Mantener el enfoque en un entorno complicado

Como todos los días, Juan se levantó muy temprano para llegar a su puesto de trabajo. La noche anterior, y después de terminar sus quehaceres familiares, organizó y priorizó todas sus actividades debido a que próximamente tiene una fecha de entrega por vencer. Hasta ahora todo es de apariencia normal, lo que hace interesante este contexto es que él sabe que algo puede ocurrir en las próximas horas. En el país donde vive pudiera ser víctima de un atraco ya que 5 de cada 10 personas dicen haber pasado por episodios similares, en ocasiones hay racionamiento del sistema eléctrico nacional por lo que sus faenas pueden ser interrumpidas por horas y de forma arbitraria, debe comprar medicinas y/o alimentos para su casa y en su país hay un desabastecimiento del 85 % y, si la encontrara, quizás no pueda pagarlas debido a que su país tiene la inflación más alta del mundo y, por supuesto, él sabe que su rendimiento es medido en su organización y debe entregar los resultados esperados para evitar unirse a la creciente tasa de desempleo.

Ahora bien, en un estudio realizado por la universidad Harvard en 2010 (Matthew A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert), se determinó que casi la mitad de la población encuestada no estaba concentrada en la actividad que desempeñaba, es decir, mientras le dedicaba tiempo a una actividad su mente se encontraba en otro lugar, esta cifra me sorprendió e inmediatamente me pregunté, ¿cuál sería la cifra si la encuesta se hubiera llevado a cabo en un entorno como el descrito anteriormente? Si a usted también le impacta este hecho, imagine que porcentaje de tiempo de plena atención le dedica Juan a una actividad. ¿Cuánto podría mejorar su productividad si lograra concentrarse aunque sea un 5 % más? Esto no es lo peor, el mismo estudio indica que las personas con una mente errante tienden a ser más infelices, sobre todo si sus pensamientos nómadas son negativos o preocupaciones.

Algunos consejos a las personas que se identifiquen con Juan, estén o no en un entorno similar al de él.

El autodominio

El autodominio cultiva el enfoque y la forma como tomamos nuestras decisiones. Por ejemplo, estar de mal humor nos hace pesimistas en la toma de decisiones, mientras que estar de buen humor favorece tener mayor creatividad, resolver mejor los problemas y contar con una mayor flexibilidad mental. Sin embargo, pueden existir inconvenientes si la balanza tiende a inclinarse de manera importante hacia cualquiera de los lados; estar de muy buen humor puede inferir en no usar el sentido crítico al distinguir entre argumentos sólidos o carentes de evidencia. Caso contrario al estar de mal humor.

Es por ello que debemos aprender a identificar cómo nos sentimos, saber cuándo relajarnos y cómo conseguirlo. Estas preguntas podrían ayudar: ¿Qué emoción siento y que acción futura la motiva? ¿Cuáles son mis fortalezas y debilidades? ¿Qué nos mueve? —visión/metas— ¿Qué tipo de valores o conductas son necesarias para conseguir nuestras metas?

Otra técnica es la de advertir el momento cuando tu mente se ha distraído y llevarla nuevamente a su objeto de concentración. Antonio Pérez, gran amigo y uno de los trabajadores más disciplinados e imperturbables que he conocido —por lo menos desde mi punto de vista—, utiliza notas para escribir el motivo que perturba su enfoque durante el desempeño de una actividad e inmediatamente vuelve a enfocarse en lo que estaba haciendo. Él logra identificar cuando su mente divaga, analiza la razón muy rápidamente y retoma su actividad con atención plena.

Meditación y ‘hobbies’

La práctica hace al maestro, y cuando de temas cerebrales se trata, el enfoque también lo podemos entrenar, mejorando así nuestra capacidad de prestar plena atención a lo que hacemos.

Muchos estudios revelan que la práctica del Mindfulness (método de meditación donde se emplea plena atención en el momento presente, sin juzgar nuestras sensaciones, sentimientos o pensamientos), han puesto en relieve la capacidad para atenuar la activación de los circuitos cerebrales en los que se asienta la charla mental centrada en el yo; esos pensamientos errantes que piensan lo que sucedió o lo que no ha sucedido aun.

Hoy día, no es común encontrar personas que quieran invertir tiempo meditando. Muchas personas lo verán como una pérdida de tiempo, pero lo cierto es que puede ser parte de nuestro entrenamiento profesional y personal para mejorar la atención. Existen también ciertas actividades que pueden exigirnos concentración, ayudándonos a mejorar nuestra atención, como los deportes extremos o deportes y actividades que requieran concentración plena. La música es una de ellas. En un artículo de la revista Physics World de enero de 2005, en conmemoración a los 100 años de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, citan a su segunda esposa, Elsa, «como joven muchacha, caí enamorada de Albert por que tocaba hermosamente Mozart con su violín… Él también toca el piano. La música lo ayuda cuando se encuentra pensando en sus teorías. Él investiga, vuelve a tocar algunos acordes en el piano, toma algunas pequeñas notas, y vuelve a su investigación».

Ya sea meditación o en su defecto actividades que requieran atención plena, estas tienen una carta debajo de la manga. Además de que la práctica prolongada mejora nuestra capacidad de enfocarnos en el ahora y bienestar, las mismas tienen un impacto directo en nuestra creatividad. «El tumulto de distracciones diarias y la lista de cosas por hacer acaban sepultando nuestra innovación», advierte Daniel Goleman. Es por ello que las grandes ideas no surgen cuando nos proponemos encontrarlas, surgen en la ducha, cuando nos encontramos con los hijos jugando en el parque, caminando por la playa, justo después de meditar, etc.

Áreas de Influencia es área de preocupación

Este es un consejo útil y muy sencillo de aplicar, lo escuché del profesor Daniel Gil’Adid. Se trata de caracterizar las situaciones en base a nuestra capacidad para cambiar un hecho que nos preocupa.

Imagina que te encuentras conduciendo tu carro en una avenida libre de paradas y, de repente, un vehículo sobrepasa su pare haciéndote detener bruscamente para evitar una colisión, quedando los dos estacionados casi de frente uno del otro. En ese momento, trata de crear conciencia cuando te secuestre la ira y piensa que el solo hecho de que le intentes enseñar al otro chofer con insultos o una pequeña discusión de minutos no cambiará su hábito. Identifícala como un área donde no puedes influir y déjala ir, no te enganches. Una persona allegada, a la que le has dedicado varias conversaciones planificadas, exponiendo claramente lo que quieres conseguir, expresándole como te sientes y aprendiendo de su punto de vista, sigue causándote molestias por un determinado tema o comportamiento, es posible que esa persona sea un área donde no puedas influir y debas entenderlo por lo que es o alejarte para que esta no sea un área de preocupación.

Solo gastemos energía preocupándonos por las áreas donde es posible influir. Es allí donde nos gratificarán los resultados.

Dedicar tiempo finito a tu preocupación y decidir.

Hace unos días preparé un taller de reuniones efectivas y entre los puntos importantes para el diseño de la agenda estaba recopilar la información requerida y organizar el proceso de discusión y toma de decisión —no pude evitar conectar esto con los dilemas que muchos viven a diario—. Creo que la mayoría de nosotros utilizamos nuestros procesos de análisis de problemas tan eficientemente como lo hacemos en reuniones: usualmente son una pérdida de tiempo y no llegan a ningún resultado. Es común, y por una razón aparentemente masoquista que tenemos muchos seres humanos, quedarnos enganchados en un mismo tema, bien sea por que simplemente desconocemos como nos sentimos o porque nos encontramos sumergidos en algún rol del triángulo de Karpman (Víctima/Perseguidor/Salvador). Para salir de esta novela te recomiendo tomar tiempo para analizar la situación.

¿Cuál es el problema?

Aunque parezca una pregunta trivial, la formulación de este es la base del dilema. Comparen lo que ocurrió o está ocurriendo con lo que se desea que ocurra o deba ocurrir, su situación actual frente a la ideal. De esta discrepancia de escenarios surgen necesidades, siendo estas necesidades clave para definir el problema.

¿Cómo cierro la brecha?

Conociendo la brecha, la siguiente pregunta obligatoria es como cerrarla o que acciones deberé emprender para ir a mi situación ideal. Esto puede ser un conjunto de tareas o actividades planificadas enfocadas al logro de objetivos que me permitan disolver la diferencia entre la situación actual y la ideal. En alguna conversación que tuve con mi cuñado, me describió este proceso diciéndome que su oficina, y ante la búsqueda de la solución de un problema, parecía una sala del mismo FBI —como la de una película del género suspenso—, con una gran cartelera de nombres, fotos, tachuelas e hilos amarrados entre sí, describiendo su proceso planificado de razonamiento de ideas, tareas, fechas y evidencias; en contraposición, existen problemas que pueden resolverse con simplemente realizar una llamada telefónica.

Manos a la obra

Una vez diagnosticado el problema y planificadas tus acciones, ejecútalas, decide pasar la página y utilizar todo esa energía de pensamientos errantes y preocupantes en moverte hacia la resolución de tus acciones. Solo cuando completes lo que planifiques habrás salido de la novela donde te encuentres.

Aunque no me gusta decir esto ya que puede limitar nuestras posibilidades, les invito a ser realistas en la formulación de la situación ideal, no la coloquemos en un área donde no podamos influir.

Tener un vida con significado, meditar y practicar actividades que demanden atención plena, alejar nuestra mente de problemas irresolubles y utilizar correctamente el tiempo y momento para pensar estratégicamente en pro de resolver nuestras preocupaciones, nos ayudará a mantener nuestra mente en el ahora. Podrán ser un poco más productivos, felices y creativos.