Intentando sobrellevar la distancia

Porque el destino nos pone en la vida a personas maravillosas… pero lejos.

El destino une personas, destruye amores, crea rencores. Es algo que nadie sabe, por más don que posea. Uno puede a veces agradecerle, odiarle o simplemente usar como excusa para algo que no pudo solucionar a tiempo diciendo “el destino lo quizo así”.

El destino nos unió, no eras la primera persona en mi vida, pero yo sí en la tuya y eso era maravilloso.

Empezó con una conversación en la que nos platicábamos sobre cosas casuales. Conforme pasaba el tiempo las conversaciones se fueron tornando cada vez más profundas, más íntimas, llegaba a dejar trocitos de en cada mail gigantesco que te dedicaba. Nos dimos cuenta que ya sabías demasiado de mí, así como yo de ti, que era inevitable que nos quisiéramos, ya que nos complementábamos demasiado.

Luego comenzaron las ansias de vernos. La edad, el dinero y un montón de factores que hacen que la vida se complique siempre nos jugaban en contra. Conversábamos sobre cómo solucionarlo, mientras veíamos que pasaban los años. Nada había cambiado, el sentimiento estaba intacto. Puro. Eterno.

Te habías convertido en la luz que me iluminaba, que me cuidaba, que me daba ánimos. Solía mirar la luna, puesto que me recordaba a ti, así como tú decías que cada mañana soleada te hacía pensar en mí.

Éramos — y seguimos siendo — completamente diferentes, en cuestiones de gustos, de percepciones, de expresiones. Aún así, sé que siempre puedo confiar en ti. Contar contigo. Yo era tu aprendiz y a la vez tu maestra.

Recuerdo que poco después de tu cumpleaños, te llamé para contarte la noticia de que por fin iría a verte. Me moría de nervios.

¿Qué pasaba si al vernos cara a cara, desaparecía la magia? ¿Si veíamos que éramos demasiado incompatibles en persona? Tenía miedo. Mucho miedo de decepcionarte. De decepcionarme.

Todas esas dudas se disiparon cuando te vi en la estación del metro. Me sonreías. Corrí, te abracé fuertemente. No recuerdo si llegué a llorar de la emoción.

Te tenía allí. Eras real.

Fueron pocos días los que pasamos, unas pocas noches durmiendo sobre el colchón en el piso de tu habitación. Recuerdo que no quería despertarme — ni tú tampoco — pero sabíamos que debíamos salir de la ensoñación puesto que el tiempo pasaba rápido y el día se acortaba en cuestión de segundos.

Atesoro cada momento junto a ti. Son recuerdos que siempre vuelven, que están marcados con indeleble en todo mi ser.

Ahora, sé que estás pasando por momentos fuertes. Y me frustra. Me frustra no poder tomar un avión, tan solo para llegar, tomarnos de la mano y mirar a la nada. Porque sé que me necesitas. Porque sinceramente desde hace un tiempo te necesito más que nunca, más que siempre.

Eres totalmente especial para mí.
Pronto nos volveremos a ver.

Te amo, ya sabes de que manera.
Solo quiero que sepas, que siempre me tendrás para ti. Por algo eres como mi hermana.