Lo que me pasa ahora

Hace frío. Mucho frío. Los primeros fríos del año, y esta vez vinieron más temprano que lo usual. El viento helado golpeándome en la cara, la nariz roja y congelada, dedos como un freezer. Gélidos.
Caminando por la calle me encuentro con gente con la cara pálida, bufandas hasta la nariz, camperones y botas. Paso todo el día esperando llegar a mi casa para abrigarme más y ponerme cómoda. En llegar y cuando se haga la noche, dormir calentita debajo de las sábanas, abrigada, sin despertarme en toda la noche… para volver al otro día a los maltratos del tiempo.
El frío (además de todas estas cosas inútiles que escribo solo por las ganas de escribir que tengo) me da ganas de tomar café. Amo el café. Me gusta sentir el calor contrastando con el tiempo.
Si pudiera, si no me muriera de hipotermia, iría a la playa con el tiempo helado como está ahora solo para ver el agua. Me encantaría estar sentada en la arena, mirar fijo hacia el agua y ver las gotas caer fuerte. Pero no, no me gusta mojarme con la lluvia, que irónico. Disfrutaría y sería uno de mis lugares de paz mental si pudiera estar sola en una playa, sentada, con cuatro grados pero en fin, en paz. Como siempre hablo en casi todo lo que escribo, paz y tranquilidad. Algo que siento que a veces necesito cada día y nunca me doy el espacio para tenerlo. Tampoco tengo como, así que no me puedo quejar.
En fin, el frío. En dos meses voy a querer el sol quemándome la cara otra vez, pero todavía falta…