Paranoia

Esto se está viniendo abajo —¡no, mentira!—, ya tocó fondo. Ahora está en estado de fracking.

Los niños mueren de hambre, los mayores pelean por comida, agreden y le parten el tabique a los diputados, se registran al menos media docena de saqueos diarios, invalidan firmas para el referendo revocatorio, hay peleas internas en lo que se supone es el partido político de la solución, la temporada de mangos está terminando, y como siempre: nadie dice nada. Y los que dicen, son censurados o ignorados. Pero, un momento: ahora sí empieza a mostrarse bastante extraño.

Siempre ha habido censura en el país y esta se ha intensificado por todos los medios desde los últimos 4 años. Siempre ha habido caos y siempre ha estado pasando lo mencionado en el párrafo anterior y cada vez que ocurre una denuncia, a esta también le disparan. Y nos acostumbramos a ello. Pero al pasar unas cuantas horas leyendo y al ver lo suficiente uno puede permitirse pensar en que algo más está pasando. Algo que no vemos, pero se siente.

El nombre de Venezuela ha retumbado estos últimos días en oídos internacionales. Véase el caso de la Organización de los Estados Americanos, cuya función es ser un foro político para el diálogo multilateral, integración y la toma de decisiones de ámbito americano, y que actualmente reúne a los 35 estados independientes de las Américas. Es un modesto número de personas. Con todo y lo que ese nombre reducido en tres siglas representa, no le hace ni cosquillas a la situación venezolana, que ahora parece inducida y apoyada. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo es que 4 personas con togas negras tienen más poder que el organismo regional más antiguo del mundo? Pero una mejor pregunta sería: ¿cómo es posible que un puñado de personas (las mismas de siempre) puedan con más de 20 millones de ciudadanos nativos?

Momento de pensar un poco

Desde siempre se ha hablado de males inducidos de una nación a otra, esto podemos relacionarlo y ejemplarlo con el caso de los países más pobres del mundo que sirven de conejillos de indias del norte para experimentaciones y pruebas de laboratorio de industrias farmacéuticas; como Guatemala en 1946, cuando la Secretaría de Salud de EE UU decidió estudiar el desarrollo de enfermedades venéreas y comprobar la efectividad de nuevos antibióticos, tomando a personas con sífilis y gonorrea (prostitutas, enfermos psíquicos y reclutados por el ejército) e inocular estas enfermedades de forma directa trayendo como consecuencia que mediante de procesos evolutivos víctimas indirectas hoy padezcan dolores de cabeza constantes, incontinencia urinaria, llagas en las extremidades y, entre otras dolencias, problemas en las articulaciones. A EE UU en 2010 le tocó disculparse. Caso cerrado. Pero igual quedó el daño.

En relación a eso, llamaron mi atención comentarios en las redes sociales como «hemos llegado a pensar que la crisis humanitaria venezolana está siendo asistida —y no tal vez por EE UU—. Que el país es ahora un objeto de una contienda internacional que junto a los rojos lo destruyen por objetivos geopolíticos mayores. Que estamos viviendo una especie del “Caracazo” de laboratorio y además, que el presidente, un ser sin nacionalidad es un infiltrado de aquella famosa isla que juntos planean acabarnos como nación».

La gente está pasando hambre… y ahora tienen indicios de llegar a ser paranoicos.

Pero quizás tenga sentido.

Piensen en que no pueden haber personas tan perniciosas, inconscientes e indiferentes, ni Organizaciones Internacionales tan ciegas y mudas. Piensen en que ellos están conscientes de las vidas que se están acabando. Piensen en que las distintas instituciones humanitarias saben todo pero son manipuladas. Dejen de pensar que —los rojos— son brutos. No lo son. Ellos saben. Y quieren más. Piensen en que los que no podemos salir estamos siendo sometidos a algo. Piensen en algo, paranoico o común. Pero por favor, ayuden y piensen.