Mi primera cerveza…

Instagram: @AnotherWriter

El agua turquesada estaba inmóvil dentro de la cueva, hasta que un humano, alto y delgado, rompió la quietud. Cayó como un ave atacando desde el cielo a su presa bajo el mar. Salió goteando y con una sonrisa blanca de extremo a extremo, se ofreció para mostrarnos el otro lado de la cueva, al que pocos turistas van.

Lo acompañamos mientras intercambiábamos preguntas sobre nuestras vidas.

— ¿Sabes lo que es estar preso?— me preguntó mientras nos deslizábamos entre las piedras.

—No, pero me imagino como se pueden llegar a sentir. — contesté, basándome en lo que había escuchado de otros cubanos, que en ocasiones no podían salir del país.

— Yo he estado preso. Que te quiten la libertad. Que te denigren. Que te rapen y desvistan, que te hagan sentir como un mero saco de huesos al que llaman por un número.

En ese momento me quedé inmóvil, miré a la amiga que me acompañaba y noté que nos encontrábamos fuera de la vista de cualquier persona; mi corazón empezó a martillar con cada latido.

— Dentro aprendí el valor de la amistad. Las primeras dos semanas todo el mundo te visita, pero a partir de ahí solo tu familia y tus verdaderos amigos continúan viniendo; en mi caso, ni uno.

— ¿Pero… por qué te metieron a la cárcel?

— Un policía me pidió mis papeles, y al contestarle que no los traía me golpeó la cara, yo le regresé el golpe y me metieron preso.

Suspiré de tranquilidad al conocer la razón. Comenzamos a confiar en él.

— ¿Y cuándo saliste? — contesté.

Se rió y dijo: “El treinta y uno de marzo. Mi madre cumplía años el treinta y decidió no festejarlo para festejarlo cuando yo saliera.”

¿De qué año? — dije mientras sonreía.

Volvió a reír. Y corrigió:

— Me refiero a hace tres días.

Me quedé boquiabierto. Recogió unas pequeñas piedras que brillaban como cristales, al juntar un puñado, nos lo dio, diciendo: “Para que se lleven un poco de la cueva con ustedes.”

Observamos la parte oculta del majestuoso lugar, al salir le ofrecí comprarle una cerveza. Asintió con la cabeza. Le entregué la fría botella, su mano tembló y con la mirada inundada en lágrimas, dijo:

— Está es mi primera cerveza en dos años y medio.

Me abrazó y le dio un gran sorbo al líquido.


Más historias en: Another Writer

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.