Lectura furiosa ‘round’ 2: La guerra no es cumbiamba

Fracasé. No llegué a leer todos los libros que imaginé. Sólo terminé leyendo 34 de los 50 propuestos. Dos menos que hace un año cuando estaba publicando mis primeras acciones en esta guerra que decidí adelantar contra los tiempos modernos. Todo esto porque se me ocurrió que podía combatir la omnipresencia del Internet y la vida virtual con la acotada e infinita existencia de los mundos literarios —he aquí un oxímoron.

Hace un año estaba sorprendido por la cantidad de libros que había leído, pero hoy ese no es el caso. Justamente porque como todas las guerras, esta no es color de rosas.

Empezaré diciendo que en la calentura de mis primeros resultados me reté con un objetivo mucho más exigente. Concluí que si había podido leer 36 libros, estaría en capacidad de llegar a 50 dado que ya sería un combatiente más curtido en el azaroso arte de la guerra y en particular de la lectura furiosa. Ese no fue el caso, tristemente. Si bien hubo voluntad, para poder alcanzar el siguiente escalón se necesita más que simplemente querer leer. Hay que hacer modificaciones de fondo para desechar aquello que limita el tiempo y recursos valiosos para esta lucha. Esas modificaciones impactan por supuesto la guerra en todas sus esferas, porque la guerra —como aprendí este año— es dinámica.

Algo que deja en evidencia esta afirmación es por ejemplo, la elección de las armas. Con arma me refiero al texto, pero no a su contenido si no a su formato. En mi caso, la lucha se hizo más aguerrida desde que empecé a utilizar un lector digital; uso el Kindle de Amazon por pura casualidad. Podría usar el Nook de Barnes & Nobles sin ninguna preferencia más allá de que el segundo soporta el formato epub. De forma análoga se podría plantear el tamaño de los libros en físico. No hablo de la longitud sino de la capacidad de entrar en un bolsillo o transportarlo fácilmente. Total, la guerra de guerrillas que estamos adelantando exige que cada lugar y cada instante se pueda convertir en un escenario y momento decisivo para el desarrollo general de la operación.

Así mismo, me ha resultado muy útil tanto para conseguir libros dignos de leer como para reportar los avances la plataforma Goodreads. Esto porque al ser una red social que tiene como eje central la literatura, resulta crucial para explorar nuevos géneros y estilos. Así mismo permite ponerse una meta de lectura en el año —tal como hice y fracasé— que permite ver de forma sucinta cómo se va desarrollando la guerra en general.

Ahora bien, quisiera hacer un comentario breve de algunos títulos que pasaron por mis manos durante estos 365 días de acción y que vale la pena mencionarlos en la clausura del mal logrado año literario.

‘Niebla’, Unamuno

El primer combate arrancó con un libro que había acordado leer con mi amigo que vive en el campo. Hice frente a la inclemencia veraniega con Niebla, de don Miguel de Unamuno. No lo disfruté. En el especial porque mi paladar literario se atosigó con sus planteamientos filosofocristianos que en mi opinión son refritos insalvables. Llegó a ser bastante predecible y aburrido hasta el punto que una vez terminado, me llenó de júbilo de saber que don Miguel y yo no nos cruzaríamos más.

‘Menón’, Platón

Este libro me sorprendió mucho. Lo agarré como queriendo fastidiarme rápido y resultó ser sugestivo y rebelde. Sócrates nunca escribió, así que todo lo que se sabe de él viene a través de las transcripciones de su alumno Platón. Este texto es una de las tantas conversaciones en las que él plasmó la genialidad y humildad de su maestro, particularmente en una conversación que gira alrededor de la virtud. Un libro corto pero contundente que invita a reflexionar respecto a qué es y cómo se adquiere la virtud. Por aquello de que si vamos a la guerra, sea enarbolando la bandera del bien y la única forma de saber ello qué es, es a través de la virtud.

‘La Náusea’, Sartre. A propósito de la cual escribí una corta nota

‘El banquero anarquista’, Pessoa

Esta fue la segunda obra que leí de un autor que para mí se reveló con la misma potencia que Borges pero sin sus complicados vericuetos. No dejando por eso de ser exhaustivo e inmensamente reflexivo. La obra discurre como una conversación entre dos amigos, siendo uno de ellos un banquero anarquista. El argumento en el fondo me resultó flojo, porque palabras más palabras menos lo que plantea es que la forma de salvarse de este sistema opresor es teniendo dinero. Cosa que no era difícil de sospechar desde antes de emprender la lectura. Sin embargo es interesante la crítica que hace al lugar común que ocupa por vox populi la anarquía. Que no es más que una interpretación palmaria y superficial de una idea que para ser ejecutada tiene que ser precisamente todo lo contrario. Pero bueno, en la teoría hasta el comunismo sirve.

‘Los hermanos Karamazov’, Dostoievski

Este libro merece una disertación larga y personal, espero algún día animarme a entrar en los maravilloso y clarificadores recovecos del maestro Dostoievski. Lo que sí resulta trascendente en virtud de la Lectura Furiosa es que después de haber terminado esta obra, la encontré en una prestigiosa librería. Quedé maravillado por la edición, pero por sobre todo, de su imponente volumen que me hizo caer en cuenta de que si no hubiera adquirido una copia —pirata— para el Kindle, sin duda alguna nunca lo habría leído. Perdiéndome la enriquecedora perspectiva de la iglesia ortodoxa respecto a la iglesia católica e ignorando la voluptuosidad del exquisito drama en el que el autor logra envolver al lector.

‘Breve historia del tiempo’, Hawkings

Este texto para mí fue como hilar todos los nombres que había aprendido desde la primaria hasta la universidad. Pude entender a grandes rasgos por qué tipos como Bernoulli merecían que se recordara su apellido, seguido de un largo y popular etcétera. Definitivamente es un libro obligado para aquel que quiera poner en orden el rompecabezas de fórmulas y nombres de física y matemáticas que ha adquirido durante los años de educación. Así mismo resulta profundamente esclarecedor para aquel que quiera entender rápido y a vuelo de pájaro en qué se encuentra la física hoy y en qué se diferencia de la de ayer.

‘De la guerra’, Clausewitz

Este libro para mí es icónico. Me resultó profundamente esclarecedor en un sentido personal, familiar e intelectual. Por haber nacido en un hogar con padre, madre y abuelos militares, este texto para mí, fue una pieza que le hacía falta al rompecabezas de mi vida.

Clausewitz propone una idea en apariencia sencilla pero en sí poderosa y compleja. La guerra es dinámica. Pero para llegar a ello empieza por plantear que la guerra es arte y ciencia, de ahí el título por la incapacidad de trazar la línea en arte o ciencia, De la guerra. Una vez expuesta esta definición prosigue incansablemente y con minuciosidad matemática a analizar cómo el dinamismo afecta e influye en los componentes de la guerra. Dejando como resultado una teoría circular que trasciende los tiempos —se escribió en el siglo 19 pero sigue siendo de obligada lectura para los militares actuales— y la esfera bélica. Sus principios y enseñanzas resultan útiles para todo aquello que sea dinámico, los negocios, la política, los debates, etc. Este libro no sólo me cambió la forma de ver la vida sino la forma de plantear precisamente esta guerra contra la ignorancia y el dogmatismo.

‘Apología de Sócrates’, Platón

Un libro profundamente conmovedor. Se trata del juicio de Socrates y como este se defiende para eventualmente terminar siendo hallado culpable de pervertir la juventud y, por ende, condenado al destierro o a beber de la letal cicuta. A mí me sorprendió los paralelismos entre este juicio y el de Jesucristo. Me resultó transversal en ambos relatos la humildad con la cual se asumió el destino, sabiendo desde la estructuración de los argumentos como este era fruto de una inconsistencia con la cual los ejecutores y la historia habrían de convivir.

‘Un mundo feliz’, Huxley

Por último, esta pieza majestuosa que es el perfecto complemento a 1984 que tuve la oportunidad de leer el año anterior. En él se plantea una perspectiva del futuro que es todo lo contrario a lo que Orwell planteaba en su escrito. Siendo fiel a este estilo, la novela se desenvuelve en un eje en el cual prima el placer y este es utilizado como medio condicionante para cada actividad humana. Es de obligada lectura para los defensores del todo tiempo pasado fue mejor.

Como siempre, la puerta queda abierta a discusiones. Déjenme saber qué libros están leyendo y les contaré los míos. Obviamente para el 2017 me propondré leer 50 libros. Si no lo logro, lo intentaré en el 2018 y así ad infinitum.