La forma de relatar tu vida construye al mismo tiempo tu propia vida

Una parte de nosotros se define por la historia que contamos de nosotros mismos a los demás y esa definición, a su vez, influye en nosotros.

Cuando los miembros de una familia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o los profesionales piensan que una persona «tiene» una cierta característica o un problema determinado, están ejerciendo un «poder» sobre él al «representar» este conocimiento respecto a esa persona. Por tanto, en el terreno de lo social, conocimiento y poder están inextricablemente unidos.
—Karl Tomm, psiquiatra y terapeuta familiar.

¿Has mentido cuando te preguntan algo de tu vida que no deseas mostrar? Por ejemplo: no aceptamos ciertos gustos de intereses culposos o no comentamos algunas de las actividades que hacemos por temor a ser juzgados. El juicio que la gente hace de nosotros es el poder que ejercen sobre nosotros. O dime, ¿por qué negar ciertos intereses, no comunicar ciertas actividades que hacemos o mentir sobre aspectos de nuestra vida? Yo creo que, aunque no lo sabemos conscientemente, lo hacemos para no dar ese poder.

El juicio que la gente hace de nosotros está construido en parte por lo que dicen los demás de nosotros y también se construye por lo que nosotros relatamos de nuestra propia vida. Y no creas que esto sucede solamente cuando nos sentamos en un café con un amigo a contarle nuestras anécdotas de vida. El relato lo contamos en nuestras interacciones sociales cotidianas: en el trabajo, reuniones, redes sociales, etcétera.

Te voy a pedir que conozcas a Sam en dos fiestas distintas y consideres tus juicios hacia él.

FIESTA 1
Sam acude a una fiesta donde coincide contigo y tú decides invitarle un trago.
Sam: No, gracias.
: ¡Vamos! Tómate uno conmigo.
Sam: No, gracias. Soy alcohólico y no puedo tomar.
AHORA OLVIDA AL SAM DEL EJEMPLO ANTERIOR Y CONOCE A ESTE OTRO SAM.
FIESTA 2
Sam acude a una fiesta donde coincide contigo y tú decides invitarle un trago.
Sam: No, gracias.
: ¡Vamos! Tómate uno conmigo.
Sam: No, gracias, así estoy bien.

Ya te habrás dado cuenta que puedes crear en la gente un juicio de ti que te beneficie, te incomode y en el peor de los casos te perjudique. Como dijo Karl Tomm, conocimiento y poder están inevitablemente unidos. Pero en lo que dijo Karl también falta resaltar lo implícito, nosotros damos ese poder, lo modificamos y lo moldeamos. Si inevitablemente damos un «poder» a la gente cuando nos conoce, tratemos de que nos favorezca o nos perjudique lo menos posible.

Hay personas que usan este «poder» a su favor de forma perversa. Esto es mintiendo con alevosía sobre su vida para favorecerse en el corto plazo, ya sea mediante la mentira de un éxito que no existe para que la gente lo crea y los mantenga, o mediante la mentira de una necesidad extrema para que la gente la crea y los ayude. Por ejemplo, los charlatanes que venden milagros o los que fingen una enfermedad para recaudar dinero.

También hay personas que meditan lo que dicen para contar en mayor medida lo bueno de su vida. No es que nieguen lo malo para crear un relato color de rosa, sino que saben dónde y con quién sacar lo malo —por ejemplo en psicoterapia— y en su vida social se centran en contar más lo bueno que lo malo.

Finalmente hay personas que no se dan cuenta y simplemente relatan todo lo malo, desfavorable y trágico de su vida, construyendo así esa imagen desfavorable de sí mismos. Tal vez Sam sea un alcohólico diagnosticado pero, ¿será necesario que se etiquete a sí mismo en todo momento? Quizás en algunas ocasiones será necesario o conveniente y eso solamente podría determinarlo Sam, pero habrá que preguntarnos si hace falta ponernos etiquetas (buenas o malas) en todo momento.

¿Es necesario que le digamos a cualquier persona y en todo momento nuestras condiciones, características o situaciones problemáticas?

Las etiquetas de aspectos problemáticos que nos autoimponemos las vamos dejando en nuestro contexto y posteriormente el contexto se encargará de recordárnoslas y reforzárnoslas. Si constantemente digo que no puedo, el contexto me lo reforzará. Si digo que no tengo, el contexto me lo reforzará. Si digo que soy enojón, tonto, malo, celoso, etcétera, el contexto me lo reforzará.

Las personas son moldeadas sin cesar por sus contextos y por las características que éstos traen a la luz.
—Salvador Minuchin, psiquiatra y terapeuta familiar.

Si fueras el protagonista de una película, ¿cómo preferirías que te juzgue la gente? Puede ser como una película de terror y causes temor; una de suspenso y causes desconfianza; una de comedia y causes risas y burlas; o una de acción y causes expectativas idealizadas de salvar el mundo. La película que yo quiero proyectar es la de un ser humano con fallas pero que está en crecimiento permanente, sin ninguna etiqueta.

Escribo este artículo porque en el pasado conté durante años una historia de mi vida que ahora no soy ni deseo. Me ha costado trabajo cambiar la película que hice en el pasado, más con las personas que me conocen desde adolescente. Aun así siento que voy bien. He decidido ser más reservado y reducir en mi discurso cotidiano las etiquetas y las quejas para llevarlas a psicoterapia y darles un mejor tratamiento.

Una pregunta más para la reflexión:

¿Por qué las etiquetas buenas también nos perjudican? El artículo estuvo centrado en los relatos de nuestros aspectos problemáticos pero el relato de una vida perfecta también nos perjudica desde la idealización. Por ejemplo cuando te planteas como el héroe que va a salvar al mundo, sin duda le fallarás a mucha gente que te creerá perfecto y magnificará tu defectos.

#Conócete a ti mismo #Conocerse es amarse

Facebook: Conocerse es amarse y Twitter: @FernandoAdaya

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