Ni socialismo ni capitalismo: Descentralización

Se pierde el tiempo al discutir si es mejor el socialismo o capitalismo, cuando ambas ideologías han fracasado histórica y globalmente por un mismo motivo del que nadie habla. Por ejemplo, la centralización o distribución del poder y la actividad económica, sin importar el origen publico o privado del dinero.

Independientemente del tipo de sistema (capitalista o socialista), el exceso de centralización incrementa de forma exponencial la fragilidad del sistema por varios motivos. Primero, se incrementa el numero de dependencias al eje centralizado, lo que aumenta su poder de alcance y con ello la velocidad y profundidad de la propagación de fallos y errores. Por ejemplo, alguien como Maduro gobernando en un sistema caudillista y de mercado nacionalizado. Segundo, los errores siempre estarán presentes y se seguirán incrementando mientras mas se centralice al sistema. Tanto las personas como las instituciones tienen un límite de complejidad que pueden administrar, y al superarlo se exponen a problemas sin las herramientas necesarias para responder.

El límite de complejidad viene dado en la escala a la que opera la persona o institución. A mayor escala se opera, mas complejidad se administra. No es lo mismo poner de acuerdo a 10 personas que a 10 millones. Para resolver un problema que supera la capacidad de acción de un sistema, se debe picar el problema en pedazos mas pequeños, posibles de administrar individualmente, y generar una respuesta colectiva entre las múltiples partes.

En ese sentido, la libertad para la auto-organización económica se adapta y responde mucho mejor a las necesidades de la población de un país que un sistema centralista. Una oficina burocrática de algunos cientos de personas, nunca podrá suplantar las múltiples, variadas y coordinadas tareas que se necesitan para que una economía funcione. Ademas que al ser multiples partes, el fallo de uno no pone en riesgo el funcionamiento del sistema, y puede responder con mayor eficiencia a los cambios del ambiente.

El control de la economía en el sistema socialista resulta inmediatamente en el fracaso. Como con las plantas, el crecimiento de la economía no se decreta sino que se promueve. Su centralización y falta de capacidad de respuesta resultan en la reducción de la actividad económica y homogeneización a necesidades colectivas (una bolsa de arroz con caraotas por persona y agradece). Mientras que la economía auto-organizada tendrá múltiples actores especialistas en proveer un grano de arena y cuya suma resulta en un sistema capaz de proveer satisfacción a las necesidades tanto individuales como colectivas.

Pero la forma en que se ha aplicado el capitalismo también ha fracasado. Empresas transnacionales, bancos y cualquier gigante son desproporcionadamente grandes, generando el mismo monstruo centralizador. Estos gigantes manipulan y distorsionan el “libre mercado” a su beneficio con grandes masas de dinero y se rescatan a si mismos cuando quiebran. La mayoría de los fracasos sociales, económicos, políticos y ambientales del sistema capitalista, se deben a la actuación de empresas grandes, muy grandes para existir, que concentran demasiado poder en una junta directiva o un grupo de inversores. Tal como la mafia del comunismo, se disfrazan de una ideología que ni respetan.

Sin embargo nadie habla de esto. La gente se defiende o culpa al otro, sin ver que ambos han sido lo mismo. Luego hay quien culpa al libre mercado, en lugar de al centralismo en el capitalismo, y voltea la mirada al socialismo, creyendo que la centralización burocrática es la solución al problema, cuando es parte de lo mismo. La solución pasa por un sistema donde no haya mega Estado regalando casas, ni grandes empresas dictando políticas. Donde se empodere al ciudadano por medio de la capacidad económica y se disminuya el poder y dominio de cualquier ente centralizador que acabará abusando de su condición. La tecnología tiene un papel fundamental en este cambio, pero urge adaptar el discurso y entender lo que funciona y lo que no.