Inadvertido…

Estando usted muy ocupada se acomoda bien el pelo y dibuja entre sus dedos una alborotada cola; tras un silencio inadvertido, y aclaro no es cuestión de moda, admiro su pelo recogido entre su mirada soñadora.
Con discreción le miro, parece un divino castigo tenerla que observar, con su perfil cuasi perfecto, crea un oasis en un desierto inundado de imaginación y una pervertida sensación se apodera del alma, cuando con una sobrada calma toca de nuevo su pelo y recoge con la punta de sus dedos un mechón que colgaba moribundo por encima de su frente, y así mantiene latente la belleza inspiradora y pensar que todo nació luego de usted hacerse una cola…
A quien pueda interesar.