La coronación del peón

TEDxUniversidadCatólicadeCórdoba, 2 de septiembre de 2016 (Argentina)

En la parte de arriba del placard de mi cuarto, mi papá guardaba un tablero de ajedrez. Era un tablero precioso, con piezas de marfil talladas a mano y, por supuesto, con mi hermana teníamos prohibido tocarlo. Pero una tarde, mientras mi papá dormía la siesta, nos trepamos a una silla y lo alcanzamos. Más allá del reto que nos ligamos por desobedecer, esa tarde mi papá nos explicó tres cosas: que sin tablero, no puede jugarse; que el ajedrez tiene reglas que hay que respetar; que cada jugador tiene 16 piezas que se distinguen por su importancia y sus movimientos.

Cuando alguien me pregunta qué estudiamos los internacionalistas, recuerdo el episodio que les acabo de contar. Y es que, de alguna manera, el mundo funciona como el ajedrez: hay reglas de juego y distribución de poder, que en la disciplina llamamos la estructura del sistema internacional; hay piezas, que son los Estados, las empresas y los individuos, que difieren en su importancia relativa y en sus movimientos; y hay un tablero, es decir, un medio geográfico o entorno físico en el que se desplazan las piezas.

En estos minutos los quiero invitar a ver al mundo como un tablero de ajedrez. Y para ello, elegí cuatro piezas que me resultan fascinantes: las ballenas, los pulpos, los tapones y los peones.

Ballenas, pulpos, tapones y peones

Empecemos por el principio. Las ballenas son los Estados más grandes del tablero: son grandes en territorio, población y producto bruto interno. Y, además, son potencias regionales. Esto quiere decir que, si cada continente fuese un equipo de fútbol, las ballenas serían los capitanes. En el mundo no existen muchas ballenas. África y Europa, por ejemplo, no tienen ballenas. Pero Asia, tiene dos: India y China. India se siente cómoda siendo ballena, pero a China le gustaría ser el Rey del tablero. Pero el tablero ya tiene un rey, Estados Unidos, que apoya a la India. La respuesta de China, entonces, es salir a jugar con los vecinos conflictivos del barrio: Pakistán, que cada tanto amenaza con invadir a la India, y Corea del Norte, que hace ensayos nucleares y amenaza con declararle la guerra total a Estados Unidos.

En América del Sur, tenemos otra ballena: Brasil. Brasil tiene 202 millones de habitantes, un PBI de 2.246 millones 118 mil dólares y una extensión territorial de 8.511.965 km². Si lo comparamos con Argentina, Brasil es casi cuatro veces más grande en términos poblacionales, tres veces más grande en capacidad productiva y 2 veces más grande en extensión territorial. Como ven, Brasil es más grande que Argentina en todo… ¡O bueno, en casi todo!

Maradona y Pelé

Ahora, si Argentina no es una ballena, ¿qué es? Respuesta corta: un pulpo.

Los pulpos son países macrocefálicos, es decir, tienen cabezas gigantes y tentáculos débiles. Son países con una ciudad capital donde se concentra la riqueza y la población, y el resto del territorio está subdesarrollado y despoblado. Además de Argentina, cuya cabeza es Buenos Aires, un clásico ejemplo de Estado pulpo es Rusia. Rusia tiene una cabeza gigante que se llama Moscú, y tentáculos débiles que se extienden a lo largo de los 17 millones de km¹ de territorio.

En el siglo XIX, esto comenzó a representar un problema enorme para los zares rusos. Por entonces, Moscú se conectaba con el resto del territorio por carretas tiradas a caballos y barcos de vapor que navegaban los ríos siberianos. Pero cuando llegaba el invierno, los ríos de la Siberia rusa se congelaban y los caballos no toleraban las bajas temperaturas, así que gran parte del territorio quedaba literalmente incomunicado. A raíz de ello, los zares decidieron construir el Transiberiano, una red de ferrocarriles que conecta Moscú con Vladivostok a lo largo de 9.288 km y 7 husos horarios.

Recorrido del Tren Transiberiano. Fuente: http://palytra.com

¿Por qué no existe un Transpatagónico en la Argentina?

Si seguimos nos encontramos que, entre la ballena brasilera y el pulpo argentino, hay un Estado tapón: Uruguay. La creación de Estados tapones fue una herramienta muy utilizada por la diplomacia británica durante los siglos XVIII y XIX, y fue una estrategia muy inteligente. Lo que hicieron los británicos fue apoyar la creación de colchones de aislamiento entre países hostiles para prevenir futuras guerras —y, de paso, ganar un nuevo aliado en una región.

Entre 1825–1826, por ejemplo, se libró la Guerra del Brasil entre Argentina y Brasil. Cuatro años después, en 1830, Uruguay declaró su independencia con apoyo de la diplomacia británica. De esta manera, el Reino Unido se aseguró no sólo de evitar una futura guerra entre Argentina y Brasil que desestabilizara la región, sino que logró evitar que los dos países más grandes de Sudamérica controlaran ambas márgenes del Río de la Plata, principal ruta de comercio para los británicos.

Pero hasta aquí, hablé de tres tipos de jugadores que son Estados, países. La última pieza de nuestro juego, sin embargo, no lo es: el peón.

A los peones, en el ajedrez, se los llama piezas menores, es decir, piezas que, por sí solas, no podrían ganar una partida de ajedrez contra un rey solitario. O sea: si en un tablero sólo quedasen un peón y un rey de equipos contrarios, el peón no podría jaquearlo. Pero hay una excepción a la regla: si el peón llega al otro extremo del tablero, se convierte automáticamente en una pieza mayor: torre, caballo, alfil o Reina. Esto se conoce como la coronación del peón.

Si lo pensamos detenidamente, la coronación significa que, a medida que un peón avanza, su poder relativo aumenta. Es decir, se hace más importante en el juego y se empodera respecto de otras piezas. Y esto es lo que pasó con el individuo en el sistema internacional: se convirtió en un actor más y más importante con el correr de los siglos.

El mundo actual sigue estando dominado por Estados como los pulpos, las ballenas y los tapones, pero las personas como ustedes o como yo, consideradas en su individualidad, son cada vez más capaces de mover recursos, alcanzar objetivos e influenciar a otros actores del sistema internacional —sean Estados o no.

El empoderamiento de los peones, ha obligado a repensar cómo estudiar y cómo comprender al mundo. En un mundo dominado por Estados, los espacios geográficos en los que se plasmaba el poder eran cadenas montañosas, fronteras, ríos, llanuras. En un mundo con peones empoderados, las interacciones políticas, económicas y religiosas tendrán lugar en espacios que todos nosotros transitamos a diario.

¡Hagamos una poll! ¿Quién de ustedes ha visitado recientemente un shopping? ¡Levante la mano! ¿Quiénes han viajado en transporte público? ¡Manos arriba! ¿Cuántos se han alojado, alguna vez, en un hotel? ¿Y quiénes han visitado un aeropuerto?

Sara Fregonese y Adam Ramadan (2015), dos investigadores británicos que concentraron sus investigaciones en el rol que juegan los hoteles, advirtieron que desde el siglo XX los hoteles ya no son solamente lugares turísticos para relajarse lejos de casa, sino espacios de importancia geopolítica. Veamos algunos ejemplos.

Los hoteles Hilton, durante la Guerra Fría, sirvieron de nodos de proyección del poder de los Estados Unidos. En el lobby de un Hilton, uno podía percibir el estilo de vida capitalista en ciudades tan lejanas como El Cairo, Atenas o Estambul. Otro hotel, el Rex de Ho Chi Minh, sirvió de sala de redacción para los corresponsales de guerra durante la Guerra de Vietnam. Y el Olympia, en Mogadiscio (Somalia), fue utilizado por los generales de Aidid como cuarteles de guerra en 1993.

Otro ejemplo. Cuando el Ejército Republicano Irlandés (IRA) quiso asesinar a Margaret Thatcher y a todo su gabinete en 1984, colocó una bomba en el famoso Grand Hotel de Brighton. La Dama de Hierro salió ilesa y su gabinete también, pero hubo cinco muertos.

Si analizamos casos más recientes, la dinámica es la misma. En marzo de este año, el Estado Islámico perpetró dos ataques terroristas en Bruselas. Uno de ellos fue en la red de metro, y otro en el Aeropuerto. Lo interesante del asunto fue que, el hotel Sheraton del aeropuerto, sirvió de infraestructura sanitaria para las víctimas del atentado. Algo similar sucedió en julio, cuando un joven abrió fuego en un shopping de Múnich, pero primero lo hizo en un McDonald’s.

La guerra y la paz, el conflicto y la cooperación, la seguridad y la inseguridad van a permear, van a atravesar, espacios que todos nosotros transitamos a diario: hoteles, aeropuertos, trenes. Por eso, quiero que piensen detenidamente esta idea: durante muchos siglos, los Reyes y las Reinas dominaron el tablero de ajedrez. En el siglo XX, el peón fue avanzando algunos casilleros, pero fue el siglo de las ballenas, los pulpos y los tapones. El siglo XXI será el siglo de los peones coronados. Peones conflictivos o cooperativos. Peones tolerantes o peones intolerantes. Pero, en cualquier caso, peones con más capacidad para conseguir recursos, proponerse objetivos y, desde micro-espacios de tránsito cotidiano, cambiar el mundo.

Y ahora sí: ¿cómo termina una partida de ajedrez? ¡Con un jaque mate! Muchas gracias.