Prólogo

Papel

De cómo escribir en papel puede resultar transformador.

Mi cuaderno.

Hace casi tres años empecé a escribir en papel cada cierto tiempo. Hasta ese momento siempre había escrito en computadora. Quizás porque allí fue donde le agarré el gusto a la escritura.

Mi relación con la escritura había empezado redactando en blogs con temáticas positivas o motivacionales. Este detalle es importante, porque relacionar la escritura con mensajes positivos significaba escribir únicamente cuando me sentía bien. No veía cual era el punto de escribir estando mal, porque directamente intentaba nunca estarlo, o pasar por alto esos momentos de mi vida. Desestimarlos por completo.
 
Esto se mantuvo de dicha manera hasta que una noche, en medio de una seguidilla de días en los que no estaba muy bien, agarré una libreta anotadora y me planteé lo siguiente: «¿qué pasa si escribo todo lo que se me venga a la cabeza sin ningún filtro? Sin importar si yo mismo considere que lo que escriba esté bien o mal, sin importar mi propia opinión, y sólo para mí. Nadie más lo va a ver. De última, lo rompo y lo tiro a la basura».
 
Empecé a escribir. Estaba enojado y frustrado por algunas cosas, y escupí todo eso tal cual lo sentía. Esa noche, en ese papel, fui brutalmente honesto; lo que más pude en ese momento.

De repente estaba leyendo mis pensamientos. ¿Viste esas cosas que únicamente quedan relegadas a tu mente pero jamás compartiste con nadie? Esas cosas que te incomodarían con solamente ponerlas en voz alta para vos mismo. Bueno, esas cosas escribí. Lo leí y releí. Decidí que lo iba a guardar; porque si bien no me gustaba, tenía la característica de ser real. Quizás lo más real que había escrito en mucho tiempo.
 
A principio de año decidí tomarme más en serio esto de escribir en papel. Fui y compré un cuaderno para eso. Elegí uno que me gustara. Y ahí empecé a escribir más seguido, sin ningún objetivo premeditado, sin reglas, ni nada de eso.

Un día me pasaba algo que me parecía relevante por alguna razón; escribía sobre eso. Otro día me despertaba y recordaba algún sueño que me parecía interesante; escribía ese sueño.

Fui saltando de un estilo de redacción a otro, mezclando epifanías con experiencias. Escribiendo ideas que tenía miedo de compartir con alguien más, y cambios en mis creencias de los que me incomodaría hablar.

Me fui escribiendo.


Si tuviera que elegir una parte de todo esto y decirles que esa es la razón por la que les recomiendo escribir sobre papel, sería la siguiente: escribir te ayuda a ordenar tus ideas y todo lo que sea que tengas en la cabeza. Pero, ¿por qué recomiendo hacerlo sobre papel? Porque es muy distinto que escribir en un dispositivo con un teclado.

Escribir a mano es más lento, tomas más pausas; pensás mucho más antes de escribir. Necesitas ordenar más. Con un teclado vomitás palabras y párrafos enteros en cuestión de segundos, sin meditar demasiado. Por otro lado, escribir en papel es un acto mucho más meditativo. Si querés borrar algo, quedan marcas de lo que habías escrito. Todo este proceso te cambia a vos mismo, estás escribiendo algo y de repente llega un momento de epifanía; ¡descubrís algo sobre vos mismo! Y al terminar de escribir lo que sea que hayas escrito, encontrás más orden y claridad. Te entendés un poco mejor, te conocés más.

Un pequeño truco para que sea mucho más fácil escribir: no le des demasiada importancia al escrito en cuestión. No te esfuerces demasiado por escribir algo que suene lindo; que te importen un carajo los errores de ortografía, la prolijidad y la perfección. No estás escribiendo para algo o para alguien, estás escribiendo. Que eso sea lo importante, y nada más que eso.


Quiero relatar esta experiencia de escribir a mano sin dejar nada fuera, incluir varios de esos escritos en papel y la historia detrás de ellos. La historia de cómo me cambiaron. Pensé que la manera más efectiva de llevarlo a cabo sería comenzando una serie dedicada a esto. No sé cuántas partes serán, ¡pero espero que las disfruten!

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