La crisis de los gilipollas

Hoy ha sido un día de estos, en los que te levantas y notas que algo ha cambiado. No sabes bien qué, pero notas que algo falta. Hay un vacío que está ahí, que no puedes definir muy bien y eso te pone un pelín nervioso.

Te levantas, te preparas el café, enciendes el ordenador, o pones la tele, o abres el periódico y al tercer trago algo en tu cerebro dice “clack” y de repente te das cuenta de qué es lo que falta. No es por alguna mágica propiedad del café, de la que no tenías ni la más remota idea hasta el día de hoy, sino porque ahí está, un título en bold y con letra de H1 (o sea, bien grande), que dice que la Crisis se ha ido. Y no es que lo diga quien sea, sino el propio presidente del gobierno, el señor Rajoy.

De repente te notas algo más ligero. Hasta puedes oír el canto de los pájaros que en este momento supera el ruido del martillo neumático del vecino, que te ha despertado y por eso en un principio estabas algo mosqueado, cosa que te impidió definir el vacío que ha dejado la Crisis al irse.

Sales de tu casa y enfrente vez a una pareja joven que esta removiendo los cubos de basura. Un tío y una tía que tienen pintas de antisistemas. Los reconoces porque si no, ¿por qué estarían metidos en esa basura? ¿Por qué si la Crisis se ha ido ya? ¿Acaso pretenden tener hambre? Hombre, la chica parece algo pálida y flaquilla, pero seguro que está fingiendo. ¡Esos antisistemas! ¡Que listos son! Habrán notado antes que tú, que la Crisis se va y han dejado de comer esos últimos días. Por lo menos unos tres días, al juzgar por la pinta que tienen.

¡Eso sí que te ha jodido! ¡Ahora sí que estás furioso! El día que la crisis se pira, vienen dos tíos enfrente de tu casa y se ponen a remover la basura solamente por joderle al señor Rajoy. ¡Manda huevos!

¿Pero qué se cree esta pandilla? ¿Qué con estos baratillos trucos ideológicos te van a hacer creer que la Crisis sigue aquí?

Estás enfadado, y con razón. Y justo en el momento en que decides meterte con los dos flacuchos de mierda —que se han quedado así solamente por llevarle la contraria al señor Rajoy— alguien te coge el hombro. Giras la cabeza y menuda sorpresa. ¡Ahi está la Crisis!

No se te ocurre otra cosa que decirle:

—¿Oye, pero tú que haces aquí, no te habías ido?

—¿Irme? Si estaba a la vuelta de la esquina.

—Pero el señor Rajoy dijo que nos habías dejado.

—¡Qué va! La que os ha dejado ha sido la puta de mi prima, la Crisis de los ricos. Vamos, la entiendo, si la mitad de la gente con pasta esta en la cárcel y la otra mitad la tiene en bancos en Suiza, ¿cómo quieres que la pobre se gane la vida?

—Entonces, ¿tú quién eres?

—Yo soy la Crisis de los gilipollas. Por eso sigo aquí. Hombre, no vivo tan bien como la gorda esa, la Crisis de los ricos, pero donde falta calidad hay cantidad y aqui lo que no falta son gilipollas.

—Lo siento —dices— voy a dejarte, que tengo que ir a trabajar.

—Dejarme —te sonríe la Crisis—, bueno, supongo que es una manera de llamarlo.

Puede que no hayas oído sus últimas palabras porque tienes prisa para ir a trabajar. O puede, que sea porque de nuevo te notas entero. Ya no está el vacío y no te importa nada más. Tu personal Crisis no se ha ido y todo va en orden. Todo va bien. Sabes que algún día te va a dejar, ¿pero con tanto gilipollas por ahí, alguien lo puede garantizar?

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