Nadie quiere nada

Soy nuevo en esto de la Política.

Nunca había estado en un partido. Mi deseo de participar activamente en esto de la regeneración democrática surgió al ver el desastre al que nos habían conducido los partidos tradicionales. Debo ser uno de tantos. Podría ser cualquiera de vosotros. Un día alguien me llevó a conocer el proyecto de cerca, y casi sin darme cuenta —por aquello de no decir que no lo había probado— me afilié por primera vez a un partido político. He vivido ya dos elecciones, y vamos a por la tercera. Sin desfallecer. He conocido mucha gente. Unos buenos, otros mejores. Todos ellos personas que viven bajo sus ideales y sus circunstancias personales. Desde los que vienen bendecidos por las altas esferas, hasta aquellos que sin tener padrinos tratan de labrarse una buena imagen trabajando desde abajo; desde aquellos que entraron en política con indignación, hasta aquellos que ya vivían de ella, y simplemente han cambiado el pagador de su nómina. Todos tienen algo en común: nadie quiere nada.

Unos buenos, otros mejores. Todos ellos personas que viven bajo sus ideales y sus circunstancias personales.

Nadie quiere tener un cargo, nadie aspira a formar parte de la estructura política u orgánica. Todo el mundo está aquí porque casualmente pasaba por la puerta, pero sin ambición política. Nótese la ironía. Pues yo he de decir que yo sí quiero. Yo si quiero participar en la política de mi país. Y cuando digo política, no estoy pensando en vestir trajes de sastres imputados, ni malversar el dinero público con favores a constructores, ni tener empresas en Panamá, ni vivir a cuerpo de ministro, nunca mejor dicho, a costa de los presupuestos del Estado. Yo quiero ser político en el sentido puro del concepto: contribuir para crear un mejor futuro donde vivir.

Yo quiero ser político en el sentido puro del concepto: contribuir para crear un mejor futuro donde vivir.

Para ello he decidido prepararme bien para estar a la altura de las exigencias. Trabajar codo con codo con mis compañeros por la ilusión de un futuro mejor, dar lo mejor de mí mismo por alcanzar un ideal. Que me reconozcan por mi calidad humana y mi aportación al trabajo común. Que confíen en mí, sabiendo que frente a una situación complicada actuaré de una manera honesta, correcta, adecuada y eficaz. Que me vean ambicioso, en todo lo positivo del término, con el deseo de lograr algo a priori inalcanzable, y que contribuya con ello al bienestar de los que me rodean y por quienes mi labor cobre sentido. Compasivo. Con la calidad humana de entender el sufrimiento de los demás y las ganas de hacer algo para aliviarlo. Constructivo para no caer en la ponzoñosa tentación de la crítica feroz y subjetiva. Con la creatividad que distingue a una persona carismática de otra simplemente competente. Con el ingenio y la capacidad para abandonar los arquetipos habituales y explorar el terreno del contrario. Comunicativo, sensible, accesible, rápido y certero en mis respuestas. Enérgico, consistente pero flexible; creíble y legítimo en mis opiniones. Fiel y leal a mis valores y a los principios constituyentes de quienes me dieron la oportunidad de estar aquí. Con la inteligencia emocional para forjar un acuerdo sobre objetivos comunes y posiciones enfrentadas, por muy hostil que sea el terreno. Calmado y consecuente cuando llegue la derrota, que alguna vez seguro llegará, que esos reveses van implícitos en la política. Resiliente para aprender de ellos y seguir adelante. Integrador y capaz de escuchar activamente las propuestas ajenas. Representativo. Que entienda la esencia de la Democracia, abrazando los retos y oportunidades que esta ofrece, en nombre de un colectivo, asumiendo el reto de no defraudarlo. Con experiencia contrastada que permita ofrecer garantías sobre mis competencias y capacidades para alcanzar los objetivos marcados de manera exitosa, creando equipo, dinamizando, movilizando, equilibrando, apaciguando ánimos, con capacidad de visión para proyectar nuestra idea de futuro en el tiempo y que quien la escuche se sienta identificado con ella. Y humilde. Para saber reconocer todo lo que me queda por aprender y mejorar.

Que entienda la esencia de la Democracia, abrazando los retos y oportunidades que ésta ofrece, en nombre de un colectivo, asumiendo el reto de no defraudarlo.

La tarea que me queda por delante es ardua. Me fijaré en cómo lo hicieron los hombres de Estado que consiguieron destacar en alguna de estas cualidades: George Washington por su energía e integridad, Charles de Gaulle por su flexibilidad, Winston Churchill por su inteligencia emocional, John F. Kennedy por su honestidad y representatividad, Mao Zedong por su determinación, Nelson Mandela y Mahatma Gandhi por la fidelidad a sus principios, y Adolfo Suárez, más cercano a nuestros días, por su visión y capacidad integradora. Cada uno de ellos aspiró a respetar diferentes puntos de vista, a analizar problemas e identificar las mejores soluciones sobre la base de lo que es bueno, lo que es correcto, y sobre todo lo que es adecuado al momento y al interés de la Comunidad.

Y dado que esto me llevará todavía algún tiempo, lo que quiero hasta entonces es pedirle a nuestros representantes, y a aquellos que quieran serlo, que reflexionen, que se miren en este espejo, que piensen si han adquirido ya esas cualidades, que respeten la libre opinión; que aunque todos aceptemos que formamos parte de una organización exigente, llena de intereses a veces enfrentados, aunque siempre con objetivos comunes, una organización que alguien en algún momento gestó para que hoy podamos todos formar parte de ella, intenten que prime el quiero frente al debo. Que exijan procesos transparentes, igualitarios y libres. Que se aparten de amiguismos. Que no traicionen la esencia que dio sentido a su función. Que se formen y capaciten para llevar adelante el proyecto que nos une. Que formen parte de una idea que ha de trascender en el tiempo, y que esa idea no quede empañada por la necedad y el egoísmo de aquellos a los que la política les mostró su lado oscuro, que no quede prostituida por la ambición personal de los que la vivieron mirando hacia si mismos.

No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento, decía Víctor Hugo, y yo aquí y ahora quiero pedir a todos ellos, a unos y a otros, que me hagan sentir orgulloso de formar parte de esa idea, de ese momento, porque de otra manera ni uno sólo de los pasos que he dado en este camino hacia la regeneración democrática habrán valido la pena.


Vicente J. Casanova es Ingeniero de sistemas, DEA en Project Management por la UPV y MBA por ESADE, especialista en Organización y Sistemas, y afiliado a Ciudadanos en Valencia — Ciutat Vella. Ha publicado diversos artículos de opinión en periódicos y revistas especializadas de Marketing y Management.