera de eso todo lo escrito en esta nota es verídico.

A Emilio lo conozco hace más de 10 años, y de hecho somos prácticamente vecinos. Emilio estudió programación, tiene muchísimo interés por la tecnología, y desde los 16 años me ha ayudado a resolver cualquier problema con mi computadora.

Somos tan buenos amigos que durante el 2012 fuimos a mochilear un mes por Europa. A mi parecer, toda esta historia juntos era suficiente para confiar plenamente en él.

En cuanto a su condición laboral, Emilio tenía un trabajo que requería únicamente unas 6 horas de trabajo semanales (durante nuestro viaje, su jefe nunca supo que dejó el país). Este trabajo era sumamente flexible, podía hacerse de manera remota y ocasionalmente una llamada por Skype. En cuanto a salario ganaba aproximadamente 1 000 dólares al mes, que si bien es cierto es menos de lo que ganaría un developer en la mayoría de empresas, considerando la carga laboral era un puesto envidiable.

Sobre su personalidad, Emilio tenía varias peculiaridades. Igual que a mí, le encantan las películas, las series y los videojuegos. Contrario a mí, él estaba totalmente conforme con su situación económica, ya que el salario que recibía «es suficiente para comprar juegos y upgrades para la PC». No es una persona muy social y tiene una mezcla de introversión/timidez que es difícil de poner en palabras. Vive con su familia, y a pesar de no ser millonario, tiene una situación favorable donde no tiene que aportar económicamente al hogar. Esto es relevante para justificar su comportamiento más adelante.

Todos mis compañeros del colegio que estudiaron con Emilio en la universidad siempre mencionaban que él era un genio de Java/Javascript y en su trabajo diario trabajaba desarrollando aplicaciones móviles para Android.

Considerando que uno preferiría trabajar con un conocido como socio, Emilio también tenía la ventaja de que contaba con el tiempo libre como para participar en el proyecto. Además, en lo económico no era una urgencia que percibiera un salario. Por si eso fuera poco, tenía mucho del conocimiento necesario para el proyecto y por su personalidad inquisitiva, pensé que podría aprender rápidamente cualquier cosa adicional que necesitáramos.

Trabajando juntos

Fue así que decidí proponerle trabajar en el proyecto juntos como socios. Casi inmediatamente me dijo que sí, y empezamos a planear diferentes aspectos de la aplicación móvil que íbamos a construir.

Unos meses después renuncié a mi trabajo e inicié tiempo completo a lo que esperaba se convirtiera en nuestra empresa. Mi expectativa era que Emilio lo hiciera eventualmente, pero de todas formas unas 6 horas por semana en su otro trabajo no era algo por qué preocuparse. En general, yo me encargaba de todos los aspectos menos la parte técnica, y una o dos veces por semana nos reuníamos para discutir el proyecto…

Los primeros problemas

…o esa era la idea, sin embargo yo comentaba sobre mis avances, Emilio escuchaba y solo decía que la plataforma «iba bien» desde el lado técnico. Ejemplo de sus comentarios fueron «estuve aprendiendo como utilizar AWS», «ya terminé de montar la base de datos con Dynamo» pero en general, solo decía ambiguamente que todo iba bien.

Yo enviaba unos 3 correos semanales con links relevantes a nuestro proyecto y la industria, pero sería muy optimista si digo que un 20 % de estos recibían respuesta. «Para qué voy a perder el tiempo respondiéndole los mensajes», era lo que me decía cuando nos reuníamos en persona.

Al ser un emprendimiento donde solo hay dos personas y, al menos en mi caso, estaba totalmente motivado por sacar adelante el proyecto, no pensé en tener que exigirle fechas de lanzamiento, revisiones de código o seguir un cronograma específico.

Yo tenía mis manos llenas con toda la investigación y planeación necesaria, y me imaginaba que Emilio también. Por supuesto que idealmente los dos íbamos a coordinar, comentar y contribuir en todos los aspectos de la empresa, pero al ver que él estaba tan ocupado y que probablemente no iba a leer los correos, opté por no enviar tantos y discutir cosas en persona.

Estas reuniones no eran tan frecuentes, ya que Emilio resolvía los problemas técnicos y cuando hablábamos era porque había algo que no habíamos especificado anteriormente o quería ver cómo resolver un problema en particular. Yo por lo menos sentía que tenía cierto «voto» sobre la forma en la que se construía la plataforma. En general quise creer que estaba haciendo su mejor esfuerzo por avanzar y que simplemente la comunicación era lo que nos faltaba acomodar bien.

Las alarmas comienzan a sonar

Un par de meses después, decidimos aplicar en distintas iniciativas, y cuando digo «decidimos» me refiero a que yo busqué la información, llené la solicitud y tuve que recordarle a Emilio varias veces que llenara su porción personal. Nos interesamos en Start-up Chile y Costa Rica Open Future.

Los dos programas son de incubación, lo cual era ideal para la etapa en la que estábamos. Emilio no entendía qué buscábamos de cada programa. En el caso de Open Future, eran mentorías y acompañamiento, mientras que Start-up Chile es un programa que inyecta aproximadamente 35 mil dólares.

Open Future es un programa que no pone mayores trabas, así que con esa aplicación no tuvimos problemas, pero Start-up Chile requiere que los fundadores vayan a Chile a desarrollar su idea, con lo cual Emilio tuvo un problema:

Emilio: ¿Para qué vamos a aplicar a ese programa?
Yo: Son 35 mil dólares y acompañamiento, ¿por qué no querríamos eso?
Emilio: Es que son 6 meses en Chile, es como mucho, ¿qué vamos a hacer tanto allá?
Yo: Desarrollar el proyecto… Potencialmente vamos a durar 3 años en esta empresa, ¿por qué pasar 6 meses en Chile sería un problema?
Emilio: No sé… es que no hay garantías de que funcione… y si me voy tengo que ver si ahí hay buen internet, y no me puedo llevar mi PC…

Eventualmente logré que termináramos las dos inscripciones, incluida la de Start-up Chile, que incluía un video sobre nosotros. Pero ahí fue la primera vez que noté que su compromiso con el proyecto era diferente al mío. Nunca hubiera pensado que algún día eso escalara a que Emilio saliera del proyecto en el que llevábamos casi un año trabajando…

Porque eso es lo peor que podría suceder… ¿Verdad? 
No realmente… puede ser mucho peor.

Continúa en parte 2. Acá una nota sobre como evitar estos problemas.