Me aburrí de ser ingeniero. Ahora soy mesero.

No me tomo una sola gota de licor hace 8 años. Esto automáticamente ya me hace un mal partido para cualquier mujer (esperen mi post sobre este tema). Es regla directa, regla de trés. Sin embargo, en las últimas semanas trabajando como mesero creo haber aprendido más de tragos que el 95% de los que pasan horas en un bar. Contaré mi historia de por qué cambié mi escritorio por un delantal y un trapo. Si no te interesa por favor dar click directamente en Recommend al final de este post y luego sutilmente oprimir ctrl + w (cmd + w si eres hipster o hacker).

“Es un ejemplo de persona”

Soy ingeniero electrónico y trabajé por un año en una consultora. Hace poco tiempo me retiré de mi trabajo para perseguir un sueño del cual escribiré en una próxima ocasión. Mi vida ha sido muy normal, mas bien aburrida considero yo. Cero riesgos, todo muy formal, todo bajo las normas, nada atrevido. Si algo admiro de mi hermano es su capacidad para arriesgar. Es un loquillo, pero se ha gozado las etapas de la vida como a mi me gustaría haberlo hecho. Los últimos años fueron de libros, libros, libros y algo de billar. “Que ejemplo de persona”, dirían algunos. Siempre me preocupé por cumplir las expectativas de otras personas. Lo más arriesgado que hice en los últimos años fue agarrar el B16 a las 11:00 pm en la estación Virrey. Ese que dice Último servicio. La preocupación por el qué dirán es algo que corta las alas a cualquier persona. Naturalmente cumplí las expectativas de mis padres, familiares y amigos. Aprendí a tocar el piano desde muy pequeño. Me gradué top 5% de dos ingenierías, callé la jeta de mucha gente cuando obtuvimos 4to puesto en el Lunabotics Mining Competition de la NASA (perdón, tenía guardado un poquito chiquito de rencor con los que nunca creyeron en Robocol). Después viajé a Seattle a presentar el GRE y lo reventé con percentil 95 en quant, y luego conseguí el trabajo que quería en mi país. Que chévere, todo salía bien, gracias a Dios.

Qué dirán, qué dirán, qué dirán

A pesar de todo esto, este último año me di cuenta que a mis 23 años he hecho una sola cosa en mi vida: vivir para los demás. “¿Dar mi opinión?” Carajo, no, puede que alguien se moleste. “¿Mostrar mi trabajo?” Ni a bala, a nadie le va a gustar. “¿Ser fisicoculturista?” Seré el perdedor de la familia, nadie lo aceptará. “¿Fumar cigarrillo?” Por supuesto, eso es lo que le agrada a la grilla que me estoy levantando. De hecho es lo que le agrada a tod… perdón, es tema de otro post. “¿Estudiar y trabajar en el exterior?” Así será, con eso llenaré de orgullo a mis padres. “¿Publicar este post?” !No! Mi papá dirá que soy un altanero y me echará de la casa, mis amigos dirán que me calme, mi novia me dejará de hablar, me eliminarán de Facebook mis amigos que no me hablan hace cientos de años, que ni se me ocurra darle publish. Qué dirán, qué dirán, qué dirán. A propósito, esto es una ridiculez, realmente a nadie le importa lo que haces. Solo te criticarán una vez, te caerán encima, y seguirán con sus vidas como si nada. A nadie le interesas, esto es una buena noticia. Me di cuenta que el molde es el siguiente: Estudias tu pregrado, trabajas unos pocos años, estudias en el exterior, consigues esposa(o), tienes familia, sigues trabajando, serás un gran gerente porque eres muy bueno, luego esperas los nietos y mueres. Sencillo ¿no?. Amigo profesional, eres muy bueno en lo que haces, si lo sigues haciendo, con arduo trabajo llegarás lejos, en 15–20 años serás un presidente respetado de una gran empresa. Viajarás por el mundo y vivirás aventuras de riesgo en hoteles de confort y comiendo incómodamente en los mejores restaurantes. Felicitaciones, sinceramente me alegra mucho. Al lector que quizás esto no le llame mucho la atención, quiero decirte si decides salirte de este molde serás el hazme reir de algunos, serás criticado por las oportunidades que estás perdiendo, serás atacado en tu casa y en tu círculo de amigos, tu mismo te sentirás un perdedor. De seguro no serás el primo modelo del cual todos los tíos hablan. Muy seguramente no aparecerás en unos años en las revistas más reconocidas como el gerente revelación de tu país. No serás muy atractivo(a) para el sexo opuesto. Verás a tus amigos progresar y te sentirás un gusano. Ahora que lo escribo, me doy cuenta que esto es precisamente todo a lo que he huido toda mi vida. ¡Y eso definitivamente me gusta!

Me aburrí

Por eso, a pesar de que no te interese y que este post lo lean 2 personas (espero que sea un poco más, mi anterior post tuvo en una semana más de 700 views y fue compartido más de 55 veces en Facebook), quiero decir que me aburrí. Me aburrí de ser ejemplo de persona. Me aburrí de ser el cordial, el atento, el primo ejemplo, el honesto Roso, como me decían en la universidad. Me aburrí de los parámetros que debo seguir. Me aburrí de la seguridad de saber qué traerá el mañana. Me aburrí de vivir aburridamente. Me aburrí del qué dirán. Me aburrí de sólo sobrevivir, de sólo seguir existiendo. Me aburrí de agradar a los demás. Me aburrí de hacer las cosas por agradar al sexo opuesto. Me aburrí de tener pena de mostrar mis gustos. Me aburrí de avergonzarme de mostrar mi trabajo. Me aburrí de sentir pena por decir abiertamente que amo a Jesucristo. Me aburrí de tener miedo de perseguir un sueño. Me aburrí de tener todo asegurado. Me aburrí de no arriesgar nada. Me aburrí de ser ingeniero. Ahora soy mesero.

Ahora soy mesero ☺

Mentiras. Ser ingeniero es lo mejor. Se lleva en la sangre. Somos raza superior, no me disculpo si alguno se ofendió con esto. El tema del mesero es simplemente un experimento que quise hacer. “¿Usted todo un profesional, un ingeniero brillante, y se va a poner a limpiar mesas y llevar cocteles?”, me decía mi señor padre, a quien amo inmensamente. Eso precisamente es lo que quiero despertar. Es el morbo por salirme de los parámetros. Por salir de mi zona de comfort. La cara de mis amigos y mi familia cuando conté esto no tenía precio. “¿Por qué le dio por esas?” “¿Usted?” “¿Se salió de semejante trabajo para limpiar mesas?”. Quiero vivir esas experiencias que las reglas del éxito impuestas por la sociedad no te deja vivir. “¿Y entonces ahora va a ser enfermero, manejar mula, echar machete en el campo y limpiar vidrios en los edificios del centro?”, me preguntaban. Yo respondo que, con toda seguridad, cuando tenga 50 años voy a recordar mucho más cuando echaba machete en el campo, que cuando me sentaba horas a hacer informes en un escritorio. Bien dice la frase cliché, prefiero arrepentirme por las cosas que hice, que por las que no hice. Muy seguramente no tendré vida de lujos en algunos años pues salirse de los esquemas trae su precio. Sin embargo, por el momento disfruto mi momento como mesero. Por el momento disfruto la incertidumbre de no saber qué traerá mañana. Por el momento disfruto no vivir para agradar a las masas.


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