Novelas en paralelo con «clásicos» infantiles

A veces ocurre que un libro infantil de los llamados clásicos vuelve a ponerse de actualidad con ocasión de alguna nueva novela que los homenajea, bien porque toma prestados muchos elementos de su argumento y de su estilo, bien porque continúa con las aventuras de sus personajes.

Como recientemente se han publicado dos libros notables de este tipo —Tania Val de Lumbre y El regreso a los sauces—, pongo a continuación, en paralelo, seis libros clásicos y seis libros recientes que siguen su estela. Todos tienen calidad y, aunque mejor suele ser ir a leer el libro moderno después del antiguo, un mérito de los libros actuales es que facilitan que algunos lectores jóvenes hagan el recorrido inverso.

1865. Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll. Primer relato largo de nonsense con un humor intelectual típicamente moderno que comienza, como es sabido, cuando una niña sigue a un conejo apresurado y entra en su madriguera. Además de muchas otras cosas, es un libro que habla del proceso de hacerse mayor y los problemas del niño ante un desconcertante mundo adulto en el que desea entrar pero cuyas reglas no comprende.

2013. Prohibido leer a Lewis Carroll, Diego Arboleda. En 1923, Eugéne Chignon, viaja desde Francia a Nueva York para cuidar de una niña, Alice, obsesionada con las obras de Lewis Carroll. Además, sus padres piden a Eugéne que la niña no sepa que Alice Liddell, la auténtica Alicia que inspiró a Lewis Carroll, visitará la ciudad esos días. Relato de narración y personajes extravagantes, con digresiones simpáticas y explicaciones amables, con eficaces golpes de humor en las situaciones y en el lenguaje.

1868. Mujercitas, Louise May Alcott. Vida durante un año de las cuatro hermanas March, Jo, Meg, Amy y Beth, bajo la vigilante y cariñosa mirada de su madre. La sencillez, la espontaneidad, el sentido común y el optimismo que se respira en toda la novela, tiene tanta capacidad de arrastre hoy como ayer.

2005–2008. Las hermanas Penderwick, Jeanne Birdsall. Notable actualización de Mujercitas y de los relatos que narran aventuras en vacaciones. Sus protagonistas son un padre viudo y sus cuatro hijas, la mayor de 12 años. El relato avanza bien de un incidente a otro que acaban resolviéndose satisfactoriamente para protagonistas y lectores. La continuación, En casa de las Penderwick, es una comedia menos episódica, con un hilo más claro y más escenas de vida escolar.

1874. La isla misteriosa, Jules Verne. Novela robinsoniana en la que se cuenta el principio y el final del Capitán Nemo y su avanzado submarino, a quien Verne había presentado ya en Veinte mil leguas de viaje submarino. En ella, cinco prisioneros de los sudistas en la Guerra de Secesión norteamericana, encabezados por el ingeniero Cyrus Smith, huyen en globo y, arrastrados por el viento, aterrizan en una isla solitaria.

2012. La isla de Bowen, César Mallorquí. Novela deudora, en estilo y en contenidos, de varias novelas del pasado como, entre otras, La isla misteriosa. En 1920, el profesor Ulises Zarco, un intrépido explorador, organiza una expedición para saber qué ocurrió con el asesinado John Foggart, un arqueólogo conocido. Al mismo tiempo, un multimillonario empresario minero sin escrúpulos los persigue por todas partes. Narración amena e intrigante. Se dan, de forma muy hábil, las explicaciones científico-técnicas necesarias en cada momento.

1880. Heidi, Joanna Spyri. Con cinco años, a Heidi la llevan con su abuelo, un anciano que vive solo en lo alto de las montañas. Más adelante, la mandan a Fráncfort y, tiempo más tarde, vuelve a sus queridas montañas. Novela que abrió paso a todas las niñas huérfanas capaces de cambiarlo todo a su alrededor con su bondad y optimismo.

2009. Tania Val de Lumbre, Maria Parr. Versión actualizada de Heidi, que además es un libro que lee la protagonista, Tania, una chica de diez años, entusiasta y muy activa, que vive con su padre, granjero, en un valle de Noruega. Narración con encanto. De fondo, como en tantos libros nórdicos, quedan claros los sufrimientos de los niños ante los comportamientos desleales o de falta de afecto de sus padres.

1908. El viento en los sauces, Kenneth Grahame. Libro que el autor compuso para su hijo y que, probablemente, sea la obra mayor entre los relatos de fantasía cuyos personajes son animales humanizados. Con un lenguaje fluido y musical, que resulta ser un envoltorio perfecto para tratar sobre comprensión, amistad y convivencia, el autor presenta un atolondrado y vanidoso Sapo a quien ayudan a salir de los líos en que se mete, sus sensatos y amables amigos, la Rata de río, el Topo y el Tejón.

2012. Regreso a los sauces, Jacqueline Kelly. Libro compuesto, según anuncia el subtítulo, como una «respetuosa secuela de El viento en los sauces, de Kenneth Grahame, con comentarios útiles y notas explicativas». Esto se ajusta bien a lo que ha hecho la escritora: una continuación de aquel relato, con los mismos personajes —Rata, Topo, Tejón y Sapo—, con iguales acentos amables y cordiales, con un argumento semejante y dos o tres personajes más, y con notas bromistas al pie.

1911. Peter Pan, James Matthew Barrie. En el País de Nunca Jamás, un niño volador conduce a unos chicos a la lucha contra unos piratas cuyo jefe es el malévolo capitán Garfio, un obseso de la «buena educación». Nadie debería engañarse acerca del carácter infantil de Peter Pan: Barrie habla de muchas cosas y, entre otras, de que hay anhelos que son contradictorios, de que ser adulto exige sujetarlos y acoger las responsabilidades que la vida echa encima.

2006. Peter Pan de rojo escarlata, Geraldine McCaughrean. Libro que se anunció con el (incomprensible) rótulo de «la segunda parte OFICIAL». Dejando de lado el comienzo, con adultos poco convincentes, a cualquiera que haya disfrutado con la historia original le puede gustar: la escritora sabe dar continuidad temática, estilística y argumental al clásico. Con todo, el intento de añadir más capas de parodia a una parodia es difícil, así que sólo el tiempo dirá si la novela pervive.