

Kitty fue asesinada y violada mientras sus vecinos tras las ventanas ignoraban sus gritos
Cómo afrontar el «Efecto Genovese»
Esta semana Catherine Susan Genovese ha vuelto a los periódicos, su asesino, cuyo nombre no merece ser recordado, ha muerto en prisión.
En 1964, dos semanas después del asesinato de Catherine, Martin Gansberg publicó un artículo [ENG] en The New York Times titulado «37 Who Saw Murder Didn’t Call the Police».
El artículo describía el asalto y la lenta agonía de Kitty cuando fue agredida por un asesino en serie necrófilo, durante treinta y seis minutos, en plena calle, en su barrio de Queens, a las tres de la madrugada.
Una investigación posterior demostró que al menos una docena de personas oyeron los gritos de socorro de Kitty y sólo una llamó a la policía algo más de treinta minutos después, cuando ya en el suelo agonizaba gritando: «I’m dying!». Los testigos reconocieron haber escuchado a Kitty gritar: «Oh, my God, he stabbed me!» y en numerosas ocasiones «Please help me!».
Ella no recibió ayuda, pero la repercusión posterior hizo que su apellido «Genovese» diera nombre a un fenómeno psicológico, también denominado «Efecto espectador».
Aún existiendo cierta polémica acerca de la exactitud del número de personas que pudieron haber ayudado a Kitty, y no lo hicieron, lo cierto es que el «Efecto Genovese» existe y es reproducible en laboratorio.
La psicología social lo achaca a una de las siguientes actitudes:
- Los observadores asumen que otra persona intervendrá y todos se abstienen de hacerlo.
- Los observadores asumen que habrá alguien más preparado para actuar y por tanto su intervención es innecesaria.
- Los observadores monitorean las reacciones de otras personas para determinar si piensan que es necesario intervenir y, unos por otros, la conclusión es que no hace falta.
- Los observadores sienten vergüenza a ser reemplazados por un samaritano más cualificado.
Independientemente de que la causa sea el miedo, o una de las que nos ofrece la psicología, el resultado es que si necesitamos ayuda, gritar: «¡Socorro!», «¡Me están acuchillando!» o «¡Me estoy muriendo!» probablemente no nos va a ayudar.
Si preguntamos a nuestro alrededor seguro que recabamos testimonios de personas que han sufrido una situación similar. No se trata de una característica propia de los norteamericanos, ocurre en todo el mundo.
En algunos países, cuando se produce un hecho, o una cadena de hechos con repercusión mediática, el tema se trata abiertamente, recuerdo en el año 2008, una campaña de la Policía Noruega, que instaba a los ciudadanos a denunciar los actos de violencia. Durante un año, siluetas pintadas en el suelo que representaban una víctima, junto a la frase «la violencia también es cosa tuya», recordaba el número de emergencia de la «Politi».
En la mayoría de los casos, las siluetas se colocaban en escenarios reales de actos violentos. No sé si produciría resultados a largo plazo, pero recuerdo la desazón que me producía un trayecto, que realizaba frecuentemente, con tres puntos calientes.
Este es el motivo por el que en nuestros cursos de autoprotección enseñamos a gritar y a recabar ayuda.
En nuestra empresa nos preciamos de que siempre que hablamos con alguien mejoramos su seguridad. Si has llegado hasta aquí, te ofrecemos dos consejos:
La psicología social, además de motivos, también nos brinda un método para contrarrestar el «Efecto Genovese»:
Si eres una víctima frente a un grupo de espectadores, es mejor que te dirijas a una persona en particular, que al grupo en general, y no olvides mirar a la persona escogida directamente a los ojos.
De este modo, se evita que la responsabilidad se difumine, y una vez en marcha el proceso de ayuda, es probable, que el resto de grupo reaccione.
Si necesitas ayuda y no hay personas a la vista, la mejor forma de recabarla es gritando: «¡Fuego!» repítelo sin cesar.
La reacción inmediata de las personas que te oigan, será llamar sin dilación a los servicios de emergencia y, con toda seguridad, se acercarán a ver el fuego, y una de dos, o te ayudan, o aplicas el procedimiento frente a espectadores.
Existen otros métodos y muchas soluciones, si te preocupa el tema o consideras que tu seguridad está en riesgo, no dudes en acudir a un profesional de la seguridad privada. Para eso estamos.
Si te ha gustado
Si te ha gustado lo que acabas de leer, quizá podamos ayudarte a mejorar tu seguridad. Ponemos a tu disposición nuestra consultora, tienda y centro de formación. Recuerda nuestro lema: “La seguridad es como el agua, piensas en ella cuando tienes sed”, no esperes a tener sed. Actúa ahora.