La Información es Poder.

La información está por todas partes y, aún así, no nos enteramos de nada. ¿Por qué? Hay dos motivos: el primero es que hay mucha información y el segundo que sólo nos interesa un tipo de información concreta.

Sufrimos un bombardeo constante de noticias con hechos y datos, pero también de opiniones, tanto de los protagonistas como de cualquiera que pase por ahí y caiga bajo el radar del informante. A pesar de tener tanto a nuestro alcance, nos interesa el tipo incorrecto de información: la estúpida.

El cotilleo, el rumor, los dimes y diretes sobre tal o cual famoso es lo que más vende. ¿Por qué nos interesa tanto conocer la última escapada de esa actriz de la que no hemos visto ni una película? ¿Por qué queremos saber qué ha hecho en su último concierto ese cantante del que jamás hemos escuchado nada? Por lo visto es una necesidad humana. Crea lazos sociales, nos permite juzgar si una persona es aceptable en nuestro entorno y produce una serie de procesos hormonales que ¿ya te estás aburriendo? Claro, es información técnica.

A esto le sigue todo lo que alguien tenga que decir sobre sexo. Cualquier cosa que se escriba con la palabra «sexo» incluida, por muy tonta que sea, tendrá más atención que la misma estupidez sin esa palabra de por medio.
En la serie de ficción MADMen, Peggy Olson le dijo a Don Draper que «el sexo vende» y él se ofendió muchísimo porque le pareció un recurso barato para un publicista de categoría. Sin embargo, por mucho que le duela a Draper, es cierto. «11 claves para tener sexo en la primera cita» tendrá muchas más consultas que «11 claves para tener un buen día», por mucho más complicado que sea actualmente tener un buen día que sexo en la primera cita.

Por último, las noticias absurdas que cuentan cómo asomó un cocodrilo por el wc, cómo los pelirrojos están en peligro de extinción o una lista con los peores casos de cirugía estética se cuentan también entre las más vistas porque son una distracción de la rutina aburrida de nuestras vidas y de la realidad.

Las noticias sobre política, economía, guerras, derechos humanos y demás, nos parecen un rollo. Nos deprime tanta corrupción, tanta muerte y tanta injusticia. Si le prestásemos atención a todas esas cosas viviríamos amargados constantemente y, la verdad, bastantes penas tiene cada uno en su vida como para estar escuchando todo el día las del mundo entero.

Eso no significa que no nos solidaricemos o que no sintamos las desgracias ajenas o que no nos indigne cuando el Gobierno y demás panda de mangantes nos roban. Lo que pasa es que levantarse todos los días para procurarse un modo de comer resulta agotador y lo último que nos apetece es prestar atención a algo que nos aburre o que nos cabrea.

Sin embargo, creo que de vez en cuando uno puede alternar esos momentos de pasarlo bien y relajarse con los amigos, de leer un buen libro o de ver una peli divertida con los momentos de interesarse por lo que pasa en tu país. No ya en el mundo, que parece mucho pedir y agota sólo pensarlo, sino de lo que la gente que te representa (a la que estás pagando el sueldo) hace.

Sé que es posible que, dedicándonos todos un poco a fijarnos en la información correcta, abramos los ojos y nos decidamos a actuar para tomar las riendas. A ver si así no nos dirigimos a la emboscada en la que nos van a dejar en pelotas y a marcharse con el botín.

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