Intolerancia: el ‘modus operandi’ de nuestra sociedad

Mi #SíALaMarcha es un #SíALaLibertadDeExpresión

El pasado sábado 10 de septiembre se realizó en 16 ciudades de México la llamada «Marcha por la familia», mediante la cual el Frente Nacional por la Familia convocó y reunió a alrededor de 300 mil personas que se manifestaron contra la iniciativa de que propuso el Presidente Enrique Peña Nieto. En dicha iniciativa se propone legalizar y cuidar que se respete en todo México el matrimonio igualitario, la adopción homoparental o lesbicomaternal, así como garantizar la identidad de género mediante un nuevo sistema de educación sexual.

No voy a entrar en detalles al respecto, con este texto deseo tratar otro punto. Para tener un panorama más amplio les recomiendo el texto que escribió Alberto Chimal en esta misma plataforma. Se llama «Mis familias». También les recomiendo el video que dejo abajo de Pamela Cerdeira. Ambos tienen información muy concreta y puntual sobre la iniciativa y la marcha.

En este espacio pretendo hablar de un «fenómeno», por llamarlo de alguna manera, que se dio en redes sociales y debido al cuál publiqué esto en mi muro de Facebook:

#SíALaMarcha ¡Qué su intolerancia no nos haga intolerantes!
Pedimos amor y respeto. Brindemos amor y respeto. Vi que unas publicaciones invitaban a asistir a la marcha a provocar y hacer desmanes. No caigamos en ese juego. Se supone que somos la generación pensante, la que entiende que cada quien tiene derecho a profesar lo que cree.
Sólo el amor nos puede salvar.

Vi varias publicaciones que usaban el hashtag #NoALaMarcha. Una persona se quejaba de haber recibido un volante de dicha manifestación. Algunos otros decían que irían a la marcha a burlarse y provocar a los manifestantes. Todo esto me desconcertó bastante. No encontraba la congruencia.

Para aclarar aún más lo que puse en mi publicación, inmediatamente en un comentario agregué esto:

Creo que es importante que la gente este teniendo un despertar social. Desgraciadamente es por un punto con el que no estoy a favor, sobre todo porque se ha estado dando información falsa. Pero el pedir que no marchen, para mí, es pedir que la gente siga adentro de su casa sin decir lo que piensa, lo que le inquieta.

Tengo que admitir que antes de publicar le mandé el texto a mi novio para que me diera su opinión. Él es muy directo en cuanto a su forma de pensar y sabía que tendría una buena retroalimentación. Me dijo que a él lo único que no le parecía era el #SíALaMarcha. Entramos en una pequeña discusión al respecto, pero al final decidí dejarlo. Le dije, «tal vez me van a llover piedras, pero creo que el punto es muy claro».

Solo recibí una piedra. Y dolió profundo.

Antes de entrar en ese tema quiero que sepan que me sentí feliz por la respuesta de la publicación. No es que sea muy popular y haya tenido mucho movimiento, pero me dio gusto ver que entre las personas que pusieron «me gusta» o «me encanta» estaban varios amigos miembros de la comunidad LGBT, así como familia y otros contactos que sé que son muy apegados a la iglesia.

‘Change begins in me’, fotografía por Pamela Leal durante una marcha de #YoSoy132 en el año 2012.

De principio solo tuve un comentario en el que una chica replicaba el cómo respetar a alguien que no respeta a las familias homoparentales y sus derechos, y qué no le parecía mostrar amor a quienes realizan una marcha homofóbica. Le dije que estaba de acuerdo. Que pagar con bien a quien nos hace mal no es tarea fácil, pero que justamente ahí radica la grandeza.

Se lo dije a ella y lo escribo aquí ahora: Creo que cuando empezamos a pensar en nuestro entorno con amabilidad, entonces hay una esperanza de que las cosas cambien.

Más tarde ese mismo día vi un comentario de un muy amigo mío en el cuál expresaba su inconformidad con lo que se hacía en la marcha y de cómo las leyes las rige el estado laico, no las creencias religiosas. Y que en esto era muy claro aún cuando él mismo se declara católico.

Con eso estoy totalmente de acuerdo. Lo que me pegó duramente fue que me dijo que a esta altura él decide quién sigue en su vida y quién no. Se despidió de mi con palabras muy lindas, cariñosas, ya que siempre nos hemos tratado con mucho cariño, y me eliminó de sus amigos de Facebook. PUM. ¡¡Golpe!!

Lloré. Pensé que si no me quería en esa red social, tampoco me querría cerca de él en la vida no virtual. Me dolió mucho, pero sabía que tenía que haber sido un malentendido.

Le escribí explicándole ampliamente. Hablamos y se aclararon las cosas.

Algo que me dijo él es que estaba muy sensible por un suceso que vivió relacionado al tema, debido al cual había decidido alejarse de algunas personas. Esto me puso a pensar en cómo la intolerancia nos ha dañado tanto. Hacia los dos lados.

La comunidad LGBT es una minoría que a través de los siglos ha sufrido muy diversas clases de abuso y discriminación. Estando ya en el año 2016, ¿no creen que ya es tiempo de cambiar eso? ¿Qué nos detiene de hacer una decisión personal?

También esta esa otra intolerancia. La que dice #NoALaMarcha y planea entorpecer una manifestación ciudadana. ¿Entonces se trata de ojo por ojo? Como dicen «hablando se entiende la gente». ¿Y cuando no entiende? ¿Es la mejor opción la agresión y la intransigencia?

Eso ya es decisión de cada quien. Hoy yo decido marchar cuando estoy a favor del movimiento y no marchar cuando estoy en contra. No me quedo callada. Voy a seguir opinando y platicando, argumentando con bases y debatiendo. No se trata de sumisión.

Hoy yo decido por el amor y por el respeto. ¿Y tú?


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¡Gracias!