La vida es un viaje

Nuestra vida es un viaje de ida. Cada día avanzamos algunos pasos. A veces, vamos muy cargados y otras, más livianos. Lo mismo sucede con la velocidad: aunque por momentos creemos que llegaremos a destino en poco tiempo, nos damos cuenta que no siempre podemos manejarlo y que existen otros factores que apresuran o ralentizan el andar.

Las paradas están a cada momento y nos permiten encontrarnos con otros viajantes. Muchos se cruzan, pero son pocos los que se animan a acompañarse mutuamente al menos una parte del largo trayecto.

El camino suele tener numerosos obstáculos que nos harán dudar de si vale la pena seguir, si es la dirección correcta o si es necesario pasar por esas dificultades. La respuesta a estas preguntas nunca parece estar clara aunque suele ser «sí». Lo fundamental es seguir adelante, recordar los pasos ya caminados pero no volver atrás, y tener clara la meta final pero disfrutar el trayecto a cada momento.

Hace tiempo decidí que no quiero quedarme al lado del camino viendo pasar la vida. Por más que cueste, quiero ser parte de esta aventura única e irrepetible que me invita y nos invita a ponernos en marcha desde el primer día y hasta el último. Quiero cumplir una misión y ser auténticamente yo a cada segundo. Quiero vivir la vida en todo momento como pueda, como me salga, aportando lo mejor de mí.

Mayo 2016.