Polvo en la mirada

Ella se ha tomado su espacio y de vez en cuando le mira, y de vez en cuando le ignora. A él le sobra el tiempo para disfrutarla, pero ella, con más coraje, insiste en ignorarle...

No os voy a cansar con una larga escritura, lo prometo.

Sentado aún frente a todos, me ausenté por un instante (como casi siempre) y me albergué en mis pensamientos. Estando allí solo, con tanta gente a mi alrededor, mirando cada uno de los presentes y a nadie en específico, descubrí el comportamiento apasionado de una mirada. Unos ojos discretos y oscuros que merodeaban la escena y acariciaban con ignorancia a todas las demás miradas que le intercedían. Unos ojos anhelantes que no parecían corresponder a ese cuerpo de tenues movimientos y de presencia moderada.


Estas exquisitas ganas de vivir ausente, perdido en mi mundo, en un espacio de inspiración, aún sobrando buenas razones para disfrutar de la presencia de otras personas a mi rededor me lleva a descubrir cosas impresionantes, historias que se pierden en las miradas.

Yo lo miraba, allí estaba él, el chico de la mirada cálida y de movimientos restringidos, observándola, con cordura, con interés… Ella, por su parte, una chica elegante, de buen vestir, simpática, casi provocadora, extasiante en mi opinión, parecía no prestar la menor atención a esa mirada discreta clavada en su cuerpo, en sus movimientos. Yo estaba equivocado obviamente. Si bien es cierto que él estaba allí, ella disimulaba el deseo que tenía de verle, casi a la perfección. Ambos se sabían ignorar cuando coincidían con las miradas.


Regresé con mi cuerpo, mi mirada ya no está a lo lejos. Hace más de una hora que he dejado de conversar, sumido en un mundo, donde reina la soledad. Todos parecen ignorar que a pesar de yo estar presente, ya no estoy en la conversación. Juro que no miento al decirles que allí, justo cuando estoy aislado, es donde me encuentro con la inspiración.

¿Te sucede algo? — escuché que alguien me preguntó — tienes un largo rato sin hablar.

No respondí a su pregunta, pero aproveché para decirle que él (el chico del fondo al que he estado mirando) estaba muy enamorado de ella, mientras le señalaba discretamente una chica al otro extremo del bar. Me respondió que era muy probable mi hipótesis. Esos chicos alguna vez se quisieron, me dijo, hace algunos años ya, pero su historia no llegó a su final, por eso estaban tan distantes uno del otro, donde solo con las miradas se podían llegar. De vez en cuando se encuentran en los bares de copas solo para mirarse y disfrutar uno del otro en la distancia.


Por un momento llegué a pensar que él intentaba seducirla, luego pude entenderlo todo: esos ojos silentes en la distancia, con discrecionalidad, solo explican una cosa, que ambos llevan polvo en la mirada…

Volví a mirar al fondo pero él ya no estaba, en cambio ella desapareció en la multitud. No se si huyeron de ellos mismos, lo cierto era que ya no estaban allí. También descubrí que me había perdido de toda la conversación que tenían mis amigos, pero de algo no me perdí, de contar esta historia efímera que lleva irónicamente, muchos años de bar en bar, de mirada en mirada, sin terminar y aun así, sigue siendo efímera.