i e cubo

¿Qué se puede esperar de una gente que se hace llamar i tres cubo? Nadie en su sano juicio usa expresiones matemáticas para definirse a no ser que su parte humana brille por su ausencia. Es como los simpáticos que llaman a Filemón¹ el señor tres catorce, como para darles dieciséis bofetadas por listillos y por creerse más listos que nadie.

Reconozco que estoy atacado de los nervios, considero la tecnología la última de las plagas bíblicas y estamos todos condenados a purgar nuestros pecados decidiendo entre la respuesta Aceptar y Ok cuando el ordenador nos dice He detectado un fallo, ¿lo borro todo para que te quedes con cara de idiota?

Como al enemigo hay que conocerlo, y del mismo modo que me chupe El séptimo sello² para poder odiar con argumentos a Ingmar Bergman,³ yo estudié C para comprender el lenguaje sobre el que está basado el sistema operativo que controla la mayoría de servidores de Internet. No es que me guste, pero hay que conocer a tu enemigo.

No sólo eso, sino que además me dio por usar Linux para estar al día y que no me explicaran historias raras los del departamento técnico cuando las cosas no funcionaban, y de hecho usé este sistema antes de que salieran distribuciones que te lo hacían todo fácil. A mí me tocó chuparme el compilar el kernel, configurar la X a manopla buscando especificaciones de monitor y tarjeta solo para darme cuenta que me pasaba más tiempo en modo consola que otra cosa.

Pero no os penséis, no soy un gran experto en IT, he trabajado de gente que sí les encantaba este sector y me daban sopas con honda y mientras a mí me interesaban más los temas interacción hombre/máquina a ellos les tiraba más directamente las máquinas. Supongo que estas últimas tienen una ventaja definitiva, cuando estás hasta el gorro de que no se comporten como mandan las normas las apagas y se acabo el problema, las personas no hay manera de desenchufarlas y persisten incansables al desaliento con sus argumentos hasta que te rindes o saltas por la primera ventana que pillas.

En esta época que me he puesto el sombrero de emprendedor a uno le toca hacer de todo, ventas, finanzas, marketing y por supuesto, la parte de IT y de desarrollo. No es que se me de mal, lo hago a base de leer y documentarme como un desesperado, pero consigo los resultados que se piden con el rendimiento que se necesita.

Pero una queja vuelve y vuelve y vuelve a volver de forma iterativa y recursiva. Yo acepto que estudié psicología, acepto que me interesan más las personas que las máquinas, pero lo que no me entra en la cabeza es la manía que existe en documentar con las nalgas. No pido que la tecnología sea fácil, de hecho es y puede llegar a ser extraordinariamente complicada, pero si me gustaría que la documentación estuviera a la altura.

Ya he dejado de contar las veces que mirando manuales hay cinco explicaciones diferentes para hacer lo mismo, y por supuesto, de las cinco ninguna funciona. Te toca mirar lo que están haciendo e inferir que debe ser lo que no funciona en algún paso, probarlo, ver que funciona, mirar que lo que has hecho no deja un boquete de seguridad del tamaño de Galicia y hacer pruebas y más pruebas para asegurarte que no has metido la pata hasta el corvejón.

Y aquí estoy yo, un domingo a las ocho de la tarde peleándome con una librería que no carga, y si he mirado casi todo lo mirable, pero ahora tengo seis explicaciones de por qué no funciona y sus diferentes respuestas —por supuesto todas ellas diferentes— y confió que antes de irme a cenar consiga arreglarlo.

Creo, iluso de mí, que llegará un momento que se empezará a ver el software y la tecnología como un todo, no solo como una herramienta, sino como el cachivache, la documentación y el soporte para dar finalmente una solución. Cualquier otro tipo de planteamiento es como llevar el coche al garaje y que te den una llave inglesa y tu tengas que ir preguntando a los mecánicos que hago, que cada cual te contestara lo que le pareciera más oportuno, y tú, con cara de sufrir una descomposición severa, intentas arreglar un fallo en un sistema que ni siquiera sabías que existía.


  1. «El apellido de Filemón». El rincón de Mortadelo.
  2. Det sjunde inseglet. IMDB.
  3. Lo único interesante de ese momento suicida que nos dio por se pedantes es que descubrimos que ver esta película en versión original seguro que fue el germen que propició que una mente privilegiada y compasiva inventara la primera consola portátil para evadirse del tostón que estaban proyectando en el cine.

Publicado en Exelisis