La teoría del McDonald’s

Cuando intentamos decidir dónde almorzar y ninguno de mis compañeros de trabajo propone una alternativa, suelo utilizar un pequeño truco: recomiendo ir al McDonald’s.

Ocurre algo interesante. Todos, unánimemente, están de acuerdo en que no podemos ir al McDonald’s, por lo que sugieren mejores lugares. ¡Magia!

Es como si, gracias a la peor idea posible, se hubiera roto el hielo y, ahora que el debate ha empezado, la gente se vuelve repentinamente muy creativa. Lo llamo La teoría del McDonald’s: la gente se siente inspirada para tener buenas ideas, con el fin de descartar las malas.

Esta es una técnica que utilizo mucho en el trabajo. Los proyectos comienzan de diferentes maneras. A veces, estás trabajando en un encargo. En ocasiones, oyes el rumor de que algo puede llegar y, mucho antes de que ocurra, empiezas a pensar en ello. En otro momento, llevas meses o años jugando con una idea antes de compartirla con tu equipo. No hay un proceso definido para todo el trabajo creativo, pero he llegado a creer que todos los emprendedores creativos tienen una cosa en común: sienten que el segundo paso es más fácil de dar que el primero. Siempre.

Anne Lamott aboga por redactar «borradores de mierda», Nike nos dice que «simplemente lo hagamos [“Just Do It”]» y yo recomiendo el McDonald’s para conseguir que la gente se sienta tan asqueada que proponga una idea mejor. Todo es lo mismo. Lamott, Nike y La teoría del McDonald’s nos dicen que el primer paso nunca es tan complicado como nosotros creemos. Una vez recibí un correo de Steve Jobs y contenía solo una palabra: «¡Adelante!».
Exactamente. Sumérgente. Hazlo. Deja de repensarlo.

La próxima vez que le estés dando vueltas a una idea en tu cabeza, encuentra el coraje para silenciar a tu yo crítico el tiempo suficiente como para coger un papel y un bolígrafo y empezar a bosquejarla. Podrías pensar, «¡Pero es que no tengo demasiado tiempo para esto!». O «Probablemente, la idea es estúpida» o «Creo que voy a navegar por internet y ver qué hay…»

No. Cállate. Deja de sabotearte.

Lo mismo ocurre con los grupos en el trabajo. La próxima vez que se estén desarrollando las primeras etapas de un proyecto, coge un rotulador, ve a la pizarra y escribe lo primero que se te ocurra. Lo más seguro es que la idea sea una tontería, ¡pero eso es bueno! La teoría del McDonald’s nos enseña que servirá de detonante para que el equipo reaccione.

Hace falta un extraño tipo de coraje, de enfoque, de perseverancia imprudente para silenciar todas esas dudas durante el tiempo suficiente, como para conseguir avanzar. Pero es posible, solo hay que empezar. Supera la primera barrera y, simplemente, escribe las cosas en el papel. No es el tipo de cosas que se pueden hacer mentalmente; tienes que escribir algo, dibujar algo, hacer algo y después revisarlo.

¿No sabes cómo empezar? Dibuja algunas formas y, a continuación, etiquétalas. Di: «Lo más seguro es que esto sea una locura, pero si…» e intenta que el boceto encaje con el problema que tratas de resolver. Como si fuera un hechizo mágico, en el momento en que pones las cosas por escrito, algo increíble ocurre. Todos verán tus ideas, propondrán las suyas, actualizarán tus propuestas y, pasados 15 minutos, 30 minutos, una hora, habréis logrado progresar.

Así es como se hace.