IMPOTENCIA

¿Nunca has sentido esa sensación de que nada puedes hacer ya? ¿ Esa sensación dolorosa de que la única salida es la resignación y que el mundo no está hecho para ti?
Esto es la impotencia, y no hay impotencia más grande que la sentida al descubrir que se te dificulta la adaptación al mundo. No hablo de problemas de relacionamiento ni mucho menos, sino que me refiero al sentimiento de que algo común y correcto para todos para ti no es igual o simplemente que a pesar de comprender por qué la sociedad toma algo de esa manera no puedes pensar como ellos, no puedes actuar como el resto.
Creo que cada uno de nosotros hemos pasado una situación así en nuestras vidas, y si tú no lo has vivido te felicito por tu gran capacidad de adaptación a la sociedad, por tu gran capacidad de no simplemente comprender el actuar de los demás e imitarlo sino por poder evadir todo aquel impulso humano que ataque contra ese comportamiento social.
Porque si hay algo de lo que no cabe duda es que las “leyes sociales” y gran parte de lo referido al comportamiento de social, atenta contra los más profundos impulsos del ser humano.
Seguramente gran parte del cómo nos comportemos como sociedad e individuos esté basado en la idea de que todos debemos coexistir y guiados por nuestros impulsos más humanos esto se volvería imposible. Es por esta razón que creo que todas aquellas leyes la sociedad se han ido auto-imponiendo por siglos o por lo menos la mayoría de las mismas tienen un sentido y son completamente necesarias. Pero esto último no quita el tema principal del artículo, nuestra impotencia cuando nuestros impulsos humanos son más fuertes que estas leyes sociales y nos encontramos en un pasillo sin otra salida aparente, condenados a adaptarnos a estas mismas y luchar continuamente contra estos impulsos nacientes.