(No) Quiero encontrarme contigo

¿Que uno no se contradice a cada minuto?

Camino de regreso a casa, a veces bajo la lluvia. No me importa empaparme, ya que suelo caminar por inercia la mayoría del tiempo. A veces oyendo música, a veces pensando en la nada. Pero hay días, cuando la luna se alinea, cuando siento esa melancolía y quiero llorar sin saber porque… que se dividen entre dos sentimientos contradictorios que atraviesan mi ser mientras ya se acerca la medianoche en esta ciudad gris.

1. Quiero encontrarme contigo.

Miro alrededor de todas las tiendas y lugares mientras voy caminando, me digo a mí misma que es estúpido, que no tiene sentido. Pero mi subconsciente quiere verte, lo necesita. Quiero verte sonreír, decir una que otra palabra estúpida. A veces incluso recreo conversaciones que podríamos tener si nos encontramos. Sueno divertida, a veces algo agresiva en mi cabeza, consiguiendo las respuestas a las diversas preguntas que vienen acumulándose día tras día, hora tras hora durante esa ausencia inexplicable que ni yo entiendo.

2. Me da miedo que me encuentres.

Camino, con los pies apenas tocando el piso, mirando hacia todos lados con el corazón a punto de estallar de puro miedo. ¿Por qué? No quiero que me encuentres, no quiero que me veas en algún momento vulnerable. Esos en que puedes desarmarme o convencerme de todo lo que digas con tan solo unas palabras. No sé si me podrías hacer daño, simplemente no quiero ni averiguarlo. Tengo miedo de que me enfrentes y me quede en blanco y no sepa que decir. Una vez más soy una cobarde que se esconde. ¿Por qué quieres encontrarme? ¿Qué quieres de mí?

3. A veces eres más de una persona

Sueles camuflarte entre tantos, un ex amor, un amigo que dejo de serlo, personas que importaron tanto y luego tan poco, constantemente en una montaña rusa apenas perceptible para los demás, a quienes puedo engañar con una cara sonriente y un “no pasa nada”. Sueles estar en el grupo de personas que me han lastimado, traicionado, incluso amado. Suelo verte detrás de una barba cubriendo el rostro, detrás de un rostro lampiño, a veces entre las pestañas largas de una chica atractiva.

A veces los veo, pero estoy tan lejos que en un parpadeo, desaparecen, y así ninguna de mis dos opciones se lleva a cabo. Lo cual agradezco.

Demasiados demonios internos para sumar a los externos que deambulan cerca de mí. Demasiado arriesgado ya que mi ruleta rusa interna nunca va a avisarme como será el día en que quizá, cruzando la calle sin intención alguna me cruce contigo y me quede congelada.

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