Las distintas caras del cambio

Hoy me he despertado, y de chiripa he recordado que tocaba post. La verdad es que estos días me veo envuelto en una vorágine de cambio que está alterando todo lo que me rodea, y me hace ver las distintas caras que tiene, y me hace sentir sus múltiples efectos por muy experimentado que ya esté.

Desde hace un tiempo, antes de empezar el instituto, he sufrido en mi vida cambios importantes que le han dado la vuelta a todo, con una periodicidad aproximada de dos años. Además lo de trabajar en startups hace que te muevas en un entorno altamente volátil, en el que tienes que estar (junto con tu equipo) preparado para variar cualquier cosa, desde el color corporativo hasta el lugar dónde vives.

Para afrontar el cambio, es muy importante conocerse a uno mismo, pero también es muy importante conocer lo que normalmente provoca, para entender las reacciones del resto de personas que se vean afectadas por él.

Tampoco os penséis que me voy a poner en plan filosófico referenciando textos de psicología evolutiva, solo pondré sobre la mesa algunos puntos que creo que todos habremos vivido de uno u otro modo:

El cambio asusta

El cambio da miedo, es algo de lo más normal cuando no estás seguro de que te vas a encontrar. Es como andar a oscuras por una casa que no conoces, provoca un alto nivel de incertidumbre, aunque sólo sea porque no sabes si le darás una patada descalzo a una mesa, y ya puedes haber andado a oscuras por un millar de casas, que esta será diferente a las anteriores.

El cambio ilusiona

Una de las posibles consecuencias de la incertidumbre es que nos hagamos unas altas expectativas. Las negativas nos provocan ese miedo del que hablábamos antes, pero las positivas nos generan unas ilusiones que nos decepcionarán en el futuro si no se cumplen. Es como si al andar por esa casa desconocida esperásemos encontrar una tarta de chocolate en la cocina, es algo que motiva mucho y nos hace luchar contra el miedo de dar patadas descalzos, pero si no queremos tener un futuro decepcionante, es una idea que no debemos mantener en nuestra cabeza. Además, el estar pensando en ese objetivo concreto, que no sabemos si va a llegar, nos hará perdernos posibles cosas en el descubrimiento del camino que estamos llevando.

El cambio estresa

Tanto el miedo como la ilusión nos provoca que le demos vueltas, que proyectemos imágenes de nosotros mismos enfrentándonos a esos futuros inciertos, que intentemos cubrir todas las posibilidades, cuando es algo imposible de manejar. Es una situación estresante para cualquier, y algunos lo llevarán mejor y otros peor, pero a todos nos vendrá bien eso de “keep calm and carry on”.

Estas emociones todos las habremos vivido de uno u otro modo. Al menos yo las he vivido y las estoy viviendo. Están ahí, y hay que vivir con ellas. Sin embargo, para controlar sus efectos hay algunas cosas que se pueden intentar hacer.

Recordar el pasado es algo muy importante. Dicen que “aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, y aquí se aplica al 100%. ¿Cuantos cambios hemos sufrido en nuestras vidas? Seguro que muchos. ¿De qué nos sirvió tanta preocupación, tantas expectativas o tanto estrés? Seguro que de nada. ¿Nos hemos perdido cosas que podrían ser interesantes por estar centrado en objetivos con los que nos habíamos obsesionado? Pensadlo bien.

Si intentamos ser pragmáticos, hay que quedarse con las cosas que nos resulten útiles. Por ejemplo podemos quedarnos con un poco del estrés que nos ayude a estar alerta, pero no tenemos que estar alerta exclusivamente sobre los factores externos, y tenemos que preocuparnos también por los internos y estar pendientes de que el estrés no supere los límites en los que deje de ser beneficioso. Lo mismo pasa con el miedo o las expectativas, que nos ayudarán a tener cuidado o a seguir avanzando, pero como he dicho siempre:

todo en su justa medida es bueno, y en exceso no hay nada que no sea malo

Finalmente creo que es muy importante que sepamos aceptar las cosas. Muchas veces nos resulta más fácil aceptar las cosas malas, y cuando nos pasan cosas buenas pensemos que no nos las merecemos, creemos que ha sido una casualidad. Esto, es una tontería. Un sabio amigo cubano, de la que ha sido mi empresa (Mindrop) hasta el viernes pasado, me decía que las casualidades no existen, que es todo estadísitica. A veces nos encontramos en la media, y a veces (cuando lo vemos todo negro) nos encontramos por debajo de ella, pero por mera estadística no nos pueden estar pasando cosas malas continuamente y en algún momento se tienen que juntar las buenas y hacernos estar por encima de la media.

Pensadlo, en porcentaje: ¿cuántas veces habéis andado descalzos a oscuras por una casa desconocida? ¿Cuántas veces habéis dado una patada a una mesa? ¿Cuántas veces os habéis encontrado una tarta de chocolate en la cocina?