Nanotecnología y el acceso neuronal a internet

Si hay dos aspectos que están en pleno auge en estos tiempos son la nanociencia o nanotecnología y el internet de las cosas. Dos aspectos con los que se vislumbran enormes posibilidades, y que prometen una auténtica revolución en nuestra forma de vivir.

Ayer leí este — a mi modo de ver interesantísimo… — artículo del Huffington Post. En el que se da eco a unas declaraciones de Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, en las que presenta la nanotecnología como la mayor de las revoluciones que el ser humano ha podido experimentar. Sin embargo, el artículo abre el debate que hay en la actualidad sobre este tema, y las muchas dudas que despierta en numerosos expertos del tema.

La apertura que ha supuesto la nanociencia es descomunal, y el proceso de investigación no ha hecho más que comenzar. Los científicos han ampliado su perspectiva de lo microscopico a lo nanoscopio, abriendo así la posibilidad de intervención y creación. Medicinas que viajan a través de nuestro cuerpo por medio de nanorobots para administrarse en el órgano afectado, impresoras 3D capaces de crear objetos como ropa o casas, e incluso la conectividad del cerebro a la nube y la descarga de información a la memoria son algunas de las hipótesis que se barajan, en cuanto a las posibilidades que la nanotecnología podría ofrecernos en un futuro.

No sabemos a día de hoy si el avance científico llegará o no a ofrecernos esas posibilidades. Sin embargo ya existe un debate sobre el beneficio o perjuicio que pueden suponer, especialmente al aspecto de que la nanotecnología logre conectarse con nuestra red neuronal, ofreciendo así la posibilidad de introducir información externa en nuestra memoria como si de una descarga de datos a nuestro actual smartphone se tratase.

Imaginaros que en un futuro se consiguiese tal hito científico. Eso nos daría la posibilidad de comprar un curso de inglés con el que bastaría pagar una ingente cantidad para que la nanorobótica se encargase de que ese conocimiento fuera nuestro. O por poner otro ejemplo, que pudiésemos comprar un paquete de datos con el que hacer consultas y descargas en una internet cuya interfaz no podemos imaginar, pero en la que hacer una consulta de una información que desconocemos y disponerla en nuestra memoria fuese cuestión de segundos.

A mi modo de ver, esto presenta posibilidades tremendas. Ya que el ser humano lograría ir más allá de sus límites y expandir su conocimiento. Pero este hipotético futuro presenta, en mi opinión, cuatro grandes problemas.

En primer lugar, no cabe duda de que si se llegara a hacer reales estas especulaciones científicas, las primeras décadas serían tecnologías sólo alcanzables para la gente rica. Esto traería una descomunal fragmentación del ser humano. En la que los que han podido pagar la tecnología tendrían muchas más capacidades que el resto de los mortales.

No sólo es cuestión de ir unos años avanzados al resto, como pudo ocurrir con la era de informática o del acceso a internet. Sino que unos años de ventaja de tal magnitud de los que tienen el dinero requeriría de demasiada bondad por su parte para que la división entre ambas clases no se eternizara.

Por otro lado, mi gran duda sobre este tema es el tipo de repercusión que puede tener que nuestro cerebro interactúe con la red y con los datos. Desconozco por completo hasta qué punto hay posibilidades de ello, pero el hecho de que la información de internet (y por tanto cualquier tipo de información) pueda ir directamente a nuestras neuronas, supone cuanto menos un debate intenso sobre las repercusiones que podría tener.

Si a día de hoy vemos como la opinión pública es manejada por unos medios de comunicación ya en decadencia, no quiero imaginar lo que puede suponer disponer de un control de la información que viaja directamente a nuestra mente. La información debería ser completamente libre para que no supusiera un grave peligro de la libertad humana. Y eso no es tan sencillo como parece. Y menos cuando en el presente vemos que la democracia está siendo gravemente dañada, siendo el dominio del poder financiero, y viendo que poco hay para hacer que pueda evitar esto o al menos que conseguir revertir esta tendencia es sumamente difícil. ¿Por qué tendríamos que confiar en que existiendo estas herramientas que presentan graves interrogantes para la libertad humana, serían beneficiosas porque estarían gobernadas por un sentido democrático y una protección de la neutralidad de dichas herramientas? No es por ponerme conspiranoico, pero creo que las filtraciones del espionaje de los gobiernos de la actividad online de los ciudadanos deja una clara pregunta: ¿Qué pasaría si no sólo se pudiese extraer un nivel mucho más profundo de información de los ciudadanos, sino que también se pudiese introducir información? Creo que si estas tecnologías, hoy como hipótesis, se hacen algún día reales, les deberemos mucho a Snowden, Assange y compañía. Pues han realizado la labor, a un alto coste, de desnudar las intenciones de gobiernos, que al abrirse nuevas posibilidades y una nueva internet, invitarán a un debate que de no haberse dado sus filtraciones no tendría la misma intensidad.

Hoy nos da igual que la NSA o incluso el gobierno de nuestro país acceda a nuestro correo electrónico, nuestras llamadas telefónicas o nuestra mensajería. La mayoría no hacemos nada, que merezca la pena esconder a un gobierno, que nos cohiba de usar dichas herramientas. Poco puede importar a los gobiernos nuestras comunicaciones. Pero, ¿y si internet da un paso adelante y avanza como están tratando que avance?

Mi tercera duda, es cómo puede repercutir el abandono del uso de la memoria y el pensamiento ante la enorme facilidad que podría suponer el acceso instantáneo a una información externa a golpe de “búsqueda neuronal”. Hoy nos enfrentamos a cambios neuronales por el uso de herramientas tan básicas como el GPS o los recordatorios en el móvil. Está demostrado que nuestro cerebro y nuestro tejido neuronal se transforma con estos cambios. Ya no ejecutamos una memoria orientativa de nuestra ciudad, nos bastamos con pedirle a nuestro teléfono que nos indique cómo a nuestro destino. Tampoco tratamos de recordar algo que tenemos que hacer, nos limitamos a añadir un recordatorio en nuestra app favorita para que una alarma nos lo recuerde. Hemos externalizado algunas cosas básicas para las que antes usábamos la mente, y eso ha cambiado nuestra red neuronal. ¿Cómo serán entonces los cambios cuando usemos una herramienta tan poderosa?

Y en cuarto lugar, y por último, tengo la sensación de que la dependencia de una herramienta en el apartado de pensamiento, que supera con creces nuestras capacidades mentales, supone a corto o largo plazo una esclavitud. ¿Cómo vamos a cuestionar información que obtenemos de forma casi automática de un sistema que jamás podríamos entender por nuestros propios medios? Hoy internet es un enorme paquete de información que comparten millones de personas diferentes. El pensamiento crítico está a golpe de clic, uno lee, ve o escucha, lo mastica, lo contrasta, reflexiona y saca sus propias conclusiones. Pero en el momento en el que para pensar o informarnos, saquemos información de ese hipotético sistema, creo que sería inevitable que poco a poco el propio sistema fuera influyendo en nuestra percepción de las cosas, y tendiéramos a la larga a un pensamiento único.

Estas son las preguntas que le despierta este interesantísimo tema a un usuario de a pie, que no puede basar sus opiniones científicamente, sino usando mi limitada lógica. Quizá sea un atrevimiento por mi parte, siendo un total ignorante de estos temas expresar mi opinión, pero hoy internet nos concede esta libertad.

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