Mi café no se calla

Ayer mientras tomaba café un reflejo en el mismo me regresó a ver y me preguntó dónde estabas.
“Se ha ido”, le dije.
“¿Por qué?”, me preguntó.
“No lo sé, simplemente se fue…”, solo eso supe decir.
Después de un sorbo me preguntó si acaso volverías.
“No creo”, le respondí.
“¿Por qué?”, me volvió a decir.
“No sé, lo presiento…”
Después de un sorbo más largo que el anterior me preguntó si aún te amaba.
“Sí”, fue lo único que supe responder.
“¿Por qué?, si ya no está”, me dijo con un tono de regaño.
“Ni idea, es complicado…”, lo dije con tono de decepción.
Antes de que pueda formularme otra pregunta me acabé el café, un poco amargo y frío.
Y allí quedó la taza en el lavaplatos, con marcas de alguna vez haber estado llena, igual que mi vida.

