La novia de Alejandro

Jueves en la noche, Juan José tenía que estudiar y Joaquín me llamó para ir a cantar a un karaoke con sus amigos del otro bando, ¿qué mejor plan podía pedir mi novio? Como llevaba meses acostumbrándome a no compartir con Juanjo por su falta de tiempo y esto no generaría una batalla entre nosotros, acepté encantada. Miré mi ropero, hacía meses que no me interesaba ponerme algo diferente, así que el atuendo de esa noche lo escogí meticulosamente. Me cercioré de verme lo mejor que pude y funcionó.

—Luchi mi amor estás divina —dijo Joaco mientras me subía a su carro—. Menos mal ahora no te arreglas solo para tu novio Luchi, además véame ese vestido tan espectacular, la cola se te ve de infarto, Lucía te felicito, creo que has vuelto a ser tú.

—Exagerado, es solo que retomé el gimnasio Joaco —dije sonriente.

—Pues se te nota muchísimo.

Mientras llegábamos al karaoke me di cuenta que la mayoría de veces me había sentido mal cuando hacía planes sin mi pareja. Recuerdo una noche que salí a tomarme unos tragos con Lorenza y Valeria y no tuve paz. Juan José me escribía intensamente al celular diciéndome que estaba mal salir sin él y advirtiéndome que iba a empezar a salir con sus amigos todos los fines de semana. La situación se tornó más incómoda.

—Suelta ya ese celular —me dijo Lorenza mientras me lanzaba su mirada típica de fastidio y enojo.

—Ya voy, es que Juan José se puso bravo porque no le dije que viniera.

—No estaba invitado Luchi —me dijo Valeria, con aire de realidad.

—Yo sé que no estaba invitado pero cuando salgo con alguien diferente así sean mis papás se pone cansón.

—Suelta ya ese celular Lucía o te lo escondo. Él no tiene ningún derecho a hacerte sentir mal, llevábamos casi dos meses sin verte, ¿cómo va a ser entonces cuando se casen? Dijo Valeria de muy mal humor.

Lorenza cogió mi celular, lo apagó, y lo guardó en su bolso.

—Se acabó, esta es tu tiempo con nosotras, que te deje disfrutarlo tranquila —dijo Lorenza.

—¿Y si llega acá?

Nos miramos unas a otras con algo de temor y luego soltamos unas risas. Ellas tenían razón, ¿por qué me sentía tan mal? Juan José me hacía sentir a través del teléfono como si lo hubiera abandonado, según él su único plan era yo y me recriminaba que cuando nos casáramos las cosas iban a cambiar, me decía que desde que nos habíamos hecho novios él había cambiado muchas cosas por mí, entonces que pensara muy bien si cuando me casara con él también lo dejaría tirado los viernes por la noche.

Que irónica era nuestra relación. Al principio él demandaba todo mi tiempo para él, ahora era yo la que tenía que conformarme con el pedacito de tiempo que le sobraba. Entramos al lugar, en la mesa nos esperaban los amigos de Joaco y Pipe y tras un par de tequilas comenzamos a cantar. Luego de que interpretara mis mejores versiones de Ana Gabriel y Selena en el momento culmen de la noche cuando más entusiasmada estaba, lo que nunca imaginé pasó.

Alejandro entró por la puerta de la mano de una mujer alta y delgada, cabello hasta la cintura, se notaba que varios cirujanos le habían ayudado con su cuerpo y su cara. Me acerqué a Joaquín con más de dos tequilas en la cabeza.

—¡Por qué no me dijiste que Alejo iba a venir!

—Ay Luchi, a propósito Alejandro me pidió tu número de teléfono.

—Claro, fuiste tú… La alegría de Joaco alumbraba su rostro en medio de la oscuridad.

—Por favor, dime que están hablando Lucía, ese es el hombre para ti, te lo aseguro…

Dejé a Joaco hablando solo por un momento mientras me concentraba en ella. Lo que más me llamaba la atención era el aire de superioridad con el que caminaba, antes no soportaba a las personas con delirio de grandeza, ahora me limitaba a ignorarlas y a reírme de ellas para mis adentros.

—Así que ella es su «larga historia» de la que no quiso hablar nada el otro día.

—Su nombre es Andrea y es su novia. La de toda la vida «mijita» —me dice Joaco mientras me acerca su copa para brindar.

—¿La de toda la vida?, ¿carajo Alejandro tiene novia? —Sonrío, algo de esto me producía felicidad, quizá el hecho de que estuviera comprometido lo hacía menos una tentación. Pensaba, «¿por qué no me habrá contado sobre ella?».

Andrea era sin lugar a dudas una mujer bonita. De lejos se notaba la antipatía que le producía aquel plan y sentía pena por ella, porque no hay nada más cansón que acompañar a tu pareja a planes que son divertidísimos para él pero que a ti no te gustan. Mientras caminaban por la habitación y ubicaban nuestro grupo se veían distantes el uno el otro, como un par de desconocidos que salen por primera vez. Algún roce entre los dos había, eso se notaba a leguas.

—Demasiado arreglada para mi gusto —me dijo Joaco mientras levantaba el brazo para que Alejandro pudiera ubicarnos.

—No digo nada porque no sé qué tantos defectos se vería para terminar operándose tantas cosas dije.

Si Andrea era bonita, pero no tenía nada natural y yo no salía de mi asombro.

—Por eso, acomplejada, además es una vieja jartísima, Alejandro es un imán para las locas, y yo siempre he querido algo normal para él, alguien natural en todos los sentidos como tú, Luchi.

El ideal de belleza femenino es uno de los misterios más grandes de la humanidad. Algunas se consideran bonitas en su forma simple, natural y básica, es decir como Dios las trajo al mundo, se aceptan como son y no se ayudan como se dice popularmente. Otras realmente lo son, mujeres que no tienen necesidad de trabajar más por su belleza porque de hecho son hermosas, sin maquillaje, peinado elaborado, asistencia nutricional o enviciarse con el gimnasio. Pero la gran mayoría se sale de estos dos patrones y se concentra en encontrarse defectos para luego sondear la mejor manera de corregirlos. A esto hay que sumarle la cantidad de información que se recibe a través de millones de servidores humanos y digitales acerca de lo que la gente piensa sobre qué eres o cómo te ves, cómo deberías verte o cómo les gustaría que te vieras. Es una situación muy triste. La baja o poca autoestima femenina es un karma que nos ha perseguido desde generaciones atrás y que no distingue raza, color, forma de vida, poca o mucha inteligencia, es triste o es lo más triste porque a pesar de tener todos los medios para combatir el mal, muchas mujeres en lugar de amarse y reconocerse únicas y hermosas continúan en su búsqueda de defectos muchos de ellos inventados.

Por fin, Alejandro nos había visto y se dirigía a la mesa. No cabía en su asombro al verme, su cara cambió totalmente, me sonrió y yo le devolví la sonrisa, a estas alturas no me importaba si tenía pareja o no, aunque internamente aceptaba que Alejo me gustaba un poquito no era el momento. Verlo me alegró la vida después de varios días sin saber de él. Andrea se sentó rápidamente sin saludar, aprovechando el bullicio que había en la mesa llena de gente y que le hacía barra a una mujer, claramente despechada, que torpemente cantaba una canción de Marc Anthony al otro lado del lugar. Me burlaba viendo como Joaquín intentaba hacer que Andrea se integrara al coro de la canción, distrayéndola para que Alejandro y yo pudiéramos conversar. Alejandro pasó por detrás de mi silla y me cogió la mano.

—Luchi, te ves divina con ese vestido —sus palabras sonaban deliciosas en su voz tan sexy.

—(Sonrío) Gracias Alejo, estás muy guapo también.

—En serio estás espectacular, hermosa.

—Gracias Alejo, muy querida tu novia.

—Sí… ella… bueno… no quería venir, pero al final decidió acompañarme.

—Entonces sí es tu novia.

—Es una larga historia linda —sonreí, entendía cuando era incómodo hablar así que cambié de tema.

—No entiendo qué tanto podrías disfrutar tú un plan de estos —la sonrisa no se me quitaba del rostro y a él tampoco.

—Francisco me llamó y me dijo que Joaquín venía para acá pero que él no lo podía acompañar. Este sitio no es muy seguro, viene mucha gente intolerante y ellos a veces se meten en problemas. Le prometí a Francisco que los mantendría a salvo.

Hubo silencio entre los dos, nos miramos, en sus ojos podía ver la alegría que le daba encontrarse conmigo y mis ojos reflejaban lo mismo. Levanté la mirada para dirigirme a Joaco y me di cuenta que Andrea nos miraba fijamente, sentí que no había pasado mucho tiempo mientras conversaba con Alejo. Sentí miedo. Miedo de la forma en que Andrea me miraba, de una confusión, de un show, de los celos de aquella mujer, un miedo mayor al que sentía de terminar mi relación. Sentí miedo de entrar en un juego que no quería. Sí, Alejandro me gustaba y comenzaba a sentir un cariño por él, pero yo no estaba dispuesta a ganarme problemas por ser su amiga.

—Así es, pero ya estás aquí y me alegra que los cuides, porque tengo que irme.

Le di un beso en la mejilla y lo abracé, caminé a la mesa y tome mi bolso, me despedí de todos, incluyendo a Andrea y con mucha calma salí del karaoke, despacio como quien no quiere irse.

Pasados cinco minutos mientras esperaba un taxi cuando escuché:

—¡Luchi!

Volteé.

—¿Paso algo, Alejo?

—Joaco me dijo que tú venías, era una razón más para venir.

Llegó el taxi.

—Gracias Alejo por tantos piropos, cuídense mucho. Me subí al taxi y le sonreí a través de la ventana.

El trayecto me pareció más largo que de costumbre. Ya en mi casa caí en la cama rendida y recordé a Alejandro, lo guapo que se veía esa noche y lo dulces que habían sido sus palabras. Nada se puede comparar a ese momento, esa pequeña fracción de segundo donde la química se hace más fuerte, los pelos se te ponen de punta, sonríes más de la cuenta y descubres que alguien te encanta y aunque no puedes evitarlo, lo controlas. La dulzura de Alejandro no se hizo esperar.

(En EasyTalk) Alejandro López: En serio te veías divina con ese vestido, Lucía. Descansa.