Julia

Al final de la salvaje vereda
tu boca hizo mutis al quebranto
que regalándome su beso santo
me condujo a tus piernas de seda.

Condeno a mi alma inexperta
alejarme de tu pecho amante.
Ahora seré fiel a tu levante
y al rocío de tu flor despierta.

Concede a mi cariño tu vientre
hasta que la aurora me encuentre
lánguido en tu lúbrica cadera.

Yo reapareceré la certidumbre
del baño de alegría y lumbre;
golpe de nuestros cuerpos sin frontera.

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