Las armas son la cura estadounidense original para la impotencia

Amigos, ¿os sentís oprimidos? Y con «amigos» quiero decir «gente blanca», y con «gente blanca» quiero decir «gente que no está oprimida». ¿Estáis paranoicos con que vuestros derechos de nacimiento no os den derecho a absolutamente nada?

En ese caso consulta con el dueño de tu tienda de armas más cercana si una pistola es adecuada para ti.

Las armas son la cura estadounidense original para la impotencia. Estas personas sufren de disfunción erectil en el alma. A las personas nos encantan los falos. Obeliscos y misiles y astas con banderas confederadas, ondeando. Un arma puede hacer que un hombre pequeño se sienta grande. Un apretón del gatillo y ¡bang! La sangre se precipita a la carne sin sangre. La flaccidez espiritual se pone tumescente. Aquellos que están aterrorizados de un mundo que no ofrece nada más que cambios se hinchan inmediatamente con coraje barato.

Un arma significa que puedes matar sombras antes de que tengan la oportunidad de desaparecer con el alba.

Por una modesta suma el estadounidense medio puede adquirir un poder que probablemente sienten que se les ha negado. Con un arma, la gente no puede evitar escucharte. Eres respetado, lo que es genial, especialmente cuando sientes que mereces respeto sin haber hecho nunca nada para ganarte ese respeto.

Las armas enseñan a los animales del bosque quién es el jefe y, como bonus extra, puedes llenar un congelador de garage con carne que ninguno de tus amigos o familiares realmente quiere. La mayoría de los ciervos son unos cabrones y tienen lo que se merecen.

Gracias a las armas, puedes proteger lo que es tuyo. Es decir, América. Los blancos básicamente inventaron América. Es por eso que disparan a tanta gente. Sólo como un recordatorio. No me acuerdo de qué Jefe Nativo Americano, viendo los rifles del hombre blanco en acción, famosamente dijo «Maldita sea».

Soy una persona blanca. My madre biológica es mejicana-americana. No sé cuál es la política actual del KKK en cuanto a los mestizos, pero parezco blanco, y eso es por lo que recibo un servicio excelente en Starbucks.

He disparado un arma en un campo de tiro en Texas. Es bastante emocionante. Te sientes muy poderoso. Fuí durantes el primer tratamiento de quimio de mi padre. Estaba furioso y asustado y me imaginaba volando en pedazos sus tumores. Pero el cáncer es a prueba de balas.

Durante esos breves y efímeros momentos de ka-pum, yo era un Dios de saldo con el poder de la vida y la muerte en mis suaves y lechosas manos.

Disparar un arma es como hacerle una paja a la erección de un Transformer. Después, te das cuenta de que «esto no es un juguete, es una herramienta diseñada con un fin: matar».

Si, una arma es sólo una herramienta. Un objeto inanimado. Una cosa. Pero si se prohibiesen las guitarras acústicas, nadie podría tocar «Wonderwall» en el micrófono abierto del bar. Supongo que podrías tocar una versión con la pandereta. Así que se tendría que prohibir eso también. O simplemente prohibir la canción «Wonderwall».

Crecí en el Sur. Me encanta el Sur. Galletas y salsa de carne, Flannery O’Connor, Stax Records. Martin Luther King. A veces, se culpa al Sur de los pecados de todo el país. Pero al Sur le encantan sus pistolas, porque a muchos las armas les hacen sentir que aún tienen una oportunidad de resucitar una civilización aristocrática donde todos conocían el lugar que les corresponde. Especialmente los esclavos.

Cuando ves a alguien enseñando con orgullo la bandera confederada, lo que estás viendo es a un cerdo sentimental añorando una época más simple, en la que los blancos estaban al cargo. Las cosas eran diferentes entonces. Ahora, los blancos están al cargo.

Mi infancia estuvo llena de muñecos de jardín y visitas escolares a campos de batalla de la Guerra Civil y charlas con recreadores de la Guerra Civil, que fueron los primeros en hacer cosplay. No sabía qué significaban esos símbolos, y mi madre seguro que no iba a decírmelo. El odio es más fácil de enseñar que el amor porque el odio da un propósito instantáneo, sin ningún esfuerzo, y el amor no es más que valentía constante frente a la total incertidumbre.

La igualdad no es divertida. Por eso es que los señores de la guerra parecen disfrutar sus vidas, que suelen ser cortas.

En retrospectiva, quizás Grant y Sherman fueron demasiado sutiles. Yo fui a la universidad en Richmond, Virginia. He oído que hay granjas estupendas para ir a comer y kayak allí ahora. Pero será para siempre la capital derrotada de otro país. Hasta el día de hoy, puedes encontrar al fantasma de Jefferson Davis bebiendo en un mar, murmurando sobre lo que podría haber hecho para salvar la causa. En Richmond, hay una avenida que tiene exclusivamente estatuas de Robert E. Lee, J.E.B. Stuart, «Stonewall» Jackson, y demás. Se llama Avenida Monumento, pero a mí me gusta llamarla Avenida de los Trofeos de Segundo Puesto.

El Sur volverá a alzarse, resoplará, y volverá a sentarse.

Lo pillo. Las armas son la Viagra que mantiene el recuerdo de la gloria robada erecto y engrasado.

Mientras tanto, se prescriben armas cada hora de cada día. 12 de 10 portavoces de la Asociación Nacional del Rifle están de acuerdo en que las armas son buenas para racistas con baja autoestima. A la gente le encanta odiar a la ANR. Pero a mí no. Esos viejos chochos son consistentes de forma reconfortante.

La ANR es sólo la agencia de relaciones públicas de una industria. «Las armas no matan personas, las personas matan personas» es el «fumar no causa cáncer» de los fabricantes de armas de fuego. Toda su gracieta consiste en en el absurdo argumento de que la Segunda Enmienda está en peligro. No son abogados de derechos constitucionales. Están en contra de la regulación de armas porque es mala para su negocio.

Los liberales muerden el anzuelo de la Segunda Enmienda todas las veces. Todas. Las. Veces.

La ANR no otorga el derecho a poseer armas. La ANR, simplemente, se beneficia de ese derecho. Es decir, ¿crees que las armas ilegales se cosechan en campos ilegales en Sudamérica? No.

El «derecho a tener armas» no está en peligro. La Segunda Enmienda no se va a ninguna parte. Es casi imposible enmendar la Constitución. Los Padres Fundadores lo previeron. La última vez que se hizo fue hace más de 40 años. No hay forma de que dos tercios de los representantes de estados actuales voten para revocar una enmienda que básicamente le da permiso a EEUU para matarse. Los Padres Fundadores eran una pandilla deliciosamente macabra.

Que no se diga que Estados Unidos no es gótico. EEUU es jodidamente gótico.

Ahora bien, hay gente que no está de acuerdo conmigo. Si te encuentras en una discusión civilizada con alguien así, puede que te veas preguntándote «¿Me van a disparar?» Muy a menudo, quien es muy apasionado con sus armas habla de ellas con una furia emocionalmente desequilibrada que te hace pensar que te van a disparar. Es una buena forma de ganar una discusión. Es una buena forma de ganas todas las discusiones. ¡Armas! ¿Qué no pueden hacer?

Traer de vuelta a la vida a los inocentes, por ejemplo. Devolver abuelas e hijos y amigos a los brazos de sus seres queridos.

Disminuir el crimen es otra. Si mencionas esto a, digamos, alguien con opiniones políticas diferentes, puede que digan «Chicago». Todo lo que tienes que decir es «Nueva York», y entonces tener una conversación madura sobre cómo el fracaso de las políticas gubernamentales y la desigualdad económica conspiran para crear ciertas tendencias criminales. Luego acordad que mientras que el crimen realmente ha bajado a mínimos históricos, aún hay mucho trabajo que podemos hacer como sociedad, e id a disfrutar de un banana split, porque son deliciosos.

Las armas sólo son una garantía para salvar tu vida si eres la estrella de una película como «La jungla de cristal», la cual, aunque pueda sorprenderte, no está basada en una historia real. «Quien a hierro mata, a hierro muere» es la única cita bíblica respaldada por las estadísticas modernas.

Las armas deberían estar reguladas. Los fetichistas de las armas de fuego no quieren ver arruinadas sus fantasías adolescentes de poder por una charla de responsabilidad personal. Quieren hacer volar bandidos imaginarios mientras fantasean. «Habríamos ganado el Álamo… si yo hubiese estado allí», susurran mientras se dejan llevar a sueñolandia.

¿Recuerdas cuando la industria automovilística luchó a muerte contra los cinturones de seguridad? Calla, no te acuerdas de eso. Si lo haces, eres bastante erudito técnicamente para tu edad. ¿Quién odia los cinturones de seguridad? Las armas deberían ser más seguras, y deberían estar en manos de personas que puedan probar que no están jodidamente locas.

Lo que quiero decir es que el gobierno lo sabe todo de nosotros de todas formas. Si temes que el gobierno, no sé, te pisotee porque eres una serpiente de dibujos animados, entonces a) deberías estar en contra de la militarización del servicio de la ley, y b) probablemente ya tienes un arsenal impresionante.

Aquí va una lección de capitalismo: se puede regular las armas de forma eficiente, y Estados Unidos seguirá comprando las suficientes para que el resto de países se encojan de miedo y piensen «nunca, nunca invadiremos a esos locos».

Tienes derecho a poseer un arma. Te hará sentir seguro en un mundo de cambios constantes que inducen ansiedad. Si te chutas con pena por ti mismo, un arma te hará peligroso. Pero no te equivoques: a Estados Unidos le encantan las armas porque a los estadounidenses les encantan sentir que están completamente a cargo de su destino.

Pero por favor ve al médico si tienes una erección durante más de cuatro horas. Preferiblemente, a un psiquiatra.


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