¿No te ha pasado?

¿No te ha pasado que vas a asesinar a alguien que te han ordenado matar, tienes el arma, el lugar para llevar a cabo el acto ya preparado, la coartada perfecta, sesenta y cinco mil dólares para ti en un maletín en el baúl de tu vehículo, el plan para salir impune, una cajita feliz de McDonald’s en el asiento del copiloto, pasaporte e identidad falsos, una reservación en un hotel de Curaçao, a tu víctima maniatada y sedada en el asiento trasero, un pie de manzana de tus favoritos, la forma perfecta de disponer del cadáver mediante hidrólisis alcalina, tienes la cara de póquer por si acaso te interroga la policía, restos del labial del último beso de tu novia, una foto en blanco y negro de tu madre, un itinerario detallado de todos los pasos a seguir en tu trabajo con las casillas marcadas de los que ya has acabado, la soledad de la calle en la que aparcaste, el poco peso de tu víctima que te facilita cargarla por las gradas de la casa abandonada, iluminación suficiente en la habitación donde se hará todo, a tu víctima ahora recostada contra la pared, el cuchillo extra filoso en tu mano derecha, el delicioso pie de manzana en tu mano izquierda, la sonrisa sádica dibujada en tus labios, pero notas que tu víctima se comienza a mover y a ti se te ocurre la brillante idea de quitarle la bolsa que le cubre la cabeza, de retirarle la mordaza que le oprime las comisuras de los labios, y descubres una persona aturdida, desubicada, que al cabo de unos segundos te mira fijamente con sus ojos cafés, amaga con hablar hasta que por fin te dice «¿Quién eres?» y tú no respondes, solo la miras, y comienza a comprender la situación, «¿Qué hago aquí?», su voz está quebrada, «Me llamo Kate», justo como tu hermana menor, te habla de lo bien que le va en su trabajo, del maravilloso novio que tiene, de su prometedor futuro, te suplica por dios, suda a borbotones, te ruega que no la mates, y tú sabes que no puedes acceder a su petición, sabes que el que te paga se enfadaría mucho y entonces el muerto serías tú, sabes que nunca habías sentido curiosidad por verle el rostro a ninguna de las diecisiete víctimas anteriores, que nunca habías visto la inocencia, la belleza de una chica de veinticuatro años que crees no merecedora de ese destino, pero tú no eres nadie para cuestionar los motivos de la persona para la que trabajas, ese hombre inteligente y meticuloso que siempre tiene planes perfectos, estás en deuda con él, te rescató de la muerte, te dio una nueva vida, te devolvió a tu familia, incluso te permitió conseguir una novia, ahora te vas de «vacaciones» a una isla del caribe diferente cada que completas un «trabajo», qué más puedes pedir, pero no dejas de pensar que esta chica no lo merece e impulsivamente, contra tu propia racionalidad, comienzas a desatarle las manos atrás de su espalda, está desnuda así que tratas de no rozarle la piel de sus nalgas porque la respetas, ves la esperanza en sus ojos, ves algunas lágrimas impactar contra el piso, le desatas los pies, se para, te mira fijamente y tú lees en sus labios resecos un «Gracias», tú con la mirada le dices que se vaya lejos, que corra, y ella sale por la puerta trasera como una exhalación, tú regresas a tu carro, de todas formas tu vuelo sale en cuarenta y cinco minutos, podrás escapar, abres la puerta, te sientas, le das la última mordida a tu sabroso pie de manzana, enciendes un cigarrillo, pones la mano sobre la llave del vehículo, y de repente sientes un leve calor junto a un peso inusual sobre tu hombro derecho y escuchas una voz grave que te dice «Hola, Matthew»?
¿En serio no te ha pasado?