La ciencia tampoco es objetiva

Cuando era pequeño, me gustaba comer. Ahora también, pero hace unos años me encantaba que llegaran los domingos, porque eso significaba que a mediodía íbamos a comprar chuches. Yo quiero eso. Y eso también. Y aquello otro. Era capaz de devorar los dulces que me pusieran por delante. Llegado un punto, mi madre me decía: Siempre igual: yo, mi, me, conmigo. Y eso significaba que había que cortarse, que ya era suficiente por hoy. Al menos eso era lo que yo entendía.

Unos años después he caído en la cuenta de que lo que mi madre pretendía era que no cayera en el individualismo. Porque el individualismo y la privacidad se convierten muy rápido en relativismo. Una sociedad centrada demasiado en sí misma, en su futuro, en su placer, tiende a pensar que los demás verán todo desde su perspectiva. Eso te permite afirmar que tu verdad es tan válida como la mía. El lema del siglo XXI es mientras que no hagas daño a los demás, haz lo que te pete. Mientras tu verdad no choque con la mía, vamos bien. ¿Y si chocamos? No te preocupes, mientras no intentes imponérmela… Otra forma similar de ver la realidad es renunciar a nuestro conocimiento sobre ella. Así lo reflejan aquellos versos de Campoamor: Nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira.

Pero entonces, ¿esto es todo? ¿Los límites de tu libertad están donde empiezan los del otro y ya? Creo que no. Pienso que la ciencia, por empezar por algún lado, tiene razonamientos que aceptamos todos. Eso que se inventó Newton de la gravedad lo hemos usado para construir aviones, y mira por dónde, ¡funciona! Por eso, los científicos, y los que confiamos en que la ciencia sirve para algo, no podemos aceptar que no haya verdades universales. Quizá los más escépticos en nuestra capacidad para conocer y transmitir la verdad son los periodistas. Como señala Kiko Llaneras en Jot Down, en muchas facultades no se cree en la objetividad y se defiende que el periodista debe ser honesto como contrapunto. De hecho, en los medios de comunicación se suele distinguir entre información y opinión. Unas veces contamos qué ha pasado, y otras damos nuestra visión de un aspecto de la realidad. Pero eso de la objetividad y la verdad no es lo mismo.

Cuando conozco, soy yo el que conozco. Los hechos son los que son, pero mi forma de verlos ya es una parcialmente distinta a la que verá otro. Nuestra posición espacio-temporal en el mundo, como nuestra historia, nunca podrá ser la misma. Sin embargo, como afirma Jaime Nubiola en un ensayo sobre el pragmatismo y el relativismo: Del hecho de que las personas o los pueblos tengan opiniones diferentes sobre una materia no puede inferirse que no haya verdad alguna sobre dicha materia. Por eso, cuando el periodismo se pregunta si es capaz de alcanzar la verdad, tiene que hacerse cargo que lo real es, según el filósofo estadounidense C. S. Peirce, aquello independiente de lo que nosotros o una mente cualquiera puede pensar.

Ortega transitaba un camino parecido. Imagínate un partido de fútbol. El árbitro ve una falta y la pita. El aficionado rojiblanco estalla. Aquel otro del fondo norte le acaba de meter un puñetazo al ultra del Atleti. Empieza el lío. Pero la patada, o la no patada, ha ocurrido. Que cada uno haya visto una cosa no hace que ese pellizco de la historia se evapore. Pensar eso sería absurdo. Cada uno observamos una verdad, sin ser relativistas, pero cada uno es el que conoce. Tú, yo, cada uno tiene un acercamiento distinto a los hechos. Y cuando pretendamos contar los hechos vistos, escogeremos unas palabras que no elegirán otros. Porque cada uno es distinto. Y eso es un tesoro.

Una realidad multilateral lleva consigo que la verdad no puede ser agotada por ningún formulamiento humano. Es decir, hay muchos acercamientos válidos, pero los que tergiversan los hechos no lo son.

La verdad sí existe. La objetividad, que implica que esa verdad debe ser contada de un modo único, no. No, porque no hay un relato exclusivo. Por eso me valdrían los relatos de un solo periodista, pero es más enriquecedor leer a varios para saltar las barreras del lenguaje. Así, poco a poco, estaremos más cerca de la realidad. ¿Y en la ciencia? Pienso que pasa algo semejante. Es cierto que hay un método que de momento funciona, pero ese método se va mejorando, parcheando, y poco a poco vamos conociendo. Poco a poco. La ciencia no ha descubierto todo, todavía. Es un sujeto cuya vida se compone de las de los científicos. Tiene su propia historia, como cada uno de nosotros. Es, en cierto modo, otra forma de ver las cosas.