Jugando con mi hijo

Un experimento de nostalgia forzada y paternidad cuestionable

Fernando Valverde
Dec 18, 2014 · 7 min read

Hay una pieza clásica de A Wild and Crazy Guy de Steve Martin…

«Tengo un sucio truco que puedes hacerle a un niño de tres años… Cada vez que estés cerca de él, habla mal. Imagina que en su primer día de clase levanta la mano y pregunta: “¿puedo yo mambo cara de perro al parche de plátano?”»

No estoy seguro si es una gran idea seguir los consejos de crianza de los álbumes de monólogos de los setenta, pero esto siempre ha tenido sentido para mí.

Si tienes hijos, ¿por qué no hacer experimentos con ellos? ¡Es como hacer experimentos con un pequeño clon de ti mismo! Y es casi siempre legal, probablemente.

Es decepcionante ver cuánta gente con hijos pierde esta oportunidad de oro, esperando, generalmente, a que lleguen a su adolescencia para empezar a aplicar juegos mentales con ellos.

Antes de que mi hijo naciera en 2004, estaba preparado. Había pensado una larga lista de experimentos sociológicos y psicológicos con mis amigos y compañeros, listo para desatar mi Milgram interior sobre mi vástago nonato.

Mi plan original era criarlo haciendo que pensara que estaba viviendo una simulación por ordenador, pero, tristemente, mi mujer lo vetó. Y cualquier otro potencialmente dañino, pero gracioso, escenario de vida alternativo.

Pero me las arreglé para colarle uno igualmente.


Nací en 1977, el mismo año que la Atari 2600 fue puesta en libertad y un año antes de Space Invaders. Tuve la suerte de nacer en la era dorada de los juegos arcade, y jugué a través de cada generación siguiente según crecía.

Mi hijo Eliot nació en 2004, el año del Half-Life 2, Doom 3 y el lanzamiento de la Nintendo DS. Para cuando él nació, los videojuegos eran una industria de veintiséis mil millones de dólares.

Me encantan los juegos, y realmente quería que Eliot los amara y los apreciara también. Así que este fue mi experimento:

Comenzaríamos con los arcade clásicos y la Atari 2600, desde Asteroids a Zaxxon. Después de un año, pasaríamos a la era de los 8-bit con los clásicos de las NES y Sega. Al año siguiente, la SNES, Game Boy y los juegos de aventuras clásicos de PC. Luego la PlayStation y la N64, la Xbox y la GBA y así sucesivamente hasta que nos pusiéramos al día con la era moderna.

¿Apreciaría más ese niño los juegos modernos independientes que no tienen los presupuestos de monstruosos triple A como Destiny y Call of Duty? ¿Apreciaría la estética retro o solo pensaría que parece chapucera?

¿O simplemente crecería pensando que la tecnología de los videojuegos se ha movido a velocidades de vértigo cuando era pequeño y frenaría en seco al llegar a su adolescencia?


En el cuarto cumpleaños de Eliot, empecé con él con un juego integrado de Pac-Man para televisión cargado con clásicos arcade —Galaxian (1979), Rally-X (1980), Bosconian (1981), Dig Dug (1982), y, por supuesto, Pac-Man (1980) y las tres secuelas, Super Pac-Man (1982), Pac-Man Plus (1982) y Pac & Pal (1983).

Hasta el momento en que él cogió el joystick, parte de mí temió en secreto que no tuviera ningún interés en ello.

En los días anteriores a su nacimiento, me despertaba temblando en sudores fríos por la pesadilla de criar a un atleta de seis años, rogándome a salir fuera a jugar al fútbol o al beisbol o alguna otra temida actividad física.

Crisis evitada.

Eliot está obsesionado con jugar al Pac-Man en nuestro televisor. Es como verme a mi mismo en 1982.

Mejoró rápidamente. Seis semanas después, estaba superando mis mejores puntuaciones en Dig Dug y regularmente llegando a los niveles finales de Pac-Man y sus secuelas.

Eliot ha llegado, él solo, al nivel 5 de Pac & Pal, una sequela del Pac-Man exclusiva para el mercado japones de 1983. Mola. http://bit.ly/pacnpal

Seleccioné otro juego integrado para televisión —Ms. Pac-Man, Galaga, Mappy, Pole Position y Xevious— y jugamos a todos juntos.

Cuando nos aburrimos de esos, pasamos a mi vieja Atari 2600 y jugamos a mi colección de gemas de baja fidelidad como Asteroids, Kaboom!, Adventure, Combat y (sí) E.T., pero la mayoría no se mantuvieron bien.

Era momento de pasar a la siguiente generación.


Cuatro meses tras empezar el experimento, sin que Eliot llegara a tener cuatro años y medio, pasamos a la era de los 8-bit.

Cargué un emulador y empezamos nuestro periplo a través del canon de la NES.

Eliot y yo estamos pasándonos el canon. Terminamos Mega Man 2 la semana pasada, acabamos de derrotar a Ganon en Legend of Zelda. El siguiente: ¡Mario!

Al principio, él se sentaba en mi regazo e íbamos jugando por turnos. Generalmente, él llevaba el control, pero yo me encargaba de las partes complicadas.

Eliot y yo hemos terminado los seis juegos de Mega Man en NES. El 2 y el 5 estaban geniales, y las mejoras del 6 fueron un buen cambio. El resto parecían descuidados.

Al cumplir 5, él podía pasar algunas partes de moderada dificultad en plataformas como el Super Mario 3.

Eliot acaba de terminar el primer mundo de Super Mario 3, él solo. ¡Solo tiene cinco años! Soy un padre orgulloso.

A los 6 años, ya se pasaba juegos solo. Terminó solo el The Legend of Zelda, y luego terminó la super difícil segunda quest con un mapa de ayuda.

Eliot acaba de terminar el primer Zelda, él solito. Solo le ayudé mostrándole un mapa en la mazmorra novena. ¡Ese es mi hijo!

Terminamos Super Mario Bros. 1–3, Mega Man 1–6, Castlevania 1–3, Rygar, Contra y Duck Tales.

Era el momento de subir de nivel otra vez.


Nunca tuve una Super Nintendo o Nintendo 64 —me pasé al juego de ordenador por aquel entonces— por lo que muchos de esos juegos eran nuevos para mí.

Nos pasamos Link to the Past y Super Mario World, y descubrimos juntos algunas gemas menos conocidas que se convirtieron en nuestros favoritos.

Eliot y yo terminamos E.V.O: Search for Eden, una gema para SNES subestimada, que es como el tío de 16-bits de Spore. http://bit.ly/aBvcwU

Al empezar 2011, pasamos a la N64. El principio de la era del 3D en las consolas no envejeció bien ante mis ojos, pero a Eliot pareció no importarle. Nos pasamos los brillantes Ocarina of Time y el Majora’s Mask, y nos enamoramos del criminalmente subestimado Rocket: Robot on Wheels.

Cuando cumplió siete, Eliot había conseguido todas las estrellas del Super Mario 64.

Eliot acaba de conseguir la última de las 120 estrellas del Mario 64. Si alguna vez dudaste del poder de la mecánica de recolección en los juegos, queda con un niño de 6 años.

Después de eso, pasamos directamente al 2000. En la PlayStation 2, jugamos al ICO, al Shadow of the Colossus, y el Katamari Damacy original, que salió el año que él nació.

El experimento estaba completo.


Este acercamiento a una amplia inspección de los juegos clásicos claramente ha hecho mella en él, y ha influenciado los juegos que ahora le gustan.

Como a casi todos los niños de su edad, le encanta el Minecraft. Sin sorpresas aquí.

Pero también le encantan los juegos brutalmente complicados que retan a jugadores que doblan o triplican su edad, y es terriblemente bueno en ellos. Sus favoritos generalmente toman características de los roguelikes: niveles generados proceduralmente, muerte permanente, sin puntos de guardado.

Uno de sus favoritos es Spelunky, fácilmente uno de los juegos más complicados que he jugado. La revista Paste dijo de él: «un juego con la “dificultad” grabada en su propio ser». Nunca lo completé. Probablemente nunca lo complete.

Un mes después de su octavo cumpleaños, él se pasó solo el Spelunky.

¡Eliot acaba de terminar Spelunky él solo! ¡Gracias, @mossmouth, por crear tan buen juego!

Pero Spelunky no es como otros juegos. Eliot puede haberlo terminado, pero hay un segundo final, mucho más complicado (yendo al Infierno).

Tom Francis explica:

«Para completar Spelunky tienes que sobrevivir 15 niveles generados aleatoriamente y conseguir que el jefe final se mate a sí mismo. Para llegar al infierno, sin embargo, tienes que desarrollar una serie de rituales específicos en orden, usando objetos únicos que aparecen de la nada en diferentes lugares cada vez, y luego derrotar al jefe de una forma particularmente audaz en la que usas su muerte como piedra de paso al inframundo.»

Es uno de los retos más complicados en los videojuegos. Solo conozco a un par de personas que lo hayan conseguido. Para Tom Francis, fue «la cosa más complicada que tenido que hacer en un videojuego… Solo lleva 41 minutos, pero me llevó cientos de horas de juego —y cerca de 3.000 muertes— aprender cómo hacer esos 41 minutos».

Tres meses después, Eliot se pasó el Spelunky por la vía difícil. El creador del juego, Derek Yu, cree que él puede ser la persona más joven en haberlo conseguido.

@waxpancake Es la persona más joven que yo sepa. ¡Eliot es el elegido!

Después de terminar el Spelunky, Eliot estaba listo para un nuevo reto. Me pidió que le comprara un nuevo juego que había encontrado en YouTube, Nuclear Throne, un juego de acción tipo roguelike de Vlambeer, conocido por su implacable dificultad. Una semana después:

Después de una semana de juego, Eliot ha terminado Nuclear Throne. Buen trabajo, hijo. instagram.com/p/uTPNcvMo1D /cc @tha_rami @jwaaaap @mossmouth
@Vlambeer @waxpancake @jwaaaap Para, Eliot. Haces que los viejos parezcamos malos.

Nuclear Throne, como otros tantos juegos indie desarrollados por un pequeño equipo, tiene una estética muy de la vieja escuela:

Y esto, para mí, es lo más destacable del experimento.

La pronta exposición de Eliot a los juegos con gráficos limitados lo ha vacunado contra los gráficos hiperrealistas y escandalosos que se encuentran en los juegos triple A. Puede apreciar los gráficos retro por si solo y centrarse en la dinámica del juego.

Los gráficos lo-fi en juegos como VVVVVV, FTL, o Cave Story, pueden echar para atrás a otros niños de su edad, pero como yo, él es atraído hacia ellos.

Mi esperanza es que este experimento le instile un duradero aprecio por los juegos más pequeños, más raros y más íntimos.


Le di a mi hijo un curso intensivo de la historia de los videojuegos, comprimiendo 25 años de la historia de los juegos en más o menos cuatro.

En este momento, probablemente estés pensando que soy un monstruo o un padre bastante asombroso. Quizás un poco de ambos.

Estoy conforme con eso. Mi hijo es increíble, le encantan los videojuegos y, más que nada, le encanta jugarlos conmigo.

¿Listo, jugador dos?

Es sobre la ética en la crianza con videojuegos.

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Translated from original by Fernando Valverde.

Fernando Valverde

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Un diseñador al que le encanta lo digital y perderse entre palabras escritas en la red.

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