¿Pagarías por trabajar 13 horas?

La respuesta más habitual a esta pregunta debería ser que no, que pagar por trabajo no acaba de entrar en lo que se define como trabajo. No obstante, es algo que ocurre de forma habitual en casi todos los lugares de España. Hace ya un tiempo se ofertaban cursos con títulos que sonaran bien para que pagaras para trabajar, eso sí, decían que te formaban y te preparaban para tener un futuro brillante.

Hoy no quiero hablar de esos cursos, quiero hablar de mis hijos. Unos niños de ocho años, que además de ir a la escuela tienen como actividad el jugar a baloncesto. Esto les implica que de nueve a cinco de la tarde los dejo en el colegio, y cuando digo dejo quiere decir que confío en ellos para que los cuiden y les den conocimientos, y dos tardes a la semana más los fines de semana cuando hay partido, invierten una hora y media haciendo deporte.

Hasta aquí todo parece correcto, pero lo que me saca de mis casillas es la cantidad de deberes que tienen. Reconozco que si mis hijos aunaran en una sola persona la capacidad intelectual Hawkings y la motivación del Alcoyano quizás no sería problema porque en media hora o tres cuartos tendrían el tema resuelto. Para mi fortuna mis hijos son niños y hacen lo que suelen hacer los niños, prefieren jugar a estudiarse las tonterías que les quieren enseñar en la escuela.

Seamos serios, quién quiere saber qué es una sílaba átona con ocho años, yo no lo quiero saber ni con cuarenta. Han de memorizar como loros conceptos que no les ayudan a pensar, a ser críticos, a tener inquietud, interés, ganas de aprender, simplemente memorizar un texto totalmente estúpido para vomitarlo después. Y no contentos con esto, se lo hacen estudiar fuera de clase, con lo que los padres les toca entender y estudiar ese concepto tan fundamental para los fundamentos del universo y de la física teórica que son los hiatos. Básico, porque sin saber lo que es un hiato no puedes entender una falacia lógica y tener curiosidad de saber cómo funciona el mundo.

Encima de todo esto, los trabajos y deberes de mis hijos están diseñados para que no puedan hacerlos solos, con lo que o mi pareja o yo tenemos que estar ahí, ya sea para ayudarles con la última petición de fotografía, botellas, lazos, fotocopias o cascabeles —ya os digo yo que el cascabel es fundamental para despertar las inquietudes lectoras de los niños—. Con lo que ni mis hijos ni sus padres tienen tiempo para hacer lo que se supone que tienen que hacer, ser padres y ser hijos respectivamente.

No sé qué argumento usarán los profesores, pero si yo en mi empresa le pongo deberes a mis trabajadores, y no solo eso, sino que están diseñados para ser poco motivantes, que no les sirva para mejorar su adaptabilidad y encima, que su pareja tenga que ayudarle a hacerlos, creo que la rotación de personal sería bastante más alta, de hecho, creo que ni siquiera sería capaz de contratar a nadie.

No estoy por eliminar deberes, pero si por estos deberes. Tú puedes motivar a un niño para que aprenda fuera de clase leyendo, mirando libros, pero no sobrecargando a toda la familia y excediéndote en tu rol de maestro bajo el argumento de libertad de cátedra, porque bajo este mismo prisma, yo podría ir a colegio y partirte la cara a ti por no detectar ni cortar a los acusones y a los alborotadores que hay en clase. ¿Verdad que no lo hago?, ¿verdad que no me meto en tu área? Pues deja de mangonear con el tiempo personal y privado que tienen las familias.

Cada vez tengo más claro lo que me dijo un profesor, si la educación se midiera como una empresa, haría mucho tiempo que habría cerrado porque ni aprende, ni se adapta y lucha con uñas y dientes para mantener unos privilegios que muchas veces carecen de sentido.

Ahora que me he desahogado, también reconozco que hay profesores que son espectaculares. Da igual qué método o qué corriente pedagógica sigan, son personas que motivan, enseñan y hacen crecer dentro de las cabezas de los niños el germen de la persona que pueden ser en el futuro, pero lamentablemente yo me he encontrado con cuatro en toda mi vida y no creo que esta media haya mejorado a lo largo de los tiempos. Así que dejad de liarnos con teorías pedagógicas de personas que me jugaría un pie que ni son padres ni nada, y dedicados a ser maestros, así de sencillo: sed maestros.

Por cierto, ni me meto a hablar de temas de tecnología porque entonces si que me lío y no hago la cena de mis hijos, que ya tienen hambre los condenados.


Publicado en Exelisis

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