Palabras «necias»

‘No matter what you do, there will be critics’

Una de las múltiples verdades de la vida es que siempre te van a criticar. Dirán que no eres bueno en el deporte, que eres malo cocinando, muy flojo, rebelde, que no eres lo suficientemente capaz, que no tienes talento, que no haces bien las cosas aunque creas lo contrario, que tienes una personalidad difícil, que no sabes vestirte, etc. Sin embargo, no por eso eres necesariamente bueno o malo.

Para muchos es imposible hacerse de la vista gorda ante las críticas, mientras que a otros (los «mantequilla») les resbalan por completo, o como quien dice, «a palabras necias, oídos sordos». Yo, por ejemplo, no puedo simplemente omitirlas. De una u otra forma terminan afectándome (aunque ahora trato de que no sea así), pero una parte de mí quisiera ser más como los «desinteresados», por decirlo de alguna manera.

En mi opinión, ninguna de las dos posturas es completamente acertada. Por un lado, si asumimos la primera posición, permitimos que todo nos lastime, nos baje la autoestima, nos cree resentimientos hacia los demás o hacia uno mismo. De otro lado, si bien parece que los «mantequilla» adoptan la opción más saludable, no estoy completamente segura de que así sea. Digo esto porque, a fin de cuentas, las críticas, tomadas con pinzas y discerniendo de quién vienen, son una pieza clave de nuestro crecimiento. Valgan verdades, escuchar una crítica rara vez es bonito, pero puede ser una herramienta muy útil para nuestro aprendizaje.

No digo que tomes a pecho todo lo que llega a tus oídos, pero sí que consideres los comentarios de quienes verdaderamente te aprecian y, eventualmente, el de algunas otras personas que, aunque no tan allegadas, podrían tener algo interesante que decir. Otra idea útil es ignorar los pensamientos negativos («eres inútil», «torpe», «no sirves para esto», etc.), que claramente no buscan que seas mejor. En su lugar, considera aquello que te sume (mirando siempre las cosas de manera constructiva, desde su mejor ángulo); procesa los comentarios, piensa en los motivos que pudieron llevar a esa persona a hacerlos, analiza si es cierto lo dicho y si aquello que fue criticado representa un problema. De ser así, trata de implementar acciones (pequeñas y paulatinas) que generen cambios para revertir esa situación (sí, suena fácil… Pero ¡no lo es!).

P.D. En mi caso, la estrategia se encuentra en periodo de prueba.☺


Ahora bien, la otra cara de la moneda es cómo hacer críticas… y ahí creo que tengo un poco más experiencia. Sobre esto tengo dos consejos:

  1. Critica a quienes realmente te importan. «Criticar» a quienes valoras es, en cierta forma, una muestra del afecto que les profesas porque lo que buscas con ello es que sean mejores. Entonces, no malgastes tu tiempo criticando a personas que: a) no son cercanas o no te interesan (o no deben interesarte), o b) simplemente no quieren cambiar (ojo: nunca está de más tratar de ayudar a los demás, pero aplicar esta regla puede evitarte enemistades y desgastarte emocionalmente).
  2. Escoge cuidadosamente qué dirás y cuándo lo dirás. Es importante pensar bien en tu mensaje puesto que, dada la hora, podrías decir cosas que no quieres o podría tergiversarse la intención o el contenido de lo que digas. El otro tema es encontrar un espacio adecuado para hacer llegar nuestras críticas. Típicamente las lanzamos cuando el ambiente está caldeado, lo cual claramente NO funciona; por eso es mejor pensar en la ocasión propicia para que quien reciba nuestro mensaje se sienta cómodo y tome a bien lo que tenemos para decir (es probable que si te tomas la molestia de pensar en el qué, cómo y cuándo es porque se cumple el punto 1).