La oportunidad

Pánico, ansiedad y otros infiernos…

Por Pixabay

“Donde hay miedo, es obvio que no hay libertad, y sin libertad no hay amor” — Krishnamurti

Difícil de reconocerlo, superar lo que creemos erróneamente como debilidad o defecto. Aceptar que el miedo existe, que forma parte de todo ser humano y que no es el enemigo, puede ser el inicio de un buen camino.

Intentar eliminarlo, nos llevará a sentirnos exhaustos y fracasados. Aceptar su existencia en nuestra vida, nos ayudará a descubrir más sobre nosotros mismos. El miedo siempre disfraza aquello que algunas vez decidimos ocultar y olvidar.

Es difícil, pataleamos como niños, nos resulta injusto, nos sentimos extraños y deseamos gritar una y otra vez ¡esto no soy yo! Mal que pese, se instala en nuestra vida de manera paralizante y extrema, por muchas características de lo que somos. Mejor dicho, lo que fuimos siendo y haciendo con nosotros mismos sin darnos cuenta. Presión por ser algo que deseamos como conveniente, perfección, carencias mal resueltas, silencios auto forzados y sobre todo por creer que el miedo es una emoción que no podemos sentirla, y la negamos. Evitando conectarnos, escucharnos, tratarnos con paciencia.

Una situación externa, a veces no reconocida, puede exponer todas esas emociones reprimidas de la peor manera. Ataques de pánico, ansiedad, baja autoestima, depresión, etc.

¡Lo sé! Lo que más quieres es volver a tener tu vida como era “antes”, quieres volver el tiempo atrás, pero quien eras es lo que te llevó a este punto. ¡Y no te enojes! Ya lo entenderás…

En realidad este infierno no es resultado de ser personas débiles, se trata de forzarnos a ser demasiados fuertes y tolerantes, de no respetar los limites mentales y sobre todo emocionales. Nadie puede caminar con demasiado equipaje.

¡Prepárate! Te guste o no, en el camino que quieras o no, deberás transitar. Te espera la negación, la inútil vergüenza a ser etiquetado de débil, loco, vago, etc.

Buscarás en los más íntimos ayuda, comprensión y no siempre sucede. Es allí donde debes mantener calma, serenidad y tiempo para no empeorar la situación aún más. Por más que esas personas nos amen, que deseen ayudarnos, no todas pueden llegar a comprender lo que nos pasa o pueden creer saber como ayudarnos y equivocarse. Es aquí en donde debes “perdonar” por aquellos que no logran entender, y no usar de manera inconsciente esa situación como una piedra más en tu camino.

Inicias un peregrinaje hacia la paz, aunque no lo quieras creer, en donde la impotencia se mezcla con el miedo irracional que se apodera de tu mente y sientes que vives en un cuerpo equivocado. Privado de la libertad por tu propia mente.

En ese camino, perdidos, desesperados, asustados vamos librando batallas desgarradoras, en donde podemos perder partes esenciales de nuestra vida. En pocas palabras, sentimos que vamos perdiendo aquello que era “nuestra vida”, trabajo, vínculos, oportunidades, esperanza, fe…

¡Calma! La vida como conocías ha cambiado, pero tal vez sea la oportunidad para encontrar una mejor o, mejor dicho, para comenzar a conocerte y dar lugar a lo que tu interior ya no soporta más guardarlo.

Lo sé… si estás cruzando las brasas no es muy alentador leer estas palabras, pero una de las cosas que más van a ayudarte es entender que el pasado es eso y que ahora la única opción es el presente. Escapar, lo aseguro, es la peor.

Por Pixabay
Si te detienes la tendencia es a empeorar y si continúas sin conectar con tu interior, con lo más profundo de tus sombras, caminarás en falso. No tengas miedo de lo que sucede, sentir que todo a cambiado no es completamente negativo.

Despacio no significa ineptitud, tratarte con compasión no es sentir pena y conectarte con vos mismo no es ninguna fórmula mística. Se trata de que muy delicadamente comiences a ver que hay detrás del miedo, de la ansiedad. Hay emociones que suelen guardarse tan profundamente que cuesta volver a encontrarlas.

Si no nos animamos a abrir la caja negra, perdemos la oportunidad de conocer lo más importante, el lugar donde realmente somos, sin el “deberíamos ser”, nuestro interior.

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