¡NI UNA MENOS!

Pelo un tanto largo pero que nunca llega a la longitud que quiero. Se me infla con la humedad, no sabés como me queda, un asco. Lo odio. Veo con unos ojos medios verdes oscuros y tres lunares chiquitos me decoran el mentón. Me falta uno y hago la Cruz del Sur. Los dientes, separados: tengo diastema. Un día soñé que me los unían y fue, realmente, traumático. Soy bastante sociable y sueño sueños — amo la redundancia — inalcanzables en la realidad pero, no así, en mi mente. Creo en el amor para toda la vida.

Tengo amigas, una prima, mi mamá, mi tía, mis abuelas, profesoras, qué se yo. Somos muchas y bastante distintas. Seguramente una buena cantidad de ellas no tendrán diastema. Capaz tienen un pelo lacio que no se les infla con la humedad. Capaz se tuestan rápido. Capaz usan borcegos. Los pensamientos y las ideas son amplias y variadas. Sin dudas que lo son. Las formas de vida, también. El rango etario, ni te cuento. Pero tenemos algo en común, somos mujeres.

Al nacer y hacernos conscientes de cuál es nuestra esencia, elegimos nuestros sueños, esos que nos guiarán en el camino a recorrer. Tal vez, no se cumplan. Pero el espíritu es incansable. Y la vida es el sustento, esa llama que mantiene encendida la posibilidad — aunque sea remota — de alcanzar todo aquello que, como mujeres, nos proponemos.

Queremos a la vida. Nos gusta vivir. Nos gusta vivir porque tenemos planes de estudiar, formarnos, encarnar una profesión que amamos, trabajar. Nos gusta vivir porque nos apasiona comprar zapatos, carteras, remeras, pantalones, sombreros y demás. Nos gusta vivir a pesar de que, tal vez, sea un problema que tengamos que salir y ese zapato del que les hablaba antes, no pegue con el saco y no sepamos qué ponernos a pesar de que el placard esté lleno o no. Nos gusta vivir porque deseamos encontrar a esa persona con la cual establecernos en sintonía, pero que también entienda que existimos como alguien independiente. Nos gusta vivir porque tenemos ganas de hacer deportes y de arrancar una dieta el lunes, esa que el martes, dejamos. Nos gusta vivir porque queremos seguir disfrutando de los libros, de un buen texto. Nos gusta vivir independientemente de que el pan en casa alcance, o no. Nos gusta vivir porque tenemos el don de poder ser madres, algunas jóvenes y otras más viejas, con un hijo buscado o no, con un hijo propio o ajeno, con un vecino que sentimos hijo, pero madres al fin; porque lo llevamos dentro desde el minuto uno de la existencia y es algo indescriptiblemente femenino. Nos gusta vivir porque nos merecemos la vida que nos dieron, porque es nuestra y queremos hacer de ella la mejor obra de arte. Nos gusta vivir porque pasaremos a ser un alguien único e irrepetible a través de los tiempos.

Por eso, te digo a vos, que estás ahí leyendo. Seas hombre, o seas mujer. Tengas la edad que tengas:

Que una pollera corta o una calza, no te vuelen la mente; que una foto contra el espejo, no desempuñe tu arma; que un embarazo no deseado, no te saque de quicio; que nuestro amigo sincero, no te estalle de celos; que las cosas que hago mal, no se transformen en tus gritos; que mi forma de actuar, no te cree un prejuicio; que no sepa cocinar, no te genere un hambre de bronca. Que es mi vida, y la respetes. Que no la tires al tacho. Que dejes mi llama encendida para alcanzar mis sueños. Que no decidas mi destino. Que estén mis locas ideas flotando en este mundo hasta ese segundo en que mi motor se apague, pero porque es momento de que suceda; no porque lo apagaste antes de tiempo, ni porque me robaste las horas.
Que no me mates.

Por todas las que estamos y para perpetuar a las que, injustamente, ya no están. Por una ardiente existencia para cada una de nosotras, hoy alzo la voz a través de este escrito y pido…

¡Ni una menos!

Paü

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