Manual para desaparecer lentamente

Comienza por algo que llame poderosamente la atención: aléjate poco a poco de todo el que te rodea. Pierde el contacto con aquellas personas con las que no tienes mucha cercanía, y luego ve acortando el área hasta llegar a tus amigos y familiares más próximos. En ocasiones puede ocurrir involuntariamente. Recuerda que, si es por propia voluntad, haz que sea algo gradual, sin prisas.
A continuación deberás llenar tu cabeza de tanto ruido y estrés como sea posible, para que la rutina te vaya ahogando conforme pasan los días. Cualquier tema es válido: trabajo, estudios, pareja, economía, política… de todo un poco. La cuestión es no pensar en nada que pueda subirte el ánimo.
Como consecuencia de lo anterior, irás dejando de apreciar las diferencias entre cada día, porque todos te parecerán iguales. Igualmente aburridos y monótonos. Todos serán grises. Si al poco tiempo comienzas a cuestionarte el sentido de tu propia existencia, entonces enhorabuena: vas por buen camino.
Luego puedes ir dejando de ser tú mismo. Dejar de comunicar lo que sientes, asentir con la cabeza cuando te pregunten. Abandonar la crítica y cuestionamiento cual maniquí de escaparate. Limítate a respirar y actuar como elemento decorativo si alguien se acercase a tu alrededor. Básicamente, debes llegar a ese punto en que lo único que te diferencie de un ropero empotrado sea que tú tienes dos patas y no cuatro.
En última instancia, cuando el mundo exterior no te parezca más que una sátira llena de hipocresía y anuncios de televisión edulcorados hasta la saciedad, deberías plantearte la redacción de una carta de despedida. Algo como que lo sientes, que ya nada es como antes, o que no encuentras el sentido a seguir levantándote cada mañana. Si has seguido al pie de la letra cada paso, es probable que tarden días en encontrar tu mensaje, y con suerte no serán familiares ni amigos, sino un tipo con gorra y placa, de esos que se creen los amos de la ciudad.
El truco para avanzar en cada paso es olvidar todo lo bueno y lo malo. Vaciar tu cabeza de nombres, fechas y momentos. Nada importa porque nada existirá. No me extenderé, creo que te haces una idea.
El siguiente paso tras poner punto final en el papel que simbolizará tu adiós, como buen lector que pretende alcanzar su meta, ya lo conoces, ¿verdad?