Políticas de diseño:
Qué, cómo y quién.


Recientemente hemos vivido la enésima crisis sobre la continuidad de los Premios Nacionales de Diseño en España. La polémica provocó una movilización de la profesión a nivel nacional, y tras el anuncio de la convocatoria de los PND 2015, READ insistió con una nueva carta en su argumento original: lo que realmente exigimos es una política nacional de diseño.

En este artículo me gustaría profundizar un poco sobre el sentido de las políticas de diseño, y sobre quiénes pueden diseñar y poner en marcha este tipo de iniciativas.

Comisión Europea

Para empezar, puede ser buena idea repasar cuál es la postura de la Comisión Europea al respecto. Aunque sobre este tema se venía trabajando con anterioridad, en 2010 surgió la iniciativa EDII (blog) para promocionar y explotar el potencial del diseño para la innovación.

En 2012, el European Design Leadership Board publicó un informe con 21 recomendaciones concretas para los estados miembros en la aplicación de políticas de diseño, agrupados en 6 líneas de actuación.

En 2013 se publicó el Plan de Acción para la Innovación basada en el Diseño (Descargar PDF), que tiene como objetivo acelerar la integración del diseño en las políticas de innovación y crear la capacidad y las competencias necesarias para implementar estas políticas.

En enero de 2014 se inicia Design for Europe (Plataforma Europea para el Diseño y la Innovación), que pretende continuar 3 años y cuya misión es ayudar a implementar el Plan de Acción de 2013 mediante una web y una serie de eventos.

En definitiva, la Comisión Europea lleva al menos 5 años invitando a las administraciones nacionales, regionales y locales a participar en políticas de promoción del diseño, porque entiende que se trata de un elemento estratégico para el progreso de nuestra sociedad y la mejora de la competitividad de nuestra economía.

España: ¿hay alguien ahí?

¿Quién recoge en España el testigo de implementar estas políticas? La respuesta corta es nadie. Recordemos que el DDi (Sociedad Estatal para la la promoción del diseño y la innovación S.A.), dependiente de los distintos Ministerios de Industria desde 1991, fue liquidada abruptamente en 2010 y supuestamente integrada en ENISA, otra sociedad dependiente del mismo ministerio y vinculada a la financiación empresarial de riesgo. A día de hoy no me consta que ENISA haya impulsado alguna iniciativa en torno al diseño.

Actualmente, los llamados Premios Nacionales de Innovación y Diseño están en manos del Ministerio de Economía y Competitividad, concretamente de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación. En su web no se encuentra ninguna otra actuación dirigida específicamente al diseño.

Así las cosas, todo depende de las administraciones autonómicas. En su momento, las distintas entidades nacionales y regionales se agruparon en la Federación Nacional de Entidades de Promoción del Diseño, aparentemente sin ninguna actividad en este momento. ¿qué ha sido de estas entidades?

En la Comunidad Valenciana, el IMPIVA, organismo creado en 1984 por la Generalitat Valenciana, se dedica en sus inicios a la promoción del diseño como factor de innovación, impulsando la fundación de ADCV y del Centro de Documentación del Diseño. A partir de 1995 abandona el apoyo del diseño hasta 2007, cuando recupera el Centro de Documentación mediante un convenio con la UPV y publica el portal Impiva Disseny. Sin embargo, en 2013 la Generalitat decide desmontar el IMPIVA y convertirlo en IVACE (Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial), cediendo el CDD al Ayuntamiento de Valencia sin presupuesto de mantenimiento.

Algo parecido parece haber sucedido con el DZ: nacido en 1985 en Bizkaia, sin duda uno de los centros de promoción del diseño más prestigiosos de España, se integra en 2006 en BAI, la Agencia de Innovación, que a su vez se fusiona en 2010 con BEAZ (Centro de Empresas e Innovación). Al menos, BEAZ publicó en 2013 un estudio sobre el diseño industrial en Bizkaia, y mantiene un vivero de proyectos empresariales vinculados al diseño.

Resisten en pie, al menos, el CADI de Aragón, o el CEDIR de La Rioja, o el IDI de Baleares, y la más reciente, Surgenia.

Pero no todo van a ser malas noticias: mientras las administraciones estatales y autonómicas fracasaban en la puesta en marcha de políticas de diseño durante 30 años, una fundación privada creada en 1973, Barcelona Centre de Disseny, ha estado liderando la promoción del diseño en nuestro país. Responsables de la creación y la gestión de los Premios Nacionales de Diseño para el Ministerio de Industria desde 1987 hasta 2010, han sobrevivido al nacimiento y muerte del DDi, ostentan la más estable y activa representación del diseño español en organizaciones internacionales como BEDA, ICSID o el ya citado European Design Leadership Board, y mantienen alzada la bandera de las políticas de diseño.

Entonces, ¿qué hacemos?

¿Es imprescindible disponer de una entidad nacional de promoción del diseño para implementar políticas de diseño en nuestro país? Sí y no. En realidad creo que sería un error enfocar ahí el problema. Por un lado, si existe, facilita la participación y la representación del país en foros internacionales, y la puesta en marcha de acciones concretas, como demuestra el BCD. Por otro lado, ni el DDi ni el IMPIVA han conseguido que los respectivos gobiernos asuman el discurso ni que apuesten por fomentar el diseño.

¿Cuáles son las iniciativas que hay que poner en marcha? Las 6 áreas de acción estratégica identificadas por la EDLB son:

  • Diferenciar el diseño europeo dentro de la escena internacional
  • Posicionar el diseño dentro del sistema de innovación europeo
  • Potenciar la innovación mediante el diseño en las empresas
  • Promover la innovación mediante el diseño en el sector público
  • Impulsar la investigación en diseño
  • Mejorar las competencias sobre diseño tanto en la educación general como en los estudios superiores, incluyendo la formación de los líderes y emprendedores del futuro.

Viendo estas líneas de acción, es fácil entender que una entidad de promoción del diseño, sea nacional o regional, no puede tener todas las competencias necesarias para llevar a cabo un plan semejante. Se necesita una acción coordinada de, al menos, las carteras de educación, industria, economía, cultura, empleo, y administraciones públicas, y la colaboración del gobierno central con las distintas comunidades autónomas.

¿Qué papel juegan entonces las entidades públicas de promoción del diseño? Además de canalizar la financiación de proyectos por parte de la Comisión Europea, pueden tener una función muy importante en la divulgación de la cultura del diseño, tanto a la sociedad como al mundo empresarial. Sin embargo, es difícil creer que puedan realizar una labor de «presión» sobre el gobierno para la implementación de políticas. Con esa perspectiva, un modelo de entidad como el BCD, con mayor participación de los distintos agentes implicados en el sector, tendría más sentido.

Como resumen, aunque parezca obvio, la única forma de que en este país se implementen políticas de diseño es que haya un gobierno persuadido de esta necesidad. Las entidades públicas de diseño no han sido capaces de realizar esa función de persuasión, y en consecuencia han sido progresivamente disueltas por los mismos gobiernos que las crearon. Necesitamos, por tanto, otro tipo de organizaciones más plurales y con participación del sector, que asuman la función de lobbying frente a la administración pública, si queremos que algún día cambie el escenario.


Otras lecturas

Recientemente he leído un par de artículos que tratan el mismo tema. Por un lado, Rodrigo Martínez, autor de una tesis doctoral al respecto, reflexiona sobre la necesidad de un política nacional de diseño. Por otro, Xavi Calvo publicó un artículo de opinión en la revista Plaza en marzo 2015.