La juventud se cura con el tiempo, la estupidez no

Hombre Jose, acércate que tenía ganas de hablar contigo hace tiempo. ¿Sabes quién soy? Me imagino que no por la cara que estás poniendo, pero ahora te lo explico. ¿Te acuerdas cuándo eras pequeño, creo que estabas haciendo tercero de EGB y se acabo el curso y todos tus amigos se marchaban de vacaciones, y te pusiste a llorar porque añorarías a tus amigos? ¿Te acuerdas cómo reaccionaron tus padres? Sí, veo que te acuerdas. La verdad es que te tocaron unos padres que hicieron lo que pudieron pero realmente no daban para más. ¿Te acuerdas de esa sensación de calma y aceptación que te recorría el cuerpo al cabo de un rato? ¿Esa idea de que todo tiene su momento y que hay que vivir el ahora y no aferrarse al pasado? Sí, ya sé que no tenías edad para estos conceptos pero tenía que hacer algo porque te veía realmente afectado y no podía dejarte así. Sí, es cierto, era yo el que te provocó esa sensación y soy el mismo que te gritaba al oído «pídele salir» en más de una ocasión, pero en esto no supe ayudarte y siempre buscabas excusas para no mostrar lo que sentías, enterrar los sentimientos y fingir que tú ya estabas bien como estabas. Te dolían y, por lo que veo, te duelen en exceso los rechazos y sigues gestionando tu corazón y tu cerebro como si fueran empresas distintas sin darte cuenta que son parte de la misma cosa, de ti mismo.

Sí, ya sé que ahora eres consciente de ello y que no acabas de entender para que te cuento algo que ya sabes, pero esa no es la razón por la que quería hablar contigo. Llevamos ya muchos años juntos, te he visto en tus mejores momentos, me has hecho reír, llorar, desesperarme y sinceramente, me alegro de ser tu compañero de viaje. No me mires así y deja de ser tan cínico, lo digo en serio y deberías de saberlo, pero también te digo que esto no se ha acabado y que te queda mucho camino por delante, nos queda mucho camino por delante y creo que es momento de que charlemos de tú a tú para dejar un par de cosas claras.

Crees que has cometido muchos errores en tu vida, pero déjame ser sincero, tú no eres la primera alma que he de lidiar y te puedo asegurar que no te has equivocado ni la mitad de veces que las debieras. No, déjame hablar, primero porque en la ruleta de la suerte te tocó ser demasiado inteligente y pocas veces te equivocas y, segundo, porque te horroriza tanto equivocarte, exponerte ante la crítica, que la mayoría de las veces prefieres recluirte y no arriesgarte. Te sientes más seguro sentado en una esquina aislado del mundo pensando en todas las posibilidades que tiene una situación en vez de explorarla, y como comprenderás, si en vez de vivir la vida te dedicas a analizarla la posibilidad de equivocarse es realmente pequeña, y de paso, que es lo que a ti te interesa, pasas desapercibido y sin que nadie te pueda señalar con el dedo.

Es hora que dejes tu juventud donde tiene que estar, en el pasado. ¿Qué tiene que ver con esto? Pues todo, sé que has perdonado a tus padres por los errores que todos los padres cometen, y reconoce que tu también te equivocas con tus hijos, pero lo que es inaceptable y más a tu edad, es que sigas arrastrando tics de cuando tenías ocho años o quince años. Que sí, que cuando tenías quince años te hicieron mucho daño, lo sé, recuerda que yo estaba allí, ¿pero qué vas a hacer? ¿Salir corriendo a algún lugar de tu memoria para esquivar la vida que tienes? Esto se ha de acabar, no puedes decir que sí a todo o callarte por miedo a lo que van a pensar. Eres bastante más listo que la mayoría de personas, lo cual es una putada, lo reconozco, porque ves más allá de muchos y como no has practicado tus habilidades sociales te ves incapaz de defender tus puntos de vista, o te agota discutir obviedades, pero las normas del juego no las he puesto ni yo ni tú y has de empezar a participar.

Es que, en serio, todo este mito que te has construido tú solo para funcionar es un poco estúpido, si me permites el atrevimiento. Sé que tú tampoco te lo crees y los que realmente te conocen —que sí, te doy la razón, son pocos— se lo creen, eso de que tú eres más un observador y que no te involucras, en el fondo te mueres por participar, por quitarte de encima este peso y saltar a la piscina para nadar con el resto de los seres humanos.

Por eso quería hablar contigo, estás prácticamente en la mitad de tu vida y ya has aprendido más de lo que muchos podrán aprender, pero lo has aprendido a través de libros, de las experiencias de otros y creo que es el momento de que dejes de leer y te pongas a vivir. No tengas miedo en equivocarte, porque dudo que lo hagas, tienes demasiada cabeza como para hacer locuras irreparables, pero no te desesperes si algo no sale bien, porque a pesar de que ya peinas canas todavía estás aprendiendo y lo seguirás haciendo hasta que te mueras.

Y antes de que me vaya, me gustaría decirte una última cosa, no quiero tener esta conversación de nuevo, tienes todas las herramientas y las capacidades necesarios, sal y vive porque creo que ya es hora.


Publicado en Exelisis

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