Lo que te va a salvar

Lo que te va a salvar de las miserias, de los dolores, de la pobreza mental es escribir, me digo, y miro la oficina, repleta de papeles sin sentido, miro los escritorios, los estantes, la impresora. Lo que te va a salvar es escribir, vuelvo a decirme. Es un mantra. Si todo se sale de control —y todo lo hace— lo que te va a salvar es escribir.

Repito mi mantra mientras escucho excusas infantiles de mediocres con corbata, cuando leo los diarios, cuando me doy cuenta de que el día en el que vivo es igual al que viví ayer y, probablemente, al de antes de ayer. Lo repito mentalmente después de mi primer pensamiento del día, cuando leo algo que me transporta, cuando siento que el tiempo se va y es imposible de recuperar. Lo digo cuando me trabo en algún cuento, cuando estoy bloqueada, cuando una situación cotidiana abre la posibilidad de una historia. Lo digo cuando corrijo y siento que camino en círculos. Cuando me siento sola, cuando me siento poco, cuando me siento deprimida y a la vez sonrío y digo que todo está bien.

Lo que te va a salvar es escribir, las palabras resuenan en mi cabeza mientras estudio, antes de dormirme, en el baño, mientras cocino. Me lo repito automáticamente ante el desamor, el esnobismo, la mentira. También ante mi desamor, mi esnobismo y mis mentiras. Se lo canto a mi cerebro cuando no sé qué hacer de mi vida, cuando todo parece caerse.

No debería darle tanta importancia a mi salvación. No soy una princesa en una torre. Aun así, escribir va a salvarme.

Va a salvarme de mí.