No hay magia, solo marketing…

DIVULGACIÓN DEL FUTURO DE LOS MEDIOS Y LA TRANSMEDIA

Para los que no me conocen o ya no se acuerdan me voy a presentar como un viejo evangelizador de las imágenes electrónicas y digitales, con o sin movimiento y sonido.

Hablar del mundo audiovisual tiene bastante tela para cortar, por lo que voy a empezar por lo más viejo. Fui Director Comercial de Panasonic Professional and Broadcast para el Cono Sur de América Latina durante 14 años y con ellos viví las transiciones del analógico compuesto al analógico por componentes, luego al digital compuesto (D3) y al digital por componentes (D5) y el DV. Los japoneses estaban convencidos que los argentinos y en particular los hispanoamericanos nunca pasaríamos a video por componentes y que ni siquiera íbamos a entender de qué se trataba ni para qué servía. Panasonic era y es así. Una empresa a la que no le gusta pagar por patentes ajenas, entonces copia y modifica o compra y estropea. Así ocurrió con el VHS hasta que compraron a JVC, propietaria de la patente y sacaron el S-VHS tratando de imponerlo como formato de reemplazo del U-Matic con el pretexto de que la salida era Y/C. Un completo fracaso y una descomunal pérdida de dinero. Desarrollaron el DV con la NHK, Sony y Philips y se les ocurrió agregarle “esteroides” para convertirlo en DVCPRO (el mismo perro con otro collar pero que corría más rápido con cassettes enormes) y luego DVCPRO HD que era más de lo mismo, pero al doble de velocidad y con una considerable mayor cantidad de “artifacts” .

Un día recibí la propuesta para ser el Gerente Sudamericano de Sony Broadcast and Professional Latin America, cargo que llevé por tres años. Con Viditec le vendimos la Betacam Digital por componentes a Telefé, Ideas del Sur y Canal 13 de Buenos Aires, haciéndome competencia a mi propio yo, de dos años antes. No era difícil. Sony nunca menospreció a nadie y menos de la Argentina que junto con Inglaterra y USA y Alemania es uno de los países de consulta por la calidad de sus profesionales, técnicos y operadores.

Esta larga introducción es para mostrar las credenciales y probar que al mercado lo conozco desde que era analógico y se comunicaba por un cable coaxial con terminal F.

En los ’90, los fabricantes de CCDs estaban contados con los dedos de la mano. Matsushita (Panasonic y JVC), Sony (Sony, Philips, Tohmson y Panavision 2k), Ikegami (para sus propios productos y las cámaras de alta gama de Panasonic), Fujifilm (un CCD de geometría y funcionamiento complejos y caros, pero con resultados maravillosos en fotografía de low definition) y varios fabricantes estadounidenses que los construían para usos científicos, astronomía, técnicos (soldaduras) de fotografía y microscopía electrónica.

El CCD llegó al máximo de su capacidad física porque opera en serie, con la definición de 1920 x 1080 (real). Recuerden que se trata de un instrumento analógico. De allí pasa a un procesador integrado a un CODEC y salía la señal digital por componentes con los gustos que más le apetecieran a cada fabricante.

Así funciona un CCD.

Panasonic dependía de los CCDs de alta calidad de Ikegami y le exigía una reducción en el tamaño pensando en el uso televisivo y de broadcast. Les aseguro que jamás pensaron en theatrical cinematography. Ignoraron al “indy”, al videógrafo y al propio Hollywood a pesar de haber cometido el desaguisado de comprar Universal Studios. Esto sería una fórmula que relegaría a Panasonic a un lejano sexto a octavo puesto en la industria cinematográfica. De pronto, con el boom de la fotografía digital, se encontraron con que el barato, sencillo y rápido CMOS era un aceptable sucedáneo del CCD. Panasonic siguió insistiendo con CCDs cada vez más pequeños que eran perfectos para las cámaras Lumix donde debían amortizarse para luego ir a los equipos broadcast que le dejaban prestigio y unas pérdidas fenomenales a la compañía madre (Matsushita), por lo que decidieron ir por el fabricantes de CMOS de mayor prestigio aparte de Sony: Ikegami Tsushinki Co., Ltd., salvándola del cierre por quebranto.

Compraron el 20% de la compañía y con ese porcentaje el control de la misma. Matsushita nunca tuvo un pensamiento global de sus empresas y las manejó como unidades separadas y competitivas aunque se beneficiaron del “know how” del CMOS de Ikegami que eran comparables y hasta en algunos casos superiores a los de Sony. Ahora bien, el marketing de los CMOS de Ikegami fue manejado por los hombres de Osaka (lo que les hacía muy poca gracia a los tokiotas de Ikegami) e insistieron que “small is beautifull”, y de paso requerían las lentes Fuji prime” para TV eran también las más baratas. Recuerden que estamos hablando de 2003 a 2008 en plena crisis americana. Ikegami tenia una relación especial con AVID cuando se adelantaron en 1994 a una grabadora de video “tapeless” cuyo disco rígido tenía el tamaño de un long play de acetato y grababa escasos 42’ en SD. Apollo Computer creó un editor offline para la industria cinematográfica al que llamó AVID y que tuvo un éxito fenomenal. La historia de AVID estuvo plagada de adquisiciones con algunos productos fantásticos, pero que a los pocos meses alguien sacaba algo similar, que consumía la mitad de recursos y costaba la décima parte. Para hacer corta la accidentada historia de AVID, hoy es una empresa de 2000 empleados cuyo negocio central es el control de stock y de bienes (Assets Management) y mantienen el Media Composer que sigue siendo (para mi gusto) uno de los mejores y más amigables interfaces de edición.

Cuando las pérdidas consolidadas de Panasonic + Ikegami + JVC + Universal Studios — VHS, se hicieron insoportables, Matsushita cortó ese lazo y se deshizo tanto de Ikegami Tsushinki Co., Ltd. como de JVC. A esta última la compró Kenwood de Canadá (el original de las batidoras, luego de los equipos de audio de alta calidad y de los equipos de radio) y la llevó a lo que mejor saben: el sector prosumer. Ikegami Tsushinki Co., Ltd. Fue a parar a manos del gigante conglomerado Toshiba de 206,000 empleados, de los cuales tan solo 1.006 son de Ikegami. Como la TV y el broadcast del lado de la producción no es el core business de Toshiba, Ikegami quedó como una joyita relacionada con algunos canales de TV tradicionalistas del medio oeste americano que seguían con la nostalgia de Avid. Kabushiki-gaisha Tōshiba jamás pensó en relacionarse con un NEGOCIO TAN PEQUEÑO como el de la realización cinematográfica, cuando le llevan vendidos USD 17,000,000 de dólares en ascensores, montacargas, grúas y trenes a los países del lejano oriente.

En 2004, en Rosario, tuvimos un larguísimo debate público entre Nicolás Cassolino de Kodak, Bubby Stagnaro y yo que era el único que defendía la digitalización del cine. No voy a ahondar en la parte comercial porque varios amigos salieron muy lastimados, yo tuve razón, pero no me pagaron un centavo por tenerla.

Disculpen el término, pero no jodamos, el broadcast y el broadband como los conocíamos se están muriendo… y la peor noticia es que el cine theatrical también. El futuro es Transmedia, 3D sin anteojos y holografía que tenderá a no ser traslúcida. Luego vendrá la Transmedia con sensaciones táctiles, odoríferas y hasta de sabores. Los cerebros de los chicos de menos de 17 años están adaptados a ver en varias pantallas al mismo tiempo. Yo estoy escribiendo este artículo con dos pantallas y “oyendo” un programa de TV. Veo TV y twitteo compartiendo con gente que no conozco y que se cuidan de mantener el anonimato. La TV, amigos míos, hoy es radio con imagen. Da lo mismo que sea SD, HD, 2k, 4k, 8k o 12,5k

Tanto la TV como el cine 3D me cansan de la misma forma que cuando uso binoculares que aumentan artificialmente mi estereópsis (que irá en otro artículo más adelante). El 3D parpadeante me fatiga y hace que los pochoclos me caigan pesados. El espectador transmedia le importa tres cominos si ve en una TV de 65” o en un phablet Samsung o Apple de 5,4”. De hecho en mi campo, cuando a Movistar se le da la gana, veo Netflix en mi Galaxy Note III S con sonido estéreo y mi cerebro se concentra (anteojos mediante de + 2,5 dioptrías) en esa pantallita sin problemas. (Ya explicaré por qué).

He visto 4K de demo de LG, Samsung y Sony… ¿saben qué? A dos metros de distancia ya no se sabe si es 4k o 2k. Tengo una TV Samsung 13:9 analógica de definición estándar con pseudo entrelazado. A 7 u 8 metros de distancia no se sabe si es un HD viejo o un SD analógico.

Kodak reclamaba que su negativo cinematográfico capturaba a 7k. ¡Es verdad! La lástima era que las copias nuevas no llegaban a 1,3 k (oficial de Kodak) y en las salas de cruce a veces estaban entre 0,6 y hasta 0,3k por estiramiento y destrucción tanto del sustrato como de las anilinas.

Ahora con los CMOS de Arri, Sony, Red, Panavision, etc., estamos discutiendo lo mismo que proclamaba Kodak en su agonía. Vuelvo a lo que dije muchas veces hasta el cansancio: no hay cadena más fuerte que el más débil de sus eslabones, y hay dos eslabones que se cortan con extrema facilidad: nuestra capacidad visual humana en determinadas circunstancias que ya explicaré y la rentabilidad y la viabilidad de empresas como Arri, Panavision, Sony, Red y BlackMagic. Red no ha logrado una plena aceptación del mainstream de Hollywood, lo que es bastante extraño porque hasta 2012 tenía un interesante crecimiento. De todas formas consiguieron varios contratos para la saga de Avatar y la remake de Tarzan. Blackmagic no ha superado algunos problemas de gripping y soporte técnico. Por su parte Arri reina cómodamente en Europa y América Latina, Panavision en USA y México. En ambos lados del Atlántico Sony y Red pugnan por imponerse con productos con mucho marketing y tecnologías contradictorias. En cuanto a los 2k, 3k, 4k, 5k u 8k, yo no me preocuparía tanto porque vamos a salas de multicine que son apenas más grandes que el TV de casa.

En los próximos días hablaremos de la visión humana que es de la parte que nadie habla, porque si no, no se venderían cámaras nuevas.

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